Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

La eclipsada brillantez de Spassky

Quien luego fuera la víctima de Fischer logró el título tres años antes, en 1969, con un juego vibrante

Posición inicial:

Blancas: Rb1, Td1, Te1, Ab3, Cc3 y Cd4; peones en a2, b2, c2, e4, f4, g2 y h2.

Negras: Ta8, Ac8, Te8, Af8, Rg8, Cf6, Da5; peones en a6, b7, d6, e6, f7, g7 y h6.

 

“De pronto, un día comprendí la esencia del ajedrez, como en una revelación”, suele decir Borís Spassky (San Petersburgo, entonces Leningrado, 1937), décimo campeón del mundo tras destronar a Tigrán Petrosián en 1969. La asombrosa partida de este vídeo, con un juego de ataque limítrofe con la perfección, fue la más bella de aquel histórico duelo.

Sostiene Gari Kaspárov que el estilo de Borís Spassky es “difuso y borroso”. Ciertamente, casi todos los ajedrecistas necesitan un cierto orden, una zona de confort, incluso cuando hay que ser violento. Solo algunos virtuosos, como Spassky, ven claro y disfrutan en el caos. Pero no es el caso de esta partida, que representa otra cosa: una claridad de ideas tan brutal como espectacular y eficaz.