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Ona Carbonell brilla en el solo y España se estanca en el dúo

La rusa Kolesnichenko fue la gran triunfadora de la primera jornada de natación sincronizada, liderando el solo y el dúo técnico. La española fue segunda en el solo y quinta en el dúo con Paula Ramírez

Ona Carbonell durante el ejercicio. Ampliar foto
Ona Carbonell durante el ejercicio. REUTERS

Los Mundiales de Natación comenzaron esta mañana en Budapest del mismo modo que comenzaron una mañana de julio de 2015 en Kazán. Cambió el escenario del formidable estadio tártaro por la Plaza de los Héroes; cambió el Volga por el Danubio; y cambiaron algunos rostros y algunas banderas. Pero lo esencial, lo fundamental, sigue firmemente asentado como un orden inmutable. Arrancó la competición de sincronizada con la rutina preliminar del solo técnico y una rusa volvió a hipnotizar al tribunal de jueces. Svetlana Kolesnichenko sucedió a Svetlana Romashina en la cadena evolutiva natural encaramándose a lo más alto de la clasificación con 94.022 puntos, lo más parecido a una marca inalcanzable. Como en Kazán, la española Ona Carbonell volvió a situarse en la segunda posición. Ona obtuvo 92.389 puntos, cifra que le garantiza competir con grandes posibilidades de colgarse la plata en la final de hoy (11.00, Tdp). Únicamente ella asoma la cabeza en un equipo que sigue estancado. Las preliminares de dúo de la tarde confirmaron el estancamiento: España fue 5ª como en la preliminar de Kazán, solo que con algunos puntos menos.

La natación sincronizada siempre ha sido un deporte de equipo. El solo es un divertimento ornamental, muy valorado por la FINA para dar color al espectáculo, pero inconcebible para los estándares olímpicos. Los técnicos entienden que sincronizar un nadador con la música es un arte, pero que el verdadero desafío consiste en sincronizar a varios participantes. Las rutinas de natación sincronizada en solitario ni se han considerado ni entrarán en la categoría olímpica, al menos en los Juegos de Tokio. De ahí que grandes potencias como Estados Unidos, Francia o China no se muestren muy interesadas en dedicar esfuerzos a esta disciplina. China, con el equipo que más se aproxima a Rusia, fue la gran ausente de la preliminar de Budapest. Fue un vacío notable. Hace dos años el equipo chino logró una plata y un bronce en solos. En Hungría, ceden el terreno para concentrar su energía en las pruebas de dúos y equipos, las únicas que gozan de rango olímpico. La maniobra deja campo libre a Ona Carbonell para conseguir la plata. El oro, su gran sueño, parece imposible a la vista de la formidable actuación de Kolenishenko

Esta joven de 22 años, campeona olímpica en Río en la modalidad de equipo, se deslizó por el agua con la delicadeza de un hipocampo, se hundió como una raya y emergió con la fuerza de un pez espada. En dos minutos quedaron patentadas todas las especies del acuario junto con los siete elementos en la sucesión obligatoria. No hubo solución de continuidad en la fluidez de un despliegue previsto para completar todas las figuras del manual. La rusa dominó la cadencia y el ritmo de un tema clásico, como son casi todas las músicas que acompañan los ejercicios rusos. Esta vez, la elección recayó en un aria de Peer Gynt interpretada por la soprano Ana Netrebko. Nada que escapara a la ortodoxia coreográfica. Kolinishenko cautivó sin pretender un impacto. Atrajo todas las miradas sin forzar un escorzo.

Ona Carbonell la siguió embutida en un bañador diseñado por ella misma, acorde con la coreografía, una alegoría de la serpiente con música de Peter Gabriel para La Última Tentación de Cristo. Un ofidio verde de tono fósforo enroscado en su torso, armonía perfecta para un estilo basado en el arabesco, el giro y la flexibilidad del elástico. Nadie en el mundo enrosca el agua como la española de 27 años, y sus entrenadoras le hacen la rutina a la medida de su habilidad. Primero, la abnegada Esther Jaumá; segundo, Virginie Dedieu, la que fuera célebre estrella de la natación sincronizada en solitario, aplaudieron en el borde de la piscina de Budapest, al ver la marca: 92.389 puntos. La mejor puntuación que ha recibido Ona por este ejercicio y un avance importante respecto al preliminar de solo técnico de Kazán (91.400).

Ona salió del agua, almorzó, y volvió a la piscina para preparar el dúo técnico con Paula Ramírez, la más cualificada de entre las sucesoras juveniles, tardíamente promovida desde la secretaría técnica. El preliminar de dúo, que sí es disciplina olímpica, reunió en la piscina a las mejores nadadoras del mundo. Rusia, otra vez con Kolinishenko, quedó previsiblemente primera con 95.062 puntos. China destacó en el segundo lugar con 92.903 puntos. Ucrania avanzó al tercer puesto con 90.694 puntos mientras que Japón cayó al cuarto con 90.134. España, que en Kazán consiguió 89.356 puntos con Carbonell y Camacho en la clasificación, perdió consideración en Budapest. Solo recibió 89.296. La final de hoy no augura posibilidades de podio para las españolas, embarcadas en una deriva de retrocesión desde 2012.

La presencia de Virginie Dedieu en el cuerpo técnico español desde 2013 resulta significativa. Gracias a Dedieu, el equipo de Francia alcanzó el apogeo en los Juegos de 2000, y por Dedieu acabó convirtiéndose en una estructura al servicio de la diva. Estos Mundiales servirán para verificar si España sigue pareciéndose a España o ha emprendido la senda de Francia.