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La última reinvención de Rafa Nadal

El balear, a los 32 años y en lucha contra las lesiones, rediseña su saque para compensar la pérdida de velocidad de su bola, terreno en el que cede ventaja ante el servicio de Roger Federer y Novak Djokovic

En una constante redefinición, porque así lo exigen los tiempos y un sistema cada vez más ultraprofesionalizado en el que cada detalle cuenta, y mucho, Rafael Nadal aprovechó su última estancia en la reserva para mimar su cuerpo y sopesar un cambio estratégico en su juego. Pese a que la mejora de su servicio ha sido más que significativa en los últimos años, el número dos y su equipo percibieron que la estadística se había resentido ligeramente durante el último curso y que los rivales más directos no aflojaban un pelo. Tanto Roger Federer como Novak Djokovic continuaban sacándole más y más partido al saque, mientras que la bola inicial del balear iba distanciándose.

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Entonces, Carlos Moyà y Francis Roig dieron un paso al frente. En septiembre, los técnicos del balear solicitaron un informe a la ATP para analizar a fondo el apartado y comparar cifras, y enseguida detectaron un déficit que había que paliar de una u otra manera. Dicho informe decía que el servicio de Nadal (32 años) se estaba quedando demasiado atrás, especialmente en términos de velocidad. Mientras que la pelota de Federer perdía tan solo un 12% de celeridad al botar en el cuadro del oponente y la de Djokovic un 15%, la del mallorquín sufría una desaceleración excesiva del 27%, por lo que se hacía más previsible y por lo tanto más fácil de restar.

“Todo esto vino después del US Open”, explica Moyà en unas declaraciones recogidas por la web de la ATP. “Rafa estaba por la labor, surgió de él y decidimos intentarlo. Hay cosas que veíamos desde hace tiempo, pero por culpa de la rodilla y el pie no habíamos podido ponernos manos a la obra. En invierno ha estado más o menos bien, lo intentó, encontró continuidad y se sintió cómodo”, cuenta el preparador, que a su vez matiza: “Son detalles, no es algo radical. Al principio le costó cambiar el chip. A este tipo de cambios hay que darles tiempo y lo hemos tenido. Se siente como si hubiera sacado así toda la vida”, agrega el ex número uno.

Pero, ¿en qué consiste exactamente el cambio? Para empezar, el brinco de Nadal al servir es menor, algo que repercute además en favor de su rodilla derecha, para la que toda exención es poca; ahora, la flexión de las rodillas es bastante menor y en lugar de sentarse al elevar la bola mantiene una postura más erguida; asimismo, relaja más la mano y la tensión es menor, permitiendo que el golpeo sea más natural; “a la hora de ejecutar el swing”, precisa Roig en la web de la ATP, “lleva la mano más rato por abajo en lugar de levantarla lateralmente”; y para finalizar, “entra bien con la pierna derecha dentro de la pista tras caer”, describe el entrenador barcelonés.

Nadal sirve durante un entrenamiento en Melbourne.
Nadal sirve durante un entrenamiento en Melbourne.Scott Barbour (GETTY)

Todos estos matices hacen que la mecánica sea nueva y la pelota haga menos efecto, siendo más directa, algo que ya se ha podido apreciar durante los entrenamientos en Brisbane y Melbourne, y también en el único duelo que ha disputado esta temporada hasta ahora, en Abu Dabi. “Hay que intentar dar un paso más con el saque. Estoy contento con mi nuevo gesto, pero tendré que comprobar si funciona bajo presión, durante los partidos”, expuso Nadal en la antesala de su estreno, contra James Duckworth (238 del mundo) en la central, bajo el duro sol de las antípodas (segundo turno, hacia las 3.00 hora peninsular española, Eurosport). “Siempre hay cosas que se pueden mejorar y yo siempre he intentado mejorar. Eso me hace conservar la motivación”, prolongó.

