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Alberto Contador y la vida después de la retirada

“Antes vivía calculando todos los detalles, ahora disfruto de los caprichos”, dice el ciclista de Pinto que colgó la bici en 2017. Tiene proyectos sociales y no quiere ser director

Alberto Contador aparece por el hotel Princesa de Éboli de Pinto a las 12.30 de un viernes soleado de noviembre. Llegó de Japón a la una y media de la madrugada. ¿Jet lag? “Ni me ha dado tiempo...” ¿Machacado? “Ná, eso cuando corría. Antes vivía calculando todos los detalles, ahora ya no. Si no duermo 24 horas, pues ya dormiré. Si me paso un día comiendo a deshoras, pues no pasa nada. Si el aire acondicionado está a tope, pues no me pongo un pañuelo para no constiparme. Si la bici no llega, pues llegará. Sin la presión diaria estoy mucho más relajado”, dice. Y así se le ve, además de feliz, cercano y dicharachero.

En su época de corredor hablaba a piñón fijo, con un discurso hecho a medida y sin salirse nunca del guion. Ahora parece otra persona. Bromista, suelto y vacilón con su jefe de prensa, Jacinto Vidarte. “¡Cómo es que no has rajado todavía de la ropa que llevo y de la barriga que he echado!”, le dice. “Alberto está liberado. Por eso le veis así, ya no hay presión por ganar, por tener que rendir”, confiesa Vidarte.

Alberto Contador ahora es Alberto, un padre de 35 años que ha conseguido sobreponerse al vacío que supone la retirada. “Al final casi siempre se habla más de Contador que de Alberto. Alberto es el tercero de cuatro hermanos de unos padres que vinieron de Extremadura a Madrid, apretados; con un hermano con discapacidad física y psíquica que ha sido el centro de unión de la familia. Ves la diferencia de un hermano que es el referente mundial en una disciplina y el otro que es dependiente las 24 horas”, cuenta el ciclista de Pinto.

Esa es la cara, dice, que la gente no suele conocer. “En las charlas de motivación, liderazgo y trabajo en equipo que estoy dando a diferentes empresas sale el Alberto más profundo y el público descubre cosas de mí que no se saben”, explica. La de las charlas es sólo una de las múltiples actividades a las que se ha apuntado después de colgar la bicicleta en septiembre de 2017. ¿Llegó a sentir vértigo? ¿Vacío? “Hubo un momento justo después de Navidades, que hice PUM: cambias el chip y piensas: bici, concentraciones en altura, el Teide... y dices: ufff, y yo sigo aquí, en casa”, relata.

Buscó objetivos y proyectos. “Cosas que me motivaran e ilusionaran. El secreto es ese”, añade. Nunca dejó de montar en bici, no llegó a sentir rechazo por ella. Es comentarista de Eurosport, es imagen de ASO, la empresa que organiza, entre otros, el Tour y el Dakar, y que tiene pruebas en todos los continentes. “Son marchas cicloturistas de gran fondo, monto con miles de personas. Está bien porque me permite compartir tiempo con mis fans, antes no podía”, detalla.

Durante el paseo por el Parque Juan Carlos I de Pinto, Contador se cruza con un grupo de niños del IES Pablo Picasso, el mismo colegio donde él estudió. Se baja de la bici, se hace fotos con ellos, les propone pasarse un día a darles una charla. “¿Siguen haciendo el bocadillo de tortilla ese tan bueno? ¿Y cuánto cuesta ahora?”, les pregunta. Euro y medio, le contestan. “¡Joer, en mi época ni euros había, costaba 275 pesetas!”, les suelta mientras firma autógrafos. “No me deis los partes de expulsión para firmar, ¿eh?. Y al de mate, si llegáis tarde, decidle que es mi culpa que soy un pesado”. Al mundo de la bicicleta sigue vinculado a través de la Fundación que lleva su nombre y que preside. De ser director de equipo no quiere ni oír hablar. “Ya han sido muchos años de tensión, presión, disciplina y responsabilidad...”.

La Fundación tiene una escuela para niños, equipos de categoría juvenil, sub-23 y continental y también una parte dedicada a sensibilizar sobre el ictus, enfermedad que él padeció. Por último, está Bicis para la Vida, que justo acaba de hacer una entrega en Marruecos. “Cogemos bicicletas viejas y en mal estado a las que la gente no le da uso y las reparamos, a veces con la ayuda de los chicos de un centro de disminuidos físicos de Pinto. Una vez que estén arregladas le damos salida a centros y gente desfavorecida y la que le haga falta”, cuenta Contador.

Asegura no tener los achaques típicos de los deportistas que han estado años y años llevando el cuerpo al límite, ni problemas en las articulaciones. El ciclismo no las castiga como otros deportes. “Cuando te retiras te la juegas, porque nunca sabes si es el momento. Es algo que da mucho respeto porque paras y piensas: ¿y luego qué? Si se pudiera seguir hasta los 60 pues dices: qué necesidad de pasar ese trago. Pero como no se puede seguir hasta los 60, es un momento [el de la retirada] que tienes que pasar sí o sí. Lo importante es intentar pasarlo de la mejor manera posible y yo estoy supercontento de cómo lo he llevado y de la decisión que tomé”, afirma.

“He conseguido el equilibrio. Salgo en bici tres días a la semana. Con lluvia ya no salgo, porque ya no hay esa obligación. Con tres días, de sobra: me permite tener un buen nivel en la bicicleta, estar en forma y compensar los caprichos, comer lo que te apetezca sin ningún problema, degustar un buen vinito y unas cervecitas con los amigos. Son cosas que antes no podía hacer y que ahora disfruto doblemente” concluye.

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