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El Alavés, con Dortmund en el corazón y Madrid en la cabeza

Los protagonistas de la final de la UEFA de 2001 comparan a aquel equipo con este

Los once titulares del Alavés el día de la final de UEFA ante el Liverpool en 2001.

Aquel 15 de mayo de 2001, cuando el Alavés esperaba en el aeropuerto de Foronda el avión que le llevaría a Dortmund a disputarle la final de la UEFA al Liverpool, lo único que diferenciaba a jugadores y aficionados era la notoriedad de los primeros frente al ruidoso anonimato de los segundos. Por lo demás, no había signos externos de distinción: vaqueros, zapatillas, aquel jersey de pico pegado a la piel de Óscar Téllez, sobre su amplio pecho y sus anchas hombreras. Mané, sin corbata, claro; Ángel Garitano, Ondarru, su eterno ayudante, como un pincel, claro, y el bigote a la misma distancia de París que de Dalí. Como ahora. Como siempre. “Si hemos llegado a la final así, ¿por qué vamos a cambiar ahora? No hay por qué”, decía Mané. 16 años después, el fútbol ha cambiado mucho —hay más tatuajes, más salas VIP, más vallas, los futbolistas llegan al final y entran por otro lado...—. Pero solo ha cambiado, para el Alavés, Dortmund por Madrid. Existe la misma ambición ante la adversidad, por encontrar al héroe que cada uno lleva dentro si se atreve a salir.

“El Barça de hoy es mejor que el Liverpool de entonces”, asegura Javi Moreno, bigoleador en Dortmund, rescatado de las catacumbas por el Alavés y traspasado luego al Milan, ahora en espera de destino como entrenador. “Los favoritos entonces, como ahora, eran ellos, pero cuando tú has eliminado al Rosenborg, al Inter, al Kaiserlautern, te sientes poderoso. Por eso siempre en cada sorteo pedíamos a un buen equipo, a un rival difícil. Porque cada partido era un premio. Y así llegamos a la final con el Liverpool, que había eliminado al Barça”.

Este sábado los azulgrana llegan al encuentro del Alavés. De un Alavés recién ascendido, distinto de aquel que jugó con la camiseta azul y amarilla, como Boca Juniors, que antes fue el pink team, todo vestido de rosa, el de las camisetas con los nombres de los socios, el de la camiseta como único uniforme. “Siempre hay que contar con lo inesperado. Nadie esperaba que hiciéramos lo que hicimos en Dortmund, aunque acabásemos perdiendo. Perdimos por un accidente tras superar muchas curvas. En eso el fútbol no ha cambiado tanto”, afirma Óscar Téllez, central rocoso, zurdo, valiente, incluso temerario.

Difícil establecer similitudes y diferencias entre aquel y este Alavés. Aquel más fraguado; este, sorprendente. Aquel, porque venía de perder la plaza Champions en San Mamés, donde el Athletic no se jugaba nada y le goleó, sin imaginar siquiera que tras la puerta del fracaso esperaba una fiesta sorpresa. Este, porque venía de un infierno prolongado, lleno de pecados, pero intacta la esperanza de Mendizorroza. Dice Téllez que “aquel Alavés era más ofensivo y este, defensivamente, es muy fuerte. Pellegrino ha hecho un bloque muy ordenado. A Mané le bastaba con una mirada para saber qué hacías mal. La mirada de Mané...”.

Mané, el de la mirada de mus, cejas arriba y abajo en un instante, coincide en que este Alavés “es un equipo muy organizado que si se adelanta en el marcador es muy difícil de superar. Corren todos como diablos. Hay que ver lo que trabajan futbolistas como Manu García o Llorente, pero no solo ellos, todos. Nosotros éramos más volcánicos, para bien o para mal, algo que en las finales es importante. Por eso el partido de Dortmund fue como fue”.

De Geli a Theo

Aquel 5-4, en la prórroga, con gol de oro, 11 del Liverpool contra nueve del Alavés y autogol de Geli, ocupa el primer lugar en las finales de la UEFA. “Eran otros tiempos”, dice Javi Moreno. “Nosotros éramos más valientes, más atrevidos, siempre hacia adelante, sin miedo, sin especular. Este de ahora es mejor”.

Desio, del Alavés, llora desconsolado al final del encuentro ante el Liverpool en 2001.
Desio, del Alavés, llora desconsolado al final del encuentro ante el Liverpool en 2001.

Un dibujo similar, distintos futbolistas. Donde estaba Cosmin Contra está Kiko Femenía; donde estaba Geli, está Theo; donde Desio, Llorente; donde Astudillo, Manu García; donde Jordi Cruyff, Camarasa; donde Javi Moreno (o Iván Alonso), Deyverson...

Y donde estaba el Liverpool ahora está el Barça. En aquel mayo de 2001, Messi tenía 13 años y Neymar, nueve. “Al Barça también se le puede hincar el diente”, dice Mané, que sabe de operaciones imposibles. “El Barça no es mejor en todo”, añade Téllez, sin miedo a nada. “El Alavés tiene opciones porque es muy difícil que conceda un gol”, firma Javi Moreno. Es el optimismo sincero de Dortmund. Un vuelo más corto, un parecido cielo, otro equipaje. El cielo de Madrid, otros jugadores, la misma maleta, la misma calma... A fin de cuentas, el más difícil todavía no tiene final.

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