El Mónaco supera a un Borussia de Dortmund prisionero del estupor

Mbappé vuelve a descollar con dos goles en un partido en el que los alemanes estuvieron lejos de su mejor versión en un ambiente más alicaído de lo acostumbrado

Falcao grita el segundo gol del Mónaco tras golpeo en propia puerta de Bender, tendido en el suelo.
Falcao grita el segundo gol del Mónaco tras golpeo en propia puerta de Bender, tendido en el suelo.Dean Mouhtaropoulos (Bongarts/Getty Images)

Son profesionales bien remunerados, tienen una elevada cualificación y una capacidad más que probada para sobreponerse y ofrecer rendimiento en los ambientes más adversos, pero todo lo que ha rodeado al Borussia Dortmund en las últimas horas excede a cualquier tipo de adiestramiento. Ni 24 horas después de ser víctimas de un atentado terrorista, con el sonido de las explosiones en los tímpanos y el horror en la retina, seguramente con el sueño, el descanso y la concentración baqueteados por toda esa sinrazón y con un compañero herido, el equipo alemán se vio abocado a jugar un partido de fútbol, no uno cualquiera además. Seguramente así debe ser y la inercia de la rutina debe imponerse al miedo como primer paso para derrotarlo, pero ni siquiera el teutón Borussia Dortmund está integrado por mecanos sino por jóvenes que además practican un fútbol pleno de sentimiento que convierte casi cada partido en una experiencia que rezuma entusiasmo. Nada de eso ocurrió durante la primera parte ante el Mónaco y lo pagó. Fragil, insípido, sin la pegada que le caracteriza, abandonado además por la fortuna y víctima de los errores arbitrales, el Dortmund se aboca a una remontada en feudo visitante tras caer en el suyo, tantas veces inaccesible, por más que en la segunda parte recobrase bastantes de sus señas de identidad.

La desdicha alemana no puede ocultar la nueva demostración del Mónaco, el indiscutible tapado de la competición, un equipo magnífico que supo sobreponerse a ausencias que hubieran sepultado a cualquier equipo. Sin Bakayoko, un mediocentro de enorme peso, y sin Sidibé y Mendy, sus dos laterales titulares, dos puñales, el Mónaco volvió a alertar sobre sus condiciones. Ganó sin apenas sufrir, sin precisar el manejo de la pelota para dominar el partido. Lo llevó a su terreno sobre el césped y en el marcador en la primera media hora y luego gestionó la ventaja. Todo sucedía en un estadio con una atmósfera extraña, más aletargado que de costumbre, en el que la singular coreografía de la Südtribüne semejaba más mecánica que febril. No solo los futbolistas sufrieron un revolcón el pasado martes por la tarde.

El Borussia salió al campo a llevar a cabo su plan, pero le faltaron dos o tres marchas con balón, estuvo premioso con él y con un punto perezoso en alguna transición entre ataque y defensa que le penalizó. El Mónaco necesitó poco para desnudarle, apenas un balón del lateral Touré a la espalda de Sokratis, un diesel ante el turbo de Mbappé. Cometió penalti el griego, torpe para poner la mano sobre el torso de la promesa gala y ayudar al árbitro a tomar una decisión. Lo falló Fabinho, pero la acción desató al Mónaco, que en el cuarto de hora siguiente marcó dos goles y decidió el partido, el primero en flagrante fuera en juego de Mbappé, que pese a tratar de apartarse para no golpear la pelota, la empujó con el muslo a la red; el segundo tras remate en propia meta de Bender, el sustituto de Bartra en el once.

Bürki, portero del Borussia, calienta antes del partido con la camiseta de Marc Bartra.
Bürki, portero del Borussia, calienta antes del partido con la camiseta de Marc Bartra.Dean Mouhtaropoulos (Bongarts/Getty Images)

Todo lo que podía salir mal le salió peor al equipo que prepara Tuchel, pero encontró un reactivo en el descanso. Es probable que las consignas del estratega alemán se dirigieran a lo afectivo, pero también toco dos piezas. Entró Sahin para apoyar a Weigl en la arquitectura del equipo y Pulisic ingresó para exigir a Raggi, un central que operaba de postizo lateral. El equipo se enfebreció, entró en el partido y abrió la puerta a la grada. El centrocampista exmadridista dio claridad a las acciones, fabricó el gol que acortó distancias con más de media hora por jugar, un tanto tras una bella sinfonía coral en la que Aubameyang desarmó a la zaga monegasca con una espuela.

Ocurre que el Mónaco es menos cuanto más cerca juega de su portería. Sufrió por eso y porque su rival encontró la velocidad en el manejo y el desmarque de sus delanteros. El mismo equipo que en toda la primera parte generó cuatro ocasiones de gol logró generar cinco en el primer cuarto de hora de la reanudación. A esa altura ya parecía claro que el partido se le iba a hacer largo al Mónaco. Perdió el hilo respecto a Mbappé. Supo sufrir y no necesitó encontrarlo para casi sentenciar la eliminatoria. Se lo entregó de nuevo el Borussia en una mala entrega en la última línea entre Piszczek y Sokratis. Mbappé se interpuso y volvió a hacer una calcomanía de Thierry Henry en la definición. Indomables, volvieron