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Bendito majara inmortal

Nieto, como Santana y Ballesteros, abrió el camino a lo que es hoy la España plurideportiva

Ángel Nieto el 23 de septiembre de 1972 en el Circuito de Montjuïc.

Son multitud los deportistas que triunfan a diario, pero el podio de la eternidad es un panteón exclusivo. Y se gana en vida, caso de Ángel Nieto, que incluso hoy seguirá siendo inmortal, seguirá a todo gas en la memoria perpetua del deporte español. La huella de Nieto, como la de Manolo Santana, Seve Ballesteros y algunos más, trasciende con creces a un palmarés, por métrico que sea. Incluso cuando el genio hace las cuentas que le da la gana y si 13 son 12+1 pues son 12+1. Por grandilocuentes que sean sus éxitos, es su legado lo que les hace imperecederos.

Su aperturista impacto para el deporte español fue similar al de Ramón y Cajal para la ciencia. Quijotescos pioneros que derribaron murallas no solo por su talento, sino por su audacia. ¿Qué diferencia a los pilotos de ahora de los de tu generación?, le preguntó cierto día el periodista Alfredo Relaño a Nieto. “Hoy son como ingenieros, nosotros éramos unos majaras”.

Y muy majara había que ser para que el hijo de unos hueveros nacido en Zamora y criado en Vallecas soñara con el mundial pilotaje de una moto. Como destornillados eran los sueños de Manolín Santana cuando, con su padre en una cárcel franquista, su madre y sus tres hermanos vivían en una casa madrileña en la que debían compartir cuarto de baño hasta doce familias. Como los locatis desvelos del hijo de Baldomero y Carmen, Severiano, cuando acarreaba palos de golf al sur de la Bahía de Santander. Si Seve empezó como caddie, Santana lo hizo como recogepelotas y Nieto como ayudante de un taller mecánico de su amigo Tomás Díaz Valdés, luego periodista de motos. Al tiempo que Santana y Nieto alimentaban sus fábulas infantiles, el tenis y el motociclismo eran una estepa, disciplinas sin eco alguno en una España franquista en la que solo retumbaban el fútbol y algunas notas del boxeo y el ciclismo. Tampoco en la embrionaria Transición el golf tenía migas.

Los tres, los más paradigmáticos, pero sin olvidar a Lili Álvarez, Joaquín Blume o Vicente Trueba, otros precursores ilusionistas, se adentraron en su particular triángulo de las Bermudas. En aquella España chata y acomplejada eso era acudir a Wimbledon, viajar al Gran Premio de Monza o incluso aventurarse al British de Saint Andrews.

Hoy España disfruta de Rafa Nadal, Jorge Lorenzo, Sergio García... Es más que probable que ninguno de ellos fuera concebido como lo que es sin aquellos maravillosos primogénitos. Sin aquellos majaras que nos enseñaron qué demonios era un ace, una chicane o un birdie. Sin aquellos majaras que sellaron el acta fundacional de sus respectivos deportes. Veamos: tras Nieto, el motociclismo ha dado 17 campeones mundiales. Eso es ir a todo gas. Y nadie abrió más que Ángel Nieto, primero soñador, luego explorador, más tarde campeonísimo y después maestro apasionado micro en boca. Y lo que le queda. En cada nuevo éxito en un circuito siempre florecerá el testamento de este majara inmortal.

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