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El ‘búnker’ emocional de Muguruza

Ante la presión que la rodea, Garbiñe se aísla y mantiene las mismas rutinas que le condujeron al trono de París el año pasado. Paseos por el centro, cena japonesa y buenas vistas, herramientas para evadirse

Garbiñe Muguruza
Muguruza se dispone a servir contra Schiavone. REUTERS

Cinco días atrás, Garbiñe Mugurza cogió el TGV francés y desembarcó en París. Preveía lo que se iba a encontrar en la capital francesa, una onda de presión que oprime a todos aquellos que acuden a un gran torneo el año después de haberse coronado por primera vez. Así que la puesta en escena de ayer, contra la veterana Francesca Schiavone, suponía la prueba del algodón. Volvía a pisar la Chatrier, el escenario donde se hizo inmensa hace un año, y a pesar de las circunstancias y la responsabilidad que conlleva defender el título regresó como se fue, venciendo y convenciendo: 6-2 y 6-4 (en 1h 33m).

“No puedo salir ahí y estar como un flan. Tengo que mantener la compostura e intentar simplificar. Sé que la gente dice: esta es la que ganó el año pasado, pero no importa mucho eso. Daba igual contra quien jugase. Tenía que ganar mi propia batalla, salir ahí fuera y comprobar cómo me iba a sentir. Estoy contenta de cómo he manejado la situación”, afirmaba después de apear a la italiana (36 años) y citarse en la siguiente ronda con la estonia Anett Kontaveit, la 53 del mundo.

“No estaba del todo segura de cómo iba a reaccionar. Quería hacerlo bien”, incidía la hispano-venezolana, a la que el éxito del curso pasado le obliga ahora a arrastrar una pesada mochila de puntos (2.000) en Roland Garros. La presión, lógicamente, es muy elevada. Desde hace tiempo, Muguruza no es una más en el circuito, sino uno de los rostros más cotizados. Es ya toda una referencia y desde uno y otro lado se le exige, de modo que estos días ha tenido que fabricarse un búnker emocional que adquiere forma en la doble consigna que pronunció ayer frente a los periodistas: “Make it simple and free your mind”; es decir, hacerlo fácil y liberar la mente. Esa es la fórmula práctica.

Para ello, Garbiñe ha apostado por conservar las mismas rutinas que hace un año le condujeron hacia el trono parisino. Se aloja en el mismo hotel, el Mercure Paris Boulogne, a 10 minutos del torneo en coche para abreviar al máximo los desplazamientos; ameniza las cenas en un japonés cercano y también en una brasserie; se distrae con algún paseo, como el que se dio hace un par de días para ver el Palacio del Elíseo, en el distrito VIII de la ciudad; y, sobre todo, encuentra paz en la terraza de su habitación, donde comparte veladas y unas vistas espectaculares con su equipo.

Contención... y sentimentalismos aparte

“El venir como campeona no me ha dado una confianza extra, sino que debo ganármela ahora”, enfatizó. “Estoy intentando manejar esta situación. Intento evadirme e ir dando pequeños pasos, como lo hice hoy. Tengo que olvidar lo que hice el año pasado”, continuó. “Todo el mundo espera que ganes, así que esa idea te pasa por la cabeza. Todo esto es normal, por eso no me asusto. Es importante salir a la pista y decirse: si no paso de hoy, se acabó el torneo, así que tengo que quitarme todos esos pájaros de la cabeza”, se autoprescribe Garbiñe.

Este año soy una más en el cuadro y debo ir partido a partido

Chica temperamental, estas dos semanas deberá endurecerse y hacer un ejercicio de contención para dejar los sentimentalismos aparte, tanto fuera como dentro de la pista. “He sentido mucha menos emoción de la que me esperaba. Pensaba que iba a venir aquí e iba a recordar…Sí, fui a entrenar a la Chatrier y dije: ¡Qué guay, aquí fue donde gané el año pasado…! Pero hasta ahí. Se me cortó enseguida, cuando me di cuenta de que soy una más en el cuadro y que debo ir partido a partido. Hay muchísimas favoritas este año, como 10 chicas que pueden ganar y no una o dos como en años anteriores”.

Una de ellas es Muguruza, que para reeditar el éxito y dar de nuevo el gran golpe entiende que lo mejor es la normalidad y recuperar los viejos hábitos.

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