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El Getafe reina en la maratón del Coliseum

El conjunto azulón derrota con goles de Ángel y Jorge Molina al Eibar en un encuentro muy físico

Ángel marca el primer gol del Getafe al Eibar.
Ángel marca el primer gol del Getafe al Eibar. EFE

El encuentro celebrado hoy en el Coliseum Alfonso Pérez fue una oda al esfuerzo, al físico, a la buena y la mala salud, y solo de refilón al fútbol, que brilló con mucha menor intensidad que todos esos elementos que rodean la práctica de un deporte cada vez más exigente. A pesar de que la entrega de fuerzas fue similar, se decantó del lado del Getafe y no del Eibar por su mejor adaptación no solo a las exigentes del partido sino a los requisitos necesarios para sobrevivir a una carnicería física.

Getafe

4-4-2 (D.P.)

José Bordalás

13

David Soria

4

Bruno González

3

Antunes

2

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Djene

22

Damián Suárez

23

Cambio Sale Amath Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Iván Alejo

18

Mauro Arambarri

8

Portillo

20

Nemanja Maksimovic

9

1 goles Gol Cambio Sale Cabrera

Ángel

7

Cambio Sale Jorge Molina

Mata

25

Dmitrovic

23

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Arbilla

15

José Ángel

12

Paulo Oliveira

11

Rubén Peña

5

Escalante

8

Diop

22

Cambio Sale Hervías

Pere Milla

24

Cambio Sale Bebé

Joan Jordán

9

Sergi Enrich

17

Cambio Sale Charles

Kike García

Eibar

4-4-2 (D.P.)

José Luis Mendilibar

Durante gran parte del partido, independientemente de lo que señalaba el marcador en ese momento, José Bordalás y José Luis Mendilibar no pararon de gritar. El técnico del Getafe se peleó hasta con una endeble botella de agua (después de echar un trago y ponerle el tapón minuciosamente la lanzó contra el banquillo) y su colega en el Eibar tuvo palabras para todo jugador que pasó por su lado. Su comportamiento fue fiel reflejo de lo que ocurría sobre el césped, donde no fue raro ver a un futbolista tendido sobre la hierba reclamando una falta (casi siempre inexistente) y al segundo siguiente ser el ejecutor de otra (cuestionable) infracción.

Estas circunstancias se dieron después de que ambos equipos compartiesen involuntariamente pizarra y estrategia. No suele ser habitual que la réplica a un ataque directo, por ejemplo, sea otro ataque directo, en tanto en cuanto las debilidades se comparten y las virtudes no resultan sorprendentes. Si el Getafe comenzaba el juego con un patadón en largo de su portero Soria buscando a Ángel o a Mata, Dimitrovic hacía lo propio con Enrich y Kike García. Y entre medidas, unos cuantos metros por debajo, un ramillete de cabeza mirando al cielo esperando un regalo que no caía.

Eso sí, cuando la pelota cedió a la gravedad la batalla se mantuvo igual de cruenta. Ambos centros del campo defendían su terreno como la infantería reclama la primera línea. Maksimovic y Arambarri encontraron su réplica en Diop y Escalante, y cualquier movimiento era contrarrestado de cualquiera de las maneras. Solo escaparon de vez en cuando Alejo en los azulones y el debutante Pere Milla en el Eibar. Dos jugadores de una banda que en ocasiones ejercía de canaleta por donde desaguar el partido.

Con el panorama medianamente claro los goles solo podían aparecer desde circunstancias básicas. Un golpeo en largo de Bruno lo cazó Mata tras deshacerse de Oliveira, que pecó de exceso de confianza, y se lo entregó a Ángel para que con un disparo lejano y colocado superase la estirada del portero del Eibar. No se había cumplido ni media hora y el Getafe ya había logrado un premio que defender con más ganas todavía. El Eibar no varió su libreto, en parte porque con los jugadores que tenía sobre el césped (a excepción de Jordán) no podía adaptarse a una variante más sosegada y creativa.

Los balones en largo continuaron, y solo Enrich logró comprometer a Soria con un remate de cabeza que se marchó ligeramente desviado. Aunque Diop empujaba a su equipo hacia delante y José Ángel y Peña, los laterales armeros, estiraron su parcela de actuación, entre Bruno y Djené lograron deshacer cualquier ocasión de peligro. Sin embargo, tanto descontrol, tanto ida y vuelta y tan poca capacidad de control estresó a Bordalás, amante como es de la rutina futbolera. Misma reacción pero motivada por lo contrario revolvía por dentro a Mendilibar, exigente hasta la extenuación con los suyos.

A medida que avanzó el tiempo el Getafe se adaptó a una de sus caras más reconocibles, y con la entrada de Amath y Jorge Molina se agarró al contragolpe como mejor argumento. Tuvieron que esperar hasta el tiempo añadido los azulones para rematar el encuentro con un tanto de Molina a pase de Amath y solo así logró respirar tranquilo de nuevo Bordalás.

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