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Un soberbio Arsenal doblega al Chelsea en la final de Copa

El equipo de Arsène Wenger, dirigido por Özil y Alexis, levanta el trofeo con más solera del fútbol ante el campeón de la Premier, muy plano durante todo el partido

Mesut Özil le entrega el trofeo a Arsène Wenger. Ampliar foto
Mesut Özil le entrega el trofeo a Arsène Wenger. AFP

El Arsenal ganó con justicia la final de la Copa de Inglaterra. Dominó al Chelsea con tanta claridad que expuso las contradicciones que encierra el juego. El Chelsea es el campeón de la Premier, su entrenador, Antonio Conte, es el hombre de moda en la prensa especializada británica, Eden Hazard goza de un prestigio desbordante en estos días y Kanté ha sido elegido el mejor jugador de la temporada. Sin embargo, se impuso la oposición. El viejo Wenger con su viejo estilo menospreciado, Aaron Ramsey, que no es el más valorado de los futbolistas galeses, y el tantas veces sombrío Mesut Özil, esplendoroso durante toda la tarde en Wembley. El mediapunta alemán envolvió al Chelsea en una red de toques.

No hay velada futbolística más idiosincrática que la final de la FA Cup. El acontecimiento propició estampas contrastadas como el apretón de manos entre Diego Costa y el duque de Edimburgo, la multitud entonando a coro el sobrecogedor himno del torneo, Abide With Me, o la banda del Cuerpo Real de Logística calentando a todo pulmón la sección de vientos. El clima festivo se impregnó de solemnidad con el homenaje a las víctimas del atentado de Manchester y la cerveza aplacó el calor de las hinchadas en la tarde insospechadamente tórrida: 28ºC en Londres. Fue la final más calurosa de las últimas cuatro décadas.

El séptimo título de Wenger es un récord absoluto

Le preguntaron a Arsène Wenger si seguiría en el Arsenal la temporada que viene. “Déjenme disfrutar de la noche”, dijo, en plena celebración por la Copa. Fue la séptima Copa de Inglaterra en su historial. Un récord absoluto. Ningún entrenador había pasado de las seis Copas hasta ayer. El hombre es un caso único por muchos motivos. No quedan técnicos con recorridos tan largos en los grandes clubes de Europa. Desde que Wenger llegó al Arsenal en 1996 ha hecho historia. Más que por títulos, por la generosidad y la complejidad de su obra.

Se enfrentaron dos esquemas iguales y dos intenciones distintas. El Chelsea y el Arsenal han dado que hablar en Inglaterra por el cambio de dibujo táctico. Conte y Wenger apostaron hace meses por el 3-4-3, en una tendencia que parece replicarse. Pero lo esencial es más difícil de apreciar. El Chelsea emplea esa organización para afirmarse en defensa: sus carrileros, Moses y Alonso, apenas se asociaron a sus compañeros con el balón. El Arsenal utiliza el 3-4-3 con más sentido creativo: Bellerin y Oxlade-Chamberlain se proyectan en un orden previsto para dominar el juego a través de transiciones sofisticadas. Este refinamiento consiste en iniciar las jugadas hilando pases entre la defensa y la delantera, conectando a todos los eslabones en todos los carriles y en todos los planos del campo en un circuito en el que Özil, Ramsey y Alexis Sánchez se integran con continuidad. El resultado es armonioso. En Wembley, además, fue eficaz. Rápidamente.

El Chelsea había retrocedido sobre su área cuando Ramsey tiró una pared con Alexis, hubo un rebote, el chileno se llevó el balón y acabó metiendo el 1-0 ante la perplejidad de la defensa rival. David Luiz pidió fuera de juego de Ramsey. El árbitro, tras consultar con el línea, entendió que la posición del galés no tenía por qué molestar a Courtois.

El Chelsea permaneció abatido durante una hora. Solo respondió con más de lo mismo: balones largos a Costa, cambios de orientación para la llegada de los carrileros, y tiros desde fuera del área. Hazard se extravió.

Dirigido por un Özil omnipresente, el Arsenal dispuso de tres ocasiones nítidas para finiquitar el duelo. Cahill sacó dos pelotas en la raya de gol, Welbeck estrelló un cabezazo en el poste; Xhaka obligó a Courtois a estirarse; y Özil volvió a sacudir el palo con el portero y la defensa vencidos. El Chelsea las veía venir cuando Costa, en la otra portería, marcó el empate llevándose con maestría un centro de Willian.

El contragolpe no se hizo esperar. Al gol de Costa en el minuto 77 respondió Ramsey en el 79 culminando una jugada de Alexis y Giroud. Sin Moses desde el minuto 68 —expulsado por fingir un penalti— los empellones del Chelsea tuvieron la virtud de los resistentes. Resultó conmovedor. Pero por coherencia con la pelota, el Arsenal del viejo Wenger mereció la más vieja de las Copas.

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