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Egan Bernal corona en Manizales la gran fiesta del ciclismo

El joven que maravilla a todos gana la Oro y Paz después de una última etapa con victoria de Dayer Quintana

Egan Bernal, tras ganar el campeonato colombiano contrarreloj. Ampliar foto
Egan Bernal, tras ganar el campeonato colombiano contrarreloj. AFP

Pasada la plaza de toros y los sietecueros de flores magenta, y cuando la carretera tan empinada se acercaba a la Torre de Chipre y los bosques de niebla de Manizales, Egan Bernal atacó. Nadie le pudo seguir. Ni los dioses Rigo, segundo en la general, y Nairo, líder, que, extrañamente pasivos, confundidos, le dejaron alejarse, y con él la victoria final. Bernal desencadenado alcanzó y superó a todos los de la fuga multitudinaria salvo a uno, a Dayer Quintana, el hermano, que ganó la etapa. “Esa victoria me da mucha alegría. Es como si hubiera ganado yo”, dijo Nairo, el hermano derrotado, con voz triste.

El viaje del ciclismo mundial al redescubrimiento de sus fuentes populares, también conocido como carrera Colombia Oro y Paz, culminó con la coronación de un talento único, un chaval de 21 años recién cumplidos que no surge de la nada. Nada nace de la nada. Bernal hunde las raíces de su genio en el hueso de Zipaquirá, la ciudad cercana a Bogotá de la que salió hace casi 70 años Efraín Forero, el Indomable Zipa, el primero de los escarabajos, para ascender al Páramo de Letras, el acto fundacional del ciclismo colombiano que ahora maravilla al mundo.

A Bernal lo descubrió Fabio Rodríguez, quien en los años 90 fue gregario de Rominger en el Clas, y ganó una Vuelta a los Valles Mineros, y en Zipaquirá montó una escuela de mountain bike. El padre del ciclista que el Sky ha prometido cuidar como si fuera oro y no malograr trabajaba en las minas de sal de Zipa, y su madre en la industria de flores. Y Bernal, un talento desde niño, se convirtió en uno de los mejores bikers del mundo a los 17 años. Era tan bueno que la federación no quería que pasara a la carretera pues era una probable medalla en los Juegos de Tokio. Pero con la misma tozudez y convencimiento, y un granito de rebeldía, con la que sus mayores, Rigo, Nairo, Henao, Gaviria, salieron a respirar y crecer a Europa, a los 19 años Bernal se hizo profesional en el Androni italiano. Su nombre comenzó a pasar de boca a boca y siempre acompañado de adjetivos únicos e insuperables. Acabó en el Sky, y vestido de blanco compitió por primera vez esta semana en carreras colombianas. El viernes de la semana pasada se proclamó campeón de Colombia contrarreloj, el inicio de su semana de inmersión en el fervor popular. “Estoy orgulloso de ser colombiano”, dijo la nueva figura de un ciclismo inagotable. “Este país tiene un talento único que debe tener la oportunidad de salir a todas partes”.

“Lo cuidaremos”, promete Nicolas Portal, el director del Sky, un equipo habituado a la estrategia defensiva, su marca de fábrica, pero que con su táctica agresiva en los últimos kilómetros, rompió la defensa del liderato del Movistar. “No lo llevaremos ni al Giro ni al Tour. No queremos que entre en la maquinaria del trabajo para Froome. Quizás haga la Vuelta, pero siempre sin más responsabilidad que la de crecer libre”.