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Nadal, una bala en pista dura

El número uno, citado en cuartos con Dimitrov tras reducir a Fognini (6-3 y 6-1, en 1h 02m), encadena 14 triunfos en superficie rápida, donde ofrece unos niveles extraordinarios este curso: 83,7% de eficacia

Nadal, durante el partido de octavos contra Fognini.
Nadal, durante el partido de octavos contra Fognini. AFP

La teoría es muy sencilla. Ahora bien, aplicarla (y el poder aplicarla, en función de que lo permitan el cuerpo y las lesiones) es otra historia. Si a Rafael Nadal (6-3 y 6-1, en 1h 02m a Fabio Fognini en los octavos de Shanghái) le respeta su estructura y tiene piernas, el resto viene enlazado, sea cual sea la superficie en la que juegue, aunque en el registro del cemento siempre se hacen más palpables las carencias. Si Nadal está fino, llega antes a la bola, luego mejoran los apoyos, luego puede golpear con mayor comodidad y con un margen superior para decidir dónde quiere enviarla. Todo aparentemente muy sencillo, muy sencillo pero a la vez tremendamente complicado. Si no, rebobinemos.

En las dos últimas campañas, tal vez las más difíciles de su carrera junto a la de 2012, el número uno no pudo expresar su nivel por una razón u otra, bien fuera porque la mente le jugó una mala pasada o porque la muñeca izquierda le dijo basta. En ese periodo, el mallorquín logró cinco títulos, pero ninguno de ellos fueron en superficie rápida; cuatro tuvieron el sello de la tierra y el quinto el de la hierba. Ninguno se llegó en una pista de cemento, formato que hasta que ganó el pasado mes el US Open se le resistía desde 2014 (Doha).

Entre uno y otro premio, 34 torneos disputados y siete finales perdidas. Se extendió entonces el cliché de que el balear no era un tenista especialmente diestro sobre superficie rápida, obviando sus éxitos previos en escenarios como Melbourne y Nueva York. “Yo no lo veo así, a mí no me sorprende que haya ganado dos títulos consecutivos en dura”, decía Roger Federer la semana pasada, cuando el español levantó el trofeo de Pekín; “Rafa ya ha demostrado que puede ganar en pista dura. El problema es que ha ganado 10 Roland Garros, así que la gente piensa que no puede ganar en este terreno”, razonó el suizo.

Resulta que ahora, una vez que ha recuperado su mejor tono y todo su esplendor, Nadal está firmando unas cifras fabulosas en un contexto que, se decía y se repetía, se le atragantaba demasiado. Con su triunfo contra Fognini, resuelto en apenas una hora, encadenó 14 victorias en dura y elevó su porcentaje de esta temporada a un 83,7% (36/7), fijando el de toda su carrera en un 77,07 (417/124). Es decir, si a Nadal le sonríe la fortuna y no tiene contratiempos, no está excesivamente lejos de ser un especialista en el territorio de cemento.

Dos títulos y tres finales en 2017

De sus 75 títulos, una porción nada despreciable (18) se ha producido en esa superficie y esta campaña sus resultados sus números hablan por sí solos. Conquistó Nueva York y Pekín, y alcanzó además las finales de Mebourne, Acapulco y Miami. Únicamente han podido derrotarle cinco adversarios –Milos Raonic (Brisbane), Sam Querrey (Acapulco), Federer (Melbourne, Indian Wells y Miami), Denis Shapovalov (Montreal) y Nick Kyrgios (Cincinnati)–, luego su pujanza está fuera de toda duda, y más viéndole triturar al italiano Fognini.

En este último pulso, después de quitarse de en medio a Jared Donaldson en 54 minutos el día anterior, Nadal, una bala, obsequió al público asiático con otro recital. Cometió solo cuatro errores en todo el partido (una derecha y tres reveses) y volvió a demostrar que hoy día frenarle es una tarea harto complicada. Progresó a los cuartos de Shanghái y mañana (8.00, Movistar+ Deportes 2) se verá las caras de nuevo con el búlgaro Grigor Dimitrov, al que domina claramente en el global (9-1) y rindió la semana pasada en las semifinales de Pekín.

Va lanzadísimo este Nadal, que ha cedido solo siete juegos en los dos primeros compromisos y que incluso podría sentenciar matemáticamente el número uno en este torneo. Para hacerlo debería elevarlo por primera vez y que Federer no hubiese accedido a la penúltima ronda. Si se diera esta doble condición, el español cerraría el curso en lo más alto por primera vez desde 2013.

DEL POTRO REMONTA A ZVEREV

Del Potro, durante el partido contra Zverev.
Del Potro, durante el partido contra Zverev. AFP

Además del triunfo de Rafael Nadal, la jornada deparó el triunfo del catalán Albert Ramos, que superó por 7-6 y 6-4 a Lenard Struff y se medirá en los cuartos al croata Marin Cilic (7-6 y 6-4 a Steve Johnson). El tenista de Mataró, superior a Pablo Carreño en la ronda anterior, ya protagonizó una campanada hace dos años en Shanghái, cuano batió a Roger Federer.

Por la misma rama del suizo avanzó el argentino Juan Martín del Potro, que continúa ofreciendo buenas noticias en esta recta final del año. En Nueva York alcanzó las semifinales, venciendo al de Basilea, y no renuncia a adentrarse en la Copa de Maestros (12 a 19 de noviembre).

Todo depende, eso sí, de lo que haga esta semana en Shanghái. Esta vez remontó (3-6, 7-6 y 6-4) al gran icono de la nueva generación, Alexander Zverev, y mañana le tocará lidiar con John Isner o Viktor Troicki.

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