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Cristiano no tiene quien le llore

El portugués es y será uno de los grandes de siempre, pero no deja huérfano al madridismo

Cristiano, el 16 de julio en Turín.
Cristiano, el 16 de julio en Turín. Getty

“No me imagino a Messi saliendo del Barça por 100 millones”. Así se refirió Josep Vives, portavoz del club azulgrana, al adiós de Cristiano Ronaldo al Real Madrid, que se ha producido a cambio de un precio irrisorio, 100 millones de nada, una bagatela comparados con los que han pagado algunos equipos, pongamos el propio Barça, por algún proyecto de estrella, pongamos Dembélé. No imagina el señor Vives que con Messi pueda ocurrir algo similar a lo de Cristiano y bien está que no lo imagine, aunque tampoco explique por qué. Quizá se deba a que el Barça, institución seria como es, le cerraría todas las puertas de salida a su jugador bandera y escudo; o quizá sería el propio Messi el que descartaría tamaña deserción, no sin antes acudir al club en busca de su décima renovación y su consiguiente subida de sueldo. No olvidemos tampoco el elemento afectivo. La población azulgrana adora a Messi de forma unánime. No sucedía lo propio con la madridista y Cristiano, que durante años han estado así así. Y mucho menos con el portugués y Florentino Pérez, cuya relación estaba muerta y enterrada desde aquel día en el que el jugador amenazó con irse y el presidente le contestó: “Si te vas trae el dinero para fichar a Messi”. Ni se fue ni llevó el dinero. Corría el mes de diciembre de 2012.

Desde entonces, Cristiano ha llorado, y cómo, sus desventuras y se ha quejado a quien escucharle quisiera de que en el club no encontraba el afecto que creía merecer. Y ello sin parar de recordar sus números, prodigiosos, inigualables, llegando a donde nadie llegó en la historia del Real Madrid: 450 goles en 438 partidos. Brutal.

Y aun así, el Madrid le ha dejado ir por cuatro duros. Son muchas las voces que se preguntan ¿y ahora, qué? ¿Quién le va a dar al Madrid 50 goles por temporada? No parece que en el planeta fútbol, Messi aparte, haya quien sea capaz de alcanzar año sí año también esa cifra. No lo busquen porque no lo hay. Podrá haber quien se acerque, elijan candidatos, sobre todo teniendo en cuenta lo que tiene el Madrid a la espalda de sus delanteros. Las miradas, a falta de la llegada de algún consumado cañonero, se dirigen a Gareth Bale, que cerró la temporada en estado de gracia y cuya actuación en la final de la Champions será recordada de por vida, por mucho que a Cristiano le diera por entrar en aquella fiesta del galés y ponerse a destrozar muebles al grito de “¡esta competición debería llamarse CR7 Champions!”.

Esas y otras reacciones maleducadas, perversas incluso, son las que han provocado que el madridismo no llore el adiós de Cristiano. Tonterías las justas, piensan algunos. Como piensan que los éxitos, cuatro Copas de Europa en cinco años, no lo justifican todo. El portugués es y será, con los números en la mano, uno de los grandes de siempre. Y acaparará más títulos individuales que (casi) nadie. Pero no deja huérfano al madridismo. Que verá cómo otros jugadores asumirán la responsabilidad del gol como asumirán la de tirar las faltas o los penaltis. ¿O alguien recuerda que, por ejemplo, Kroos haya tirado una, aunque solo sea una, falta directa en el Madrid?

Solo el tiempo dirá si cubrir el socavón futbolístico que deja Cristiano es posible. El duelo de pancismo que ha mantenido con Florentino Pérez, que llegó a recordar que él también había ganado cinco Champions para asombro de quienes jamás han visto al presidente blanco vestido de corto, se ha llevado por delante al futbolista. “No creo que ningún madridista esté llorando ahora”, declaró Cristiano en su presentación con la Juve, ilustre institución que ha abierto las puertas a uno de los más aclamados goleadores de la historia que, sin embargo, aún no se ha dado cuenta, y tiene 33 años, de que como le aclama su espejo no le va a aclamar nadie.