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Y Garbiñe Muguruza besó el cielo

En su mejor temporada, la española elevó su segundo Grand Slam, en Wimbledon, y ocupó el trono del tenis femenino durante un mes. Por primera vez, España tuvo a dos números uno en la élite del tenis

Muguruza celebra su triunfo en la final de Wimbledon contra Venus, en julio.
Muguruza celebra su triunfo en la final de Wimbledon contra Venus, en julio. REUTERS

El 2017 figurará para siempre con letras de oro para el tenis español. En medio de una corriente de escepticismo y sin adivinar una referencia clara que pueda dar continuidad a los éxitos de Rafael Nadal, el de Manacor se levantó y remató con un sobresaliente un año histórico, puesto que a su resurgir se unió una nueva dentellada de Garbiñe Muguruza, en Wimbledon, y la ascensión conjunta al número uno de ambos circuitos. Nunca antes el tenis español había tenido a dos jugadores en la cúspide mundial.

Lo de Muguruza se barruntaba de lejos, pero su intermitencia impidió que hollase la cima de la WTA antes. Pero esta campaña, más templada y regular, con un rendimiento más lineal, consiguió situarse al frente del ranking el pasado 7 de septiembre. Fue la segunda mujer española que lo logró, después de Arantxa Sánchez Vicario –12 semanas en 1995–, y la quinta representante nacional tras la barcelonesa, Moyà, Ferrero y Nadal.

Fue un reinado de solo un mes, pero supuso la muestra clara de que Muguruza está llamada a ser uno de los rostros más reconocibles de aquí en adelante, especialmente en un contexto tan ciclotímico como el del tenis femenino; esta campaña, sin ir más lejos, han gobernado hasta cinco nombres distintos.

Si en 2015 alcanzó la final de Wimbledon, esta vez el apellido Williams no se le resistió. Hace dos años, todavía demasiado tierna, no pudo con Serena en la final del All England Tennis Club, pero en esta ocasión zarandeó a Venus en la final, 6-0 incluido. Elevó su segundo Grand Slam, después del Roland Garros conquistado en 2016, y su presencia en las rondas finales de los torneos fue mucho más habitual. Los tropiezos fueron esporádicos y se desempeñó como una tenista mucho más equilibrada desde el punto de vista técnico.

Además, la evolución también ha sido palpable desde el plano físico. No hubo malas señales procedentes de los tobillos, su lesión endémica, y ganó un alto porcentaje muscular. Actúa como una ganadora mucho más aguerrida y con solo 24 años el horizonte se le presenta de forma muy favorable. “Mi año ha sido increíble, el mejor de lejos”, contestaba a este periódico en Singapur, donde en octubre disputó su tercera Copa de Maestras. Una rutina que igualmente avala una maravilloso porvenir.

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