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Mourinho salva la temporada para el Manchester United con la Europa League

El equipo inglés bate a un Ajax juvenil y organizado pero incapaz de traducir su talento en goles

Diego Torres
Mourinho posa con los jugadores del Manchester en la celebración.
Mourinho posa con los jugadores del Manchester en la celebración.PAUL ELLIS (AFP)
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El Manchester United, campeón de la Europa League

El Manchester United concluyó con éxito una temporada penosa mediante la conquista de la Europa League en Estocolmo. Aferrado a la última ranura de la pared, el equipo de Mourinho, sexto clasificado de la Premier, se encaramó a la Champions por la vía auxiliar del segundo torneo continental. Enfrente descubrió condiciones favorables. El Ajax, el equipo más joven de las competiciones europeas con una media de 22 años, no logró responder. A sus jugadores no les faltó madurez para nada hasta que debieron dar el penúltimo toque. La maraña que encontraron enfrente resultó impenetrable, bien urdida por Ander Herrera, eje de un grupo generoso en el esfuerzo y excesivamente responsabilizado por el atentado del lunes en Manchester.

La masacre de la víspera añadió presión al equipo inglés. La prensa parecía empujar a los jugadores a una especie de homenaje forzoso a las víctimas. La victoria era la única alternativa después años de tropiezos. Más de 600 millones de euros en las últimas cuatro temporadas ha invertido el Manchester en consolidar un proyecto desde la jubilación de Alex Ferguson. Por el camino se agotaron dos entrenadores, Moyes primero y Van Gaal después. Mourinho alcanzaba el punto de ebullición después de meses de decepciones, litigios de vestuario y ocurrencias. La Europa League se transformó poco a poco en una suerte de escapatoria. Paul Pogba comenzó a hacerla posible con un gol en el minuto 19. Fue un gol fiero. Un tiro desde fuera del área que pegó en un central y confundió al portero. De rebote a la salida de un saque de esquina y a replegar. El estilo de este Manchester reflejado en un segundo.

El Manchester operó como una unidad de demolición. No es un equipo ordenado con el balón pero tampoco persigue dar más de cuatro pases seguidos. Su mejor virtud es aquello que exhibió en el inicio del partido. Disciplinado para defender posiciones, achicar espacios, armar líneas y perseguir contrarios, el grupo se desplaza sobre el campo con sentido comunitario. Como la cofradía bajo el paso de Semana Santa. A golpe de bastón, rezumando sudor y nervio. Más o menos así se ubicó el equipo inglés en campo rival. Durante los diez minutos iniciales el Ajax no encontró espacios para salir jugando en el bosque de piernas que se formó alrededor de su portería. Tratándose de jóvenes que recién se adentran en el profesionalismo, aquello pudo afectarles. No fue así. la resistencia de Klaassen, Schöne, De Ligt o Davinson Sánchez n o mostró signos de apocamiento.

La pareja de centrales del Ajax merece capítulo aparte. De Ligt tiene solo 17 años; el colombiano Sánchez, el más experto, no pasa de los 20. Ambos hicieron una demostración de pulso. Con el apoyo constante de sus compañeros, en movimiento continuo entre los carriles centrales y exteriores, los defensas fueron encontrando espacios para iniciar las jugadas. Sánchez bordeó la temeridad. Por momentos, todo el equipo giraba a su alrededor. Él asumió la responsabilidad con soltura en busca de un receptor libre. Estaban todos marcados y Sánchez avanzó conduciendo como quien lleva un señuelo. Cuando un jugador rival salía en su busca, el colombiano metía el pase al hueco que dejaba a la espalda.

Mourinho manteado por sus ayudantes.
Mourinho manteado por sus ayudantes.Phil Noble (REUTERS)

Dolberg se apaga

La tarea resultó ardua. Schöne y Klaassen, los volantes centrales, permanecieron cautivos de las persecuciones de Fellaini y Pogba. Al rescate acudieron Traoré y Ziyech, trazando diagonales hacia adentro. El efecto de batidora resultó eficaz. El movimiento y el toque rítmico, de banda a banda, abrió vías despejadas. Durante un momento el bloque del Manchester se resquebrajó. Pero no lo suficiente. Desde las primeras incursiones hacia la portería de Romero el equipo más tierno puso de manifiesto su inexperiencia en los últimos metros. Fue allí, en el dominio de Ander Herrera, donde el Ajax comenzó a perder la final. Su figura emergente, el nueve danés Kasper Dolberg, apenas pudo descargar balones. Bien atrapado entre el mediocentro y los centrales, el joven de 19 años no logró girarse. Mucho menos tirar a puerta.

Amontonado entre su área y el círculo central, el Manchester interrumpió las líneas de abastecimiento con la entrega fervosora de los equipos que se juegan todo en una hora. Mata y Herrera pusieron gotas de criterio en el remolino. En un avance que parecía inocuo, a la salida de un saque de esquina, Fellaini pasó a Pogba, Klaassen le dejó un metro para maniobrar en el borde del área, y el francés sacó la zurda. El rebote en Sánchez fue a gol.

El Ajax no se recuperó del palo. Sus largas y trabajadas posesiones se encauzaron hacia el jardín de Herrera, verdadero núcleo del entramado. Solo Traoré, un extremo con una pinta formidable, dio la impresión de amenazar a sus oponentes. Convencido en su misión reactiva, Pogba y sus compañeros contragolpearon cada vez con más margen. A la vuelta del descanso, tras conseguir un córner, acentuaron su ventaja. Mata lanzó desde la esquina, Fellaini hizo su tarea peinando la pelota, y Mkhitaryan lo remachó en la cara de Veltman. No hubo réplica. El Ajax se ahogó en su frustración.

El pitido final activó la parafernalia de José Mourinho. El mánager ganador se revolcó en la hierba, se hizo mantear por sus colaboradores, abordó al presidente de la UEFA, dio botes con la plantilla y ofreció el trofeo a la hinchada. Redimido en la última noche por la Liga Europa que tanto despreció.

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Sobre la firma

Diego Torres
Es licenciado en Derecho, máster en Periodismo por la UAM, especializado en información de Deportes desde que comenzó a trabajar para El País en el verano de 1997. Ha cubierto cinco Juegos Olímpicos, cinco Mundiales de Fútbol y seis Eurocopas.

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