El Marsella se cita con el Atlético

Un error arbitral propicia el pase a la final de la Europa League para el equipo galo en una agónica prórroga ante el Salzburgo

Alegría de los jugadores del Marsella tras el gol de Rolando.
Alegría de los jugadores del Marsella tras el gol de Rolando.Kerstin Joensson (AP)

El Marsella tuvo la fortuna que se le negó al Salzburgo. Marcó en la prórroga a cinco minutos del final el gol que le lleva a Lyon para enfrentarse con el Atlético en la final de la Europa League. Lo hizo tras botar un córner que no fue, un castigo para el Salzburgo, la ejemplar revelación del torneo. Será la quinta final continental para los galos, la primera desde que en 2004 perdió contra el Valencia en la vieja Copa de la Uefa y siempre con el recuerdo de un hito del que se cumplen ahora 25 años, el triunfo en Bari ante el Milán para alzar la única Copa de Europa del fútbol francés. Hoy es un rival robusto para el equipo de Simeone, pero ni mucho menos inaccesible.

El partido nació y evolucionó extraño, con una impensada atonía impropia de dos equipos que no dan pasos hacia atrás, a tirones, con picos y valles. Poco sucedió durante bastantes minutos y esa fue la mejor noticia para el Olympique, que gestionaba una ventaja de dos goles alcanzada en su estadio. No se desató el Salzburgo y eso ya le dio valor al despliegue del cuadro francés, que frenó a un rival que suele jugar sin riendas y que guardó de inicio en el banquillo al coreano Hwang, un agitador.

Le faltó rebeldía durante los primeros cincuenta minutos al Salzburgo, que apenas se proyectó en alguna incursión del punta israelí Dabbur, también con contadas incorporaciones de sus profundísimos laterales. No hubo codicia y sí control, trabas y cautelas, pero tras el descanso el cuadro marsellés salió decidido a reducir riesgos. Aparecieron Payet y Thauvin sus futbolistas más capaces para darle vuelo al equipo, brotaron entonces las llegadas, un disparo de Ocampos, una contra culminada por Germain que se fue cerca del palo de la meta local. Pero nada es previsible con el Salzburgo por medio, un equipo de meritorios que están a punto de multiplicar su caché, si ya no lo han hecho. Amadou Haidara es uno de ellos, un centrocampista maliense de 20 años que pone en valor el andamiaje de scouting y de academia futbolística que mantienen los propietarios del club austriaco. Ya se apunta que le siguen los grandes de la Premier, donde calzaría como el zapato de Cenicienta. Tiene toque, recorrido y físico, vigor y rigor. Lo que le falta se lo darán los años. Marcó justo cuando el Marsella se creía más fuerte tras culminar una fantástica conducción en la que rompió líneas y fue a la vez Messi y Pogba. Y todo cambió.

Con algo más de 35 minutos por jugar y a un gol de forzar la prórroga, el Salzburgo compareció en el partido tal y como se le esperaba. Ahí lo pasó mal el Marsella, que se abrazó a la incomodidad y la duda. Rami ejemplificó ese descontrol, mal asunto si se considera que el central galo es uno de los hombres más expertos de su equipo. Un mal despeje suyo dejó el balón a los pies de Schlager, también un veinteañero que remató un balón que acabó de envenenar el lateral Sarr hacia su propia portería e igualar así la eliminatoria.

Gol de Rolando que da el pase a la final al Marsella.
Gol de Rolando que da el pase a la final al Marsella.CHRISTOF STACHE (AFP)

Le costó activarse al Marsella, pero lo hizo tras unos minutos de estupor en los que el Salzburgo metió más madera en la caldera del tren al que se había subido. Salió Hwang para relevar al improductivo Gulbrandsen y el primer balón que tocó casi lo convirtió en gol. A esa altura el Marsella ya había perdido la batalla colectiva, así que llamó a sus mejores talentos. Payet inventó y Thauvin remató al larguero. El aviso le dio alas, como si hubiese bebido del brebaje austriaco. De pronto se apagó el Salzburgo, que en este magnífico tránsito por el continente se ha mostrado como un equipo de rachas y pudo caer si el árbitro interpreta como indica el reglamento un golpeo de Caleta-Car con el brazo extendido tras un centro de Thauvin. En la interpretación de la voluntariedad la mano muy despegada del cuerpo resulta sospechosa porque como poco tapa un espacio. Y eso es lo que hizo el central croata del Salzburgo.

Pero nada cambió en el camino hacia una prórroga que fue un drama. En el fútbol actual, al ritmo e intensidad que se juega son un castigo. Florecieron calambres, cojeras y agotamientos. Cada equipo tuvo una bala. Al Marsella lo sostuvo su portero, que sobre su dorsal lucía un apelativo que muestra que el fútbol admite de todo, incluso que Pelé evite goles con felinas estiradas. A Caleta-Car le sacó el grito del gol de los labios con un prodigio de reflejos tras testarazo. Luego dispararon los franceses también tras saque de esquina que nunca debió de haberse producido porque tantos ojos arbitrales no vieron que un tiro de Anguissa lo desvió su compañero Ocampos tras la línea de fondo y no un jugador local. Remató el central Rolando, un futbolista que salió de refresco. Lo hizo con el pie en el corazón del área a cinco minutos del final para finiquitar una agonía.

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