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El fútbol catalán de élite recupera el esplendor

Los ascensos del Girona, debutante en Primera División, y del Barça B, de vuelta a la Segunda A, evocan los mejores tiempos

Los jugadores del Girona celebran su ascenso a Primera. Ampliar foto
Los jugadores del Girona celebran su ascenso a Primera. Getty Images

El fútbol profesional catalán se ha revitalizado con los ascensos del Girona y del Barcelona B. Habrá tres equipos en Primera, una situación que no se daba desde la temporada 2006-2007, y tres más en la Segunda A. El Girona acompañará al Barça y Espanyol, y el filial azulgrana competirá con el Reus y el Nàstic, el último que acompañó a blanquiazules y culers en la élite. Le precedieron el Europa, que estrenó el campeonato liguero, el Lleida, el Condal y el Sabadell, el tercer equipo por historia.

Girona era la única capital de provincia que no había tenido representación en la máxima categoría. El Nàstic, en cambio, jugó cuatro temporadas en dos etapas. Entre 1947 y 1950, inclusó sonrojó a los grandes. En diciembre de 1947 se inauguró Chamartín. Todavía olía a nuevo cuando el Nàstic se convirtió en el primer equipo que ganó en el feudo madridista. Aún hoy es el único que ha debutado con victoria en el rebautizado Santiago Bernabéu. Más de 50 años después, el equipo grana volvió a la élite en 2006. Fue un sueño de una temporada. Una década después, el equipo que entrenará Lluís Carreras se ha asentado en LaLiga 1|2|3 después de unos años en Segunda B. “Empezaremos con las máximas aspiraciones; solo estamos a un paso de Primera y el objetivo es volver", asegura Emilio Viqueira, director deportivo del Nàstic. Ya no existe la urgencia de vender que existía años atrás porque se ha reducido la deuda en 3,2 millones.

El Lleida y el Camp Nou

El Lleida también representó al fútbol catalán en Primera en dos etapas. En 1950, tomó el relevo del Nàstic pero no pudo prolongar su estancia. Sucedió lo mismo en la 1993-1994, aunque las sensaciones de esa temporada todavía perduran. El conjunto de Mané venció por 0-1 en el Camp Nou y doblegó en su estadio al Madrid, una derrota que convirtió el vestuario blanco en un polvorín y derivó en la destitución de Benito Floro. El Lleida fue un equipo de capítulos pero no de novela, y bajó. Con la llegada del nuevo milenio, se consumó el descenso a Segunda B, su hábitat desde 2006. El equipo ha vivido una doble lucha, en el césped y en los despachos, y busca ahora solidez tras refundarse en el Club Esportiu Lleida. Su presidente desde entonces, Albert Esteve, aboga por un proyecto a largo plazo y viable que lleve a Lleida la palabra mágica: estabilidad. “Nuestro proyecto tiene que ser sólido por si se consigue el ascenso, porque el fútbol profesional te exige estructuración y previsión”, asegura Esteve.

Los futbolistas del Barça B festejan su regreso a Segunda A. ampliar foto
Los futbolistas del Barça B festejan su regreso a Segunda A.

También en Segunda B, el Sabadell vive entre el orgullo de haber estado catorce temporadas en Primera, la melancolía por lo lejano de esos tiempos y la preocupación económica. Es el tercer equipo catalán por historia, porque entre 1943 y 1988 acumuló 14 temporadas en sus cuatro etapas en Primera, aunque de la última hace casi 30 años. En la retina de los seguidores queda un cuarto puesto en 1969 que le dio billete para la Copa de Ferias y épicas victorias ante el Madrid y el Barça. Desde que perdiera la categoría, la discontinuidad ha marcado la trayectoria del club de la Nova Creu Alta. Los ascensos y descensos entre Tercera, Segunda B y Segunda reflejan la inestabilidad económica de la institución. La directiva del conjunto arlequinado, en Segunda B desde 2015, ha vuelto a cambiar de cara en los últimos días con la entrada en escena de Esteve Calzada. El fundador y CEO de la agencia Prime Time Sport lidera un grupo inversor que ha adquirido el 67% de las acciones del club. “Queremos consolidar al Sabadell como uno de los equipos punteros de LaLiga 1|2|3”, afirma el exdirector de mercadotecnia del Barça. La receta de Calzada tiene dos ingredientes: conocimiento futbolístico y solidez financiera.

