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Baskonia arrolla a Unicaja y es el primer semifinalista

El equipo de Vitoria se enfrentará el lunes al ganador de la eliminatoria entre Barcelona y Andorra

Shengelia, con el balón, ante Nedovic y Augustine.
Shengelia, con el balón, ante Nedovic y Augustine. EFE

El segundo partido del playoff por el título de la ACB comenzó en el Martín Carpena en el segundo cuarto. El primero fue como si el tiempo no se hubiera detenido y la exhibición del Baskonia en el último cuarto de Vitoria, en el primer partido, continuase otros diez minutos con el mismo vértigo en la pista. Para el Baskonia, el viaje a Málaga fue como un regreso al pasado. En ese primer cuarto, el Baskonia encontró la efectividad, el acierto casi total, de todas las posturas y maneras (de manera y forma que ya te digo, que dicen en Valdepeñas), pero sobre todo encontró su ritmo vertiginoso, esa manera de correr que está en la genética del equipo vitoriano. La suma de las tres cosas: el acierto general, el reparto solidario de los puntos y la velocidad para convertir el parqué en un tablero de parchís, obnubiló al Unicaja que o no se lo esperaba o no entendió nunca aquella manera de jugar. Así que sin saber cómo, con el público tragando saliva, el cuarto se cerró con un sorprendente 11- 27 que marcó el partido entero.

El Unicaja no reaccionó hasta el segundo cuarto y no porque reaccionase en el juego y en el marcador. De hecho, el segundo cuarto amplió las diferencias a favor del Baskonia, pero el Unicaja fortaleció su corazón. Y aunque mantenía sus errores y solo se sostenía por el lanzamiento de tiros libres, parecía un equipo peleón, incluso parecía un equipo al que no le salían las cosas y solo contaba con algunas cositas de Suárez y Augustine, frente a la cohorte de Baskonia, con una variedad de suertes bajo el aro y lejos de él con grandes fortunas. Poirier y Shengelia rompían el aro con su potencia, Beaubois con su tiralíneas (tan recto como el rictus de su boca), Janning, Timma, cuando se les necesitaba, y Marcelinho, recitando el juego clásico del baloncesto sin fallar en ninguna coma, en ningún acento.

Cuando el Baskonia alcanzó y sobrepasó los 20 puntos de diferencia, el Unicaja no tenía más remedio que convertir en natural lo que eran deseos sobrenaturales. Primer objetivo, bajar de los 20 puntos la diferencia, y lo consiguió al descanso, adonde se fue 19 por debajo. Joan Plaza apretó aún más las tuercas: “Para ganar necesitamos llegar al último cuarto con la frontera psicológica de los 10 puntos. Si no, no hay nada que hacer”.

Y no hubo nada que hacer. La diferencia se cimbreaba como un equilibrista sobre una cuerda y Baskonia la gestionaba con guante de seda sobre mano de hierro. El público se animó, no porque creyera en la reacción sino porque era momento de juzgar al equipo por una temporada y no por un partido. Y anotando y anotando (el Baskonia, menos, relajado, sabedor de su éxito), se llegó a un final aseado, digno. El Baskonia iniciará la semifinal el lunes. ¿Qué van a hacer con tanto tiempo libre?

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