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Federica Pellegrini acaba con la hegemonía de Ledecky

La italiana de 28 años, que solo pensaba en despedirse, sorprende a la estadounidense en las últimas brazadas del 200 libre y le impide colgarse el 17º oro consecutivo

Pellegrini celebra su victoria con Ledecky al lado
Pellegrini celebra su victoria con Ledecky al lado Getty

Katie Ledecky nadó 17 carreras individuales de máxima categoría mundial desde su aparición en el 800 metros libre de los Juegos de Londres. Fueron 17 oros a lo largo de cinco años de dominación inflexible. Hasta este miércoles. Coincidiendo con una tormenta que barrió el valle del Danubio con un aguacero, Ledecky fue destronada por la campeona más improbable y, al mismo tiempo, la más distinguida. Las ninfas le debían un homenaje a Federica Pellegrini, autora en Budapest —más que de un remate— de una grand finale.

Los juegos de equipo suelen exhibir el alma de los seres humanos de un modo más rápido pero pocas veces estas exhibiciones alcanzan la profundidad que revelan los nadadores en su soledad. De Pellegrini conocemos casi todo porque transparentó sus amores, sus desamores, sus arrebatos de furia, sus lutos y sus depresiones. De Ledecky solo sabemos que tiene 20 años y vive para una actividad tan aséptica como “divertirse” “entrenando” o “compitiendo”, por emplear tres términos traducidos de su acervo conceptual. Si Ledecky vive como dice que vive, en su epitafio grabarán un escueto have fun.

Esta niña rica y rigurosa de Bethesda parecía la dueña del pasado, el presente y el futuro de la natación este miércoles cuando salió caminando por el túnel que conduce a la piscina de Budapest. Cada vez más hinchada por una musculatura que la va recubriendo como un caparazón, sin garbo, sin prisa, sin tensión. Acudió a tirarse en la final de los 200 libre con el aire desprevenido de una nereida en la playa. En los dos minutos que siguieron mandó la confusión general. Ni con la medalla de plata colgada al cuello en el segundo escalón del podio pareció darse cuenta por completo de la clase de tormenta que la hizo zozobrar.

Quizás la distrajo la australiana Emma McKeon, que salió como un tiro por la calle de su derecha. McKeon hizo el primer largo en 26,75 segundos. Un señuelo para Ledecky, que le dio caza. Sus parciales en la final que ganó en los Juegos de Río fueron de 27s en el primer 50, 28,4s en el segundo, 29,12s en el tercero y 29,18s en el último: total 1m 53,73s. Cuarta mejor marca de todos los tiempos. En Budapest hizo 27,22s, 28,87s, 29,34s, y 29,75s. Total: 1m 55,18s. Un bajón considerable.

Hasta el paso por el 150, Pellegrini nadó todos los parciales por detrás de las dos líderes de la prueba. Esta dama de la natación se inscribió con 28 años cumplidos. En el proceso de la discreta y honrosa retirada. Su oro olímpico en 2008 y sus oros mundiales en 2009 y 2011 se antojarían historia medieval en los oídos de sus adversarias. Orillada en la calle seis, casi nadie pareció advertirla cuando irrumpió en los últimos diez metros como un torpedo.

“Nunca habría apostado por mi victoria, honestamente”, dijo ella, al salir del agua. “Me alegra haber conseguido mi séptima medalla en esta prueba. Para mí era importante estar en el podio para cerrar un ciclo. Solo quería que este fuera el último 200 de mi carrera. Solo quería cerrar el 200 con un buen recuerdo”.

“No me di cuenta”

Allí donde Ledecky siempre se mostró rotunda. Allí donde solo ella mandaba, en los últimos 50 metros, se impuso otra. Una veterana que no figuraba en ninguna de las previsiones. Había venido a despedirse y lo hizo ciñéndose la corona de las más grandes, ante la más grande, en la distancia que define a las auténticas virtuosas.

“Nunca noté que podía ganar”, dijo la italiana intentando recordar lo que sintió bajo el agua. “No sé ni los pasajes parciales. Solo sé que cuando hice el viraje del 150 vi que estábamos todas más o menos emparejadas. Me dije: ‘¡Cierra los ojos y dalo todo!”.

La ganadora se dejó hasta la última molécula de oxígeno. Nadó el último largo en 28,82 segundos. La más rápida. Tocó la pared cuando el cronómetro señalaba 1m 54,73s. Ledecky salió del agua confundida: “Mi plan era pensar en mi calle y atenerme a mi carrera. Pero en el último largo me he quedado sin energía. Intentaré ver el vídeo para detectar en qué puedo mejorar”.

Ledecky ya sabe que tiene trabajo por delante. El único récord del mundo que todavía no ha podido batir es el 200 libre de Federica Pellegrini con bañador impermeable: 1m 52,98s en 2009.

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