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Zidane y el secreto de no molestar

Que dice el 'New York Times' que "en una cultura que pide complicaciones, Zidane representa una simplicidad rayana en el ascetismo". Pues eso.

Zidane, en el partido contra el Leganés.
Zidane, en el partido contra el Leganés. Getty

“Por improbable que parezca, puede ser hora de considerar la posibilidad de que Zinedine Zidane sea un muy buen entrenador”. Semejante alegato en favor del técnico del Real Madrid no proviene de ningún indocumentado columnista, tantos como somos, sino de Rory Smith, un señor que tiene a bien escribir en un periódico de medio pelo llamado The New York Times. Esta alabanza fue publicada el 25 de abril, a la finalización del partido en el que el Madrid derrotó 1-2 al Bayern en Múnich. Y el autor del texto se pregunta algo que a algunos, entre ellos a quien esto escribe, nos ronda hace tiempo la cabeza. La pregunta es sencilla: ¿Por qué hay quien considera que Zidane sigue siendo un aprendiz? Dice Smith en su artículo: “El tipo de aclamación que tan libremente fluye hacia algunos de sus contemporáneos, los elocuentes cánticos de alabanza, los adjetivos fastuosos y las exclamaciones de genio han eludido por alguna razón a Zidane, incluso cuando este ha recogido premio tras premio”. Elocuentes cánticos de alabanza, adjetivos fastuosos, exclamaciones de genio… ¿a quién se referirá el amigo Smith?

Zidane aterrizó en el banquillo del Madrid sin más paracaídas que el de ser quien era, que era casi nadie. De poco le sirvió acumular triunfos, éxitos, decían, que tenían más que ver con la flora que adornaba sus posaderas que con sus conocimientos. Y solo el hecho de estar vendido al poder justificaba que siguiera confiando en la llamada BBC, siglas que había que dinamitar, ¿recuerdan? Dinamitar, sí, al completo. También la C de Cristiano, que ya no se iba de nadie, que ya no regateaba a nadie, que ya no superaba a nadie y que, lo que son las cosas, un día no marcó un gol nada más levantarse de la cama, habrase visto. Mientras todo eso se decía, seguían cayendo las Champions, y las Supercopas, y los Mundialitos, y una Liga incluso, con Cristiano marcando goles entre bostezo y bostezo, recién levantado. Pero Zidane no era nadie. Otros sí. Otros habían inventado este deporte. “A menudo [Zidane] no es mencionado cuando se debate quiénes son los mejores entrenadores de su generación. Pep Guardiola y Jose Mourinho, por supuesto, serían los primeros en venir a la cabeza. Zidane ha ganado la Champions tantas veces como ellos…”, escribe Rory Smith. Pero ellos son ellos.

Y por llegar, llegó esta temporada. Y el Madrid empezó como un tiro, ganando esos torneos que son menores para quienes no los disputan, Supercopas y Mundialitos, pero fallando en la Liga sin recato alguno. Solo quedaba la Champions y a ella se agarró el equipo. Zidane, mientras, aceptó que las dos bes de la BBC se escribieran en minúsculas a la vez que despojaba a Lucas y Asensio de la categoría de meritorios y los convertía en imprescindibles. Pero el fútbol, no lo olvidemos, lo descubrieron otros.

A riesgo de ser acusados de que este artículo nos viene escrito, conviene pararse en la reflexión que Smith hace en su columna: “Zidane… no pretende ser el abanderado de una escuela de pensamiento que tenga un propósito elevado de querer transformar el juego. Él selecciona el equipo, su equipo juega bien y –al menos en la Champions- gana invariablemente. En una cultura que pide complicaciones, representa una simplicidad rayana en el ascetismo”. Y añade: “Zidane hace bien las cosas sencillas. Puede, solo puede, que sepa lo que está haciendo”. Y hablando de sencillez, a uno le viene a la cabeza la frase con la que Ernesto Valverde, entrenador del Barça, explicó su influencia en el fabuloso doblete que de manera incontestable acaba de conquistar su equipo: “¿El secreto? No molestar”.

Y no molesta Valverde, que ya sabe que tiene el enemigo en casa, no en el vestuario sino en aquello que el gran Johan llamaba entorno. Y que va a seguir siendo el entrenador del Barça. Tampoco debería molestar Zidane, ese señor que, se convierta en el primer técnico que gana tres Copas de Europa consecutivas o cierre la temporada sin título alguno, va a seguir siendo el entrenador del Real Madrid. Y meses tiene por delante para leer y releer cómo será el Madrid del futuro, quién se irá y quién llegará. Y seguro que algún inventor de exclusivas, avispado él, le explicará, como por arte de magia, que la delantera que formaron Bale, Benzema y Cristiano, la célebre BBC, pueden acabar formándola Asensio, Cristiano y Salah. O sea, la ACS.

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