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Cristiano Ronaldo: “Gracias afición; hasta el próximo año”

24 horas después de insinuar que dejará el Real Madrid, el portugués rebaja la tensión en las celebraciones institucionales. "Es un orgullo jugar en este club", dice en el Bernabéu

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Cristiano Ronaldo levanta el pulgar delante de la afición reunida en Cibeles. AP

Cristiano Ronaldo hizo estallar una bomba en Kiev que amargó las celebraciones del Real Madrid. En plena fiesta para celebrar el reinado europeo con la decimotercera Copa de Europa, la tercera seguida, el portugués insinuó que dejará el club. “En los próximos días daré una respuesta a los aficionados que ellos sí han estado siempre de mi lado. Fue muy bonito estar en el Real Madrid”, dijo sin que el madridismo le hiciera ninguna pregunta. De momento, parece que no harán falta “próximos días”. En las celebraciones institucionales de ayer, el portugués se sintió arropado por compañeros y afición, tuvo los mimos y el protagonismo que necesitaba y saludó a la afición con esta frase: “Gracias; hasta el próximo año”.

Sus inoportunas declaraciones en Kiev a los cinco minutos de ganar la tercera Champions seguidas cayeron como un jarro de agua fría. Las intentó matizar —sin conseguirlo— un par de horas después en la zona mixta. A algunos les dijo que quizás no había sido el mejor momento para hablar de cosas personales. A otros les dijo que “a lo mejor” se había equivocado, “o no”; que esas cosas a destiempo —“que salen cuando menos deseas”— se debían a que es así de honesto. El protagonismo que Cristiano no tuvo en la final —se quedó sin marcar y vio cómo Bale acaparaba todos los focos con un golazo de chilena— lo buscó delante de los micrófonos. En los festejos se mantuvo bastante al margen de sus compañeros. En las fotos de la Decimotercera sale en una esquinita y sin los gestos de locura de Ramos, Marcelo, Casemiro o Modric.

Nada que ver con lo que ocurrió ayer. Con nuevo corte de pelo y el equipo paseando por las calles de Madrid en un autobús descapotable, Cristiano rebajó la tensión. Primero en la Cibeles, donde fue uno de los primeros que se puso a cantar el himno y después en el Bernabéu. Lleno. Todo el estadio y todos sus compañeros empezaron a cantar: “Cristiano quédate, Cristiano quédate, Cristiaaaaaano quédate”. Y Cristiano volvió a coger el micrófono. “Es un orgullo jugar en el club más grande del mundo”, dijo. Le interrumpieron los cánticos de la hinchada y los abrazos de sus compañeros. “Muchas gracias, esto para mí es muy importante. Estoy muy a gusto con vuestra pasión, con estos futbolistas y técnicos que me dan motivos para ser mejor cada día. Lo que más me gusta es ganar, con estos jugadores es imposible no ganar Champions”, continuó. El doblete de Bale pasó al olvido y Cristiano tuvo el protagonismo y los mimos que necesitaba. El incendio de 24 horas antes parece haberse extinguido.

“A Cris le gusta dejarse querer”, había afirmado en el Olímpico de Kiev Sergio Ramos, que comparte vestuario con él desde hace nueve años. Ayer el capitán parecía aliviado viéndole participativo en las celebraciones institucionales. Cristiano es así, entienden en el Madrid, para lo bueno y para lo malo. Lleva tiempo en un eterno tira y afloja con el club, pero siempre se ha terminado quedando y nunca ha traído ninguna oferta para marcharse. Ni ha comunicado su intención de hacerlo: ni a Zidane ni a Florentino Pérez. No lo hizo el año pasado cuando el diario A Bola anunció en portada que CR quería marcharse de España y no lo ha hecho tampoco esta temporada.

Amplió su contrato hasta 2021 en otoño de 2017 con una subida de sueldo de 18 millones a 23. El portugués reclama otra para acercarse a Messi y Neymar que cobran 40 y 30 respectivamente. De momento el club no se plantea volver a subírselo. La temporada pasada en el Bernabéu se vivió una situación parecida y más o menos con el mismo timing. Después de la Duodécima, CR se marchó a la Copa Confederaciones dispuesto a dejar la Liga, según A Bola. Jorge Mendes, su agente, rastreó el mercado, pero no llegó ninguna oferta al Bernabéu. En septiembre dijo CR que de su boca nunca salió que no estaba feliz en Chamartín. Esta vez rebajó la tensión en 24 horas.

 

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