Apartado de las altas esferas está el Europa. El equipo del barrio de Gràcia tiene el honor de haber sido uno de los diez fundadores del campeonato de Liga. Aguantó tres temporadas en Primera entre 1928 y 1931. Casi 90 años después, las imágenes en blanco y negro de aquellos años aún brillan en las oficinas del club. "Estas fotografías y todos los recuerdos tienen un gran valor sentimental", rememora Víctor Martínez, presidente del club. “El pasado es muy bonito, pero no podemos vivir de él, tenemos que mirar hacia delante”. Para hacerlo, el fútbol base es su fórmula. La profesionalización marginó a un equipo que no pisa Segunda División desde 1968 y que incluso se vio relegado al fútbol territorial en 2004. Las urgencias no han precipitado los acontecimientos en el Nou Sardenya, pese a jugar en Tercera las últimas 11 temporadas. La filosofía de club, un fuerte vínculo con la afición y el fútbol base como única opción, son las señas de identidad de una entidad que recuerda con una sonrisa aquellos maravillosos años.

El caso del filial azulgrana

Mención aparte merece la presencia en Primera del Condal, en su día exfilial azulgrana. Cuatro años antes de su definitivo ascenso en 1956, se ganó la plaza en Primera con el nombre de España Industrial, pero no quiso renunciar a la tutela barcelonista y se mantuvo en Segunda. La desvinculación del Barça y el cambio de nombre llegaron al mismo tiempo. La España Industrial era una fábrica textil y no estaban permitidos los nombres empresariales. Las dos argucias le permitieron, esta vez sí, ascender, y rascar un punto ante su hermano mayor en Les Corts. Joaquín Basora marcó siete goles en aquella temporada que recuerda como un espejismo. “No teníamos mucha ilusión por quedarnos porque sabíamos que no tardaríamos en bajar”, cuenta con una voz quebrada. Basora empezó su carrera en el Barcelona, pero se lesionó y debutó como profesional en el España Industrial. “Había buenas relaciones en cuanto a traspasos de jugadores porque al Barça le interesaba que fuéramos como su equipo suplente”, explica el exdelantero.

Los equipos catalanes en Primera

El Barcelona siempre ha jugado en Primera. Ha participado en 86 temporadas, de 1929 a 2017.

El Espanyol ha faltado en cuatro campañas a la máxima categoría del fútbol español: 1962-1963, 1969-1970, 1989-1990 y 1993-1994.

El Sabadell ha estado 14 temporadas en Primera, de 1943 a 1945, de 1946 a 1949, de 1965 a 1972 y de 1986 a 1988.

El Nàstic ha jugado en la élite en cuatro temporadas, de 1947 a 1950 y la 2006-2007.

El CE Europa inauguró la máxima categoría en 1929, en la que se mantuvo hasta 1931. Nunca más regresó.

UE Lleida ha jugado dos cursos en Primera: 1950-1951 y 1993-1994.

El CD Condal solo ha participado en una ocasión: 1956-1957.

El CF Girona se estrenará en Primera en el curso 2017-2018.

La desvinculación enfrió las relaciones. Basora sostiene que ni al Barça ni a la directiva del propio Condal les interesaba estar Primera. Aun así, el equipo de escudo y equipación blanquiazul terminó el curso en última posición pero a solo un punto de la salvación. En 1970, lejos ya de aquel hito histórico, se fusionó con el Atlético Catalunya para formar lo que hoy es el Barça B, recién ascendido a LaLiga 1|2|3

El filial azulgrana es uno de los seis partícipantes del buen momento del fútbol catalán. “Hay un tejido asociativo de más de 150.000 federados que forman la base piramidal de lo que se ve en el fútbol profesional”, sostiene Oriol Camacho, secretario general de la Federación Catalana de Fútbol. El punto álgido fue en 1948, con hasta cuatro equipos en la máxima categoría. La próxima temporada serán tres en Primera, mientras que Nàstic, Reus y Barça B, conforman la segunda fila en el fútbol profesional en Segunda A. Seis licencias que hacen que el fútbol catalán viva un momento boyante en lo deportivo.

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