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El derbi de Brizuela, especie en extinción

El Estudiantes busca ante el Madrid su victoria 1.000 en Liga con su canterano al mando

Darío Brizuela entra a canasta ante el MoraBanc Andorra.
Darío Brizuela entra a canasta ante el MoraBanc Andorra. EFE

El Estudiantes está a una victoria de alcanzar las 1.000 entre la Liga Nacional y la ACB. La primera oportunidad para lograrla la tiene en su examen más emblemático del curso, el derbi ante el Real Madrid (19.30, #Vamos). Y gran parte de sus opciones están en las manos de Darío Brizuela, su jugador franquicia. El canterano colegial, de 24 años, está completando su mejor temporada en la élite: es el segundo máximo anotador de la competición, con una media de 16 puntos por partido, y el décimo clasificado en valoración, con 14,6 créditos de media. Una especie en extinción en uno de los viveros históricos del baloncesto español.

“No me obsesiono con hacer números ni con que tenga que ser el año de mi explosión, intento centrarme en el trabajo y en ayudar al equipo”, explica Brizuela, estudiante de Psicología, apasionado de la Premier y del Arsenal, y cocapitán prematuro (junto a Edgar Vicedo) de un equipo que lleva años sufriendo en filosofía y matemáticas, ahora penúltimo en la tabla. “Desde muy pequeño me ha gustado tener el balón. Cuando eres niño es malo ser chupón y me acarreó muchas broncas de entrenadores, compañeros y padres, ahora es una responsabilidad”, cuenta el escolta.

Su aparición ha vuelto a sacar lustre a una cantera que, entre 2006 y 2016, contó con tres jugadores en primera ronda del draft de la NBA (Sergio Rodríguez, Lucas Nogueira y Juancho Hernangómez), pero en la última década (con dos descensos administrativos de por medio) solo ha logrado consolidar a dos jugadores en el primer equipo, Vicedo y el propio Brizuela, internacionales ambos en las ventanas de clasificación para el Mundial. Desde El Chacho en 2005 hasta sus llegadas al grupo de Scariolo, ningún estudiantil vistió la roja estando en el Ramiro (Carlos Suárez, Germán Gabriel y Jaime Fernández lo hicieron tras salir del club).

“Hasta ahora los chicos de nuestra cantera se marchaban a la NBA y ahora tenemos el honor de que jugadores que han estado allí lleguen a nuestro equipo para mejorar deportivamente”, proclamó el presidente, Fernando Galindo, al tiempo que anunciaba una ampliación de capital de un millón de euros para aliviar la economía del club. Pero, hasta que Gentile tome vuelo, es Brizuela el que está sacando las castañas del fuego a un equipo que, tras dos años acertando con el fichaje de un cañonero (Edwind Jackson y Sylven Landesberg), vuelve a sufrir. “He tenido por delante a los mejores anotadores de la Liga. Pero lo peor que podía hacer es quejarme, así que me dediqué a aprender. Me ponía todos los días a defenderles y a sufrir con ellos”, repasa Brizuela, que creció en la cantera del Easo en su San Sebastián natal y llegó al Ramiro en 2011, con 16 años.

Brizuela se ha abierto paso en un ecosistema hostil. “En mis 11 años como primer entrenador de Estudiantes subimos 22 jugadores, a una media de dos por año. Es una barbaridad que ya no se puede dar. Son otras circunstancias”, explica el exseleccionador Pepu Hernández. “Las canteras siguen dando sus frutos puntuales, pero hay una quiebra entre los 18 y los 22 años que no está solucionada. Los que son muy buenos se van directamente a la NBA sin haber jugado casi aquí. Los jugadores nacionales son un 29% en la ACB y algunos están solo a título nominal para cubrir el cupo del españolito. No tienen cabida. El concepto general es que los buenos acaban abriéndose paso siempre, pero lo cierto es que no hay competiciones universitarias ni categorías específicas de formación. No hay una estructura”, completa Pepu.

La última plantilla colegial que levantó un título, la Copa del Rey, en Vitoria en 2000, entrenada por el propio Pepu, estaba integrada por diez canteranos (Azofra, Jiménez, Alfonso y Felipe Reyes, Gonzalo Martínez, Aisa, Robles, Muñoz, Asier García y Arranz) y dos norteamericanos solventes (Chandler Thompson y Shaun Vandiver). Eran otros tiempos.

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