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Djokovic va con todo

El serbio, ya número dos al conquistar Shanghái, planea jugar en Basilea o Viena para arrebatarle el trono a Nadal lo antes posible: “Estoy muy cerca de él y el objetivo es ser número uno a final de año”

Djokovic exhibe el trofeo de campeón en Shanghái.
Djokovic exhibe el trofeo de campeón en Shanghái. REUTERS

“Creo que estás viendo al nuevo Novak. No puedo describirlo, esto es todo lo que puedo decir”.

Sonriente y con un nuevo trofeo a su lado, Djokovic simplificaba este domingo en Shanghái, a la hora de valorar otro éxito y explicar un renacer expresado a partir de una escalada difícilmente imaginable hace tres meses. Entonces salía magullado de París, habiendo perdido contra un italiano que había salido de la nada (Marco Checcinato) y sumergido en un gigantesco océano de dudas. Estaba perdido el serbio, pensaban muchos y agradecían los rivales, hasta que por fin, después de aquella tormentosa tarde sobre la arena francesa, dio un golpe de timón para reencauzar una carrera que no pocos daban ya por amortizada.

A partir de ahí, Djokovic fue recuperando al auténtico Djokovic, al hombre que este domingo, después de batir a Borna Coric en la final del torneo chino (6-3 y 6-4) y elevar su 32º título de un Masters 1000, caía en la contradicción porque ese “nuevo” Nole al que se refiere no es ni más ni menos que el originario. El viejo Djokovic, el primigenio e indomable campeón al que le hierve la sangre cuando pisa la pista y siempre quiere más.

A partir de aquella caída en París, el balcánico (31 años) engarzó dos grandes, Wimbledon y US Open, con otro éxito entre medias (Cincinnati) y ahora un último laurel, en Shanghái. Desde entonces, una escalada fabulosa que comenzó en Londres –del puesto 21 al dos del ranking, a partir de este lunes– y 27 triunfos en 28 encuentros. De nuevo, el Djokovic de colmillos afilados y hambriento a más no poder, con un cambio de discurso significativo: desapareció el derrotismo y aflora otra vez esa ambición altanera característica de los mejores tiempos del ganador de 13 grandes.

“Quiero darme la oportunidad de cerrar el año como número uno”, introdujo en su llegada a Shanghái, donde ganó el trofeo sin ceder un solo set (10/10) ni un solo turno de servicio (47/47), prolongando a 25 la secuencia de parciales consecutivos; el estadounidense Tennys Sandgren, en la segunda ronda de Nueva York, fue el último que le arrebató uno. “Estoy muy cerca de Nadal en la clasificación y el objetivo, como dije a lo largo de toda esta semana, es ser el número uno a final de la temporada”, insistía en la jornada en la que disputó su partido 1.001 en el tenis de élite.

7.000 puntos en tres meses

“Estos tres últimos meses han sido increíbles en cuanto a resultados y sensaciones”, subrayó. “No me siento presionado de jugar antes de París-Bercy, pero sigo pensando que puede haber una opción de jugar. Lo decidiré dentro de un par de días con mi equipo”, adelantó a continuación.

Lejos de esconder sus intenciones, Djokovic las publicita porque viene con todo. Lanzado, el de Belgrado quiere cerrar el año en lo más alto –no ocupa la cima desde el 31 de octubre de 2016– y no quiere dar el más mínimo rodeo. En apenas tres meses le ha recortado casi 7.000 puntos (6.890) a Nadal y ahora mismo figura a solo 215 puntos del español en el listado. En principio iba a tratar de asaltar el trono en París-Bercy, pero este domingo anticipó un posible cambio de planes: “Todo lo que sea sumar puntos sería bueno”.

Con el cuchillo entre los dientes, Djokovic planea aceptar una invitación de Basilea o Viena (a partir del próximo día 22 ambos) para derrocar al de Manacor, lesionado desde el 8 de septiembre y al que se le espera teóricamente en la pista dura de Bercy (29 de octubre), como anticipo a la Copa de Maestros. Mientras tanto, el Nole feroz aprieta y aprieta para alcanzar de nuevo la cúspide.

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