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La banda alegre de Marcelo: 400 partidos en el Madrid

El lateral brasileño, el defensa con más asistencias en la Liga, contagia al vestuario y al juego con su energía positiva

Real Madrid - Barcelona Ampliar foto
Marcelo durante el partido de vuelta de cuartos de Champions contra el Bayern. AFP

De pequeño quería ser Roberto Carlos. Y portero. Por eso jugaba tan encantado al fútbol playa en la arena de Botafogo, porque podía tirarse sin hacerse daño. De mayor (28 años) es el segundo capitán del Real Madrid y el segundo extranjero de su historia con más partidos (400, por los 527 de Roberto Carlos; Di Stéfano alcanzó los 396). Sergio Ramos recordaba hace poco la llegada de Marcelo a Chamartín. Era enero de 2007. “La primera imagen es la de un chaval sin pelo con una cara de niño tremenda. Su prioridad siempre fue la sonrisa”. La sigue luciendo 10 años después.

El lateral izquierdo dejó sus sueños de portero y ha llegado a ser mejor incluso que su maestro Roberto Carlos, al que pedía consejos en el vestuario. Así lo reconoció a este periódico el propio Roberto Carlos: "Es el mejor lateral del mundo. Tiene más calidad y habilidad que yo". Desde 1996 hasta 2007, Roberto Carlos marcó 74 goles y repartió 44 asistencias; Marcelo ha sido menos pródigo de cara a gol (27 dianas), pero ha dado más pases de gol, 60, que el anterior dueño de la banda izquierda del Madrid.

Marcelo es la improvisación, la chispa del conjunto blanco. Siempre que el Madrid se encuentra atascado, le busca para que se invente algo. Un centro, un pase, una jugada por dentro. Un regate, un recorte. Incansable, se desdobla, cerca del banderín del córner o dentro del área pequeña. En la suya, a veces, se toma la libertad de hacer sombreros o regates a pocos metros del portero. Señal de extrema confianza en su calidad.

Exigido en ataque, a veces no llega a tiempo para trabajar en defensa. Contra el Bayern, en el Allianz y también en el Bernabéu en el partido de vuelta, en más de una ocasión tuvo que correr un compañero a taponar sus huecos. Las estadísticas, aún así, dicen que sólo hay un jugador que este curso recupere más veces el balón que Marcelo (146): Sergio Ramos (148). Las estadísticas dicen también que no hay defensa en esta Liga que haya dado más asistencias que el brasileño (ocho) y que tenga más centros que acaban en remate (37).

En sus 10 años en el Madrid, Marcelo ha jugado 400 partidos, y ha disputado el 88,9% de los minutos. Sólo tuvo una lesión seria, en otoño de 2012. Mientras estaba concentrado con la selección brasileña se rompió el quinto metatarsiano de un pie y estuvo de baja casi tres meses. En 400 partidos ha marcado 27 goles y dado 60 asistencias (47 de ellas en Liga). Siempre ha mantenido, además, un gran nivel de rendimiento pese a no tener apenas competencia en el lateral izquierdo. El reto, si acaso, fue convencer a Fabio Capello de que podía contar con él pese a ser un jovencito de 18 años que hacía virguerías en los entrenamientos. El técnico italiano siempre ha preferido futbolistas de empaque y experiencia que no se despistaran en ataque y estuvieran atentos en defensa. Cuando, en junio de 2007, el club le quiso vender para que se fogueara a los seis meses de llegar, Marcelo dijo que no se iba a ningún sitio. Quería demostrar que valía para el primer equipo.

“Es un jugador completo, podríamos hablar de fútbol y de lo que hace en el campo, pero a mí lo que más me gusta de él es sobre todo su carácter positivo, da energía positiva al grupo, siempre está bromeando y es bueno tener a alguien así en el vestuario”, decía ayer Zidane. Sólo se le ha visto llorar dos veces, a lágrima viva. Después de la Décima y de la Undécima. En Lisboa, según reconoció después, Marcelo se enfadó al verse relegado al banquillo. Carlo Ancelotti apostó por Coentrão de inicio y Marcelo, que venía de disputar cuatro partidos seguidos de Liga, no se lo esperaba. Entró en el minuto 60 y fue clave en la remontada del equipo. Lo celebró marcando el 3-1.

En San Siro sí jugó de inicio y dijo que tenía que dejarse el alma ya que dos años antes ansiaba jugar una final. El alma es la que también asegura haberse dejado para ser el segundo capitán del Madrid. El lateral brasileño pone la música, las bromas, los vaciles y la alegría en el vestuario, pero al mismo tiempo reclama su papel serio y responsable en el equipo.

Antes de cada partido, es Marcelo el que reúne a todos sus compañeros en una piña en el vestuario y arranca el grito de guerra que tiene el equipo antes de salir al terreno de juego. Es él, también, el que acude junto a Sergio Ramos a las reuniones con el presidente, Florentino Pérez, y al director general, José Ángel Sánchez, para tratar temas como las primas o los detalles de las pretemporadas.

Amante de los perros —tiene seis en casa—, Marcelo tenía a un ángel de la guarda en la familia, su abuelo, que falleció durante el Mundial de Brasil y del que siempre recuerda un detalle. Cuando él tenía ocho años, el abuelo dejó su trabajo de conductor para poder acompañar a su nieto a los entrenamientos. Vendió su coche y guardó ese dinero para comprar los billetes de autobús que les llevarían y traerían del campo de entrenamiento. “¿Cómo vas a vender un coche si no sabes si tu nieto va a ser futbolista? Para mí fue la prueba más fuerte”, contó Marcelo.

 

 

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