El saque, no es novedad, nunca ha sido el fuerte de Nadal. Por eso ha incidido siempre sobre ello, bien corrigiendo posturas, resituándose en la línea de fondo o probando diferentes empuñaduras. En este sentido, sus problemas en las rodillas también han sido determinantes, porque el bote supone castigo. Desde los inicios, su entrenador de toda la vida, Toni Nadal, advirtió que existía una desventaja importante porque rivales como Djokovic eran capaces de fabricar un ace a 175 km/h y su discípulo no. Introduciendo retoques y restándole spin (efecto), mejoró hasta adquirir un nivel importante en 2010, su curso más productivo con el servicio. Entonces, con 24 años, consiguió su récord personal: 75% de puntos con primeros, al igual que en 2012. Por esa vía conquistó su primer US Open.

Posteriormente, sus niveles volvieron a bajar, pero en 2017 recuperó brillo. Regresó a la cima del circuito gracias, en gran medida, a la productividad con el saque. Cerró esa temporada habiéndose hecho con el 74% de los puntos jugados con su primer servicio y con una variable estratégica: en el deuce, en lugar de servir a la T –la confluencia de las líneas de los dos cuadros– lo hacía mucho más abierto. Además, Nadal conectó 286 aces, el segundo mejor dato tras los 310 de 2010.

Ahora, Nadal es plenamente consciente de que sus posibilidades en superficie rápida (Australia, Nueva York y la mayoría del circuito) pasan por reforzar el primer tiro y de que su longevidad depende en gran medida del cuidado de las articulaciones. “El saque ha ido mejorando durante todos estos años y en el punto en el que estoy de mi carrera, es evidente que hay que añadir algo extra, o al menos intentarlo”, manifestó ayer el de Manacor al canal Eurosport. Paradójicamente, pese a no ser un sacador los registros ponen a Nadal en buen lugar. En concreto, la estadística de la ATP le sitúa como el decimoquinto mejor servidor de la era moderna, con una media del 85,2% de juegos ganados –inmediatamente después de Djokovic (85,6%)–, y con un 57,3% encabeza el apartado de retención con segundos.

DEL TENIS AL GOLF: EL GOLPE SECO Y LAS RODILLAS

Buen amigo de Tiger Woods, el mallorquín comparte con el golfista el infortunio de las lesiones. Nadal ha lidiado con su propio cuerpo a lo largo de su carrera y en especial con las rodillas, que la última temporada ya le obligaron a parar desde el 7 de septiembre, cuando abandonó en las semifinales del US Open.

Afectado recientemente de la articulación derecha, el balear ya pasó por un momento muy duro en 2012, al tener que renunciar a los Juegos de Londres por una hoffitis en la izquierda. Son, sin duda, su gran enemigo, de modo que él y su médico de confianza, el cántabro Ángel Ruiz Cotorro, las supervisan con lupa.

Con el saque, ambas rodillas sufren por el impacto en la caída contra el suelo y con su última modificación, Nadal (32 años y profesional desde 2001) también pretende aumentar el cuidado, de ahí que se suspenda menos. La maniobra en seco, partiendo desde cero, es agresiva, al igual que el golpe de salida en el golf.

Bien lo sabe Woods, de 43 años y uno de los golfistas más reconocidos de la historia. El estadounidense, que vuelve a disfrutar después de épocas oscuras, ha sufrido mucho la exigencia de esa maniobra. El swing obliga a contorsionar el cuerpo de manera exagerada y a la vez fuerza las rodillas.

En total, Tiger ha tenido que pasar cuatro veces por el quirófano para reparar la espalda (2014, dos veces en 2015 y otra en 2017) y cuatro más para intervenir la rodilla izquierda. La primera (1994) fue para retirarle un tumor benigno, pero en las posteriores (2002 y dos en 2008) se le retiró líquido del cruzado anterior, se le hizo una artroscopia en el cartílago y se operó del cruzado, causando baja nueve meses.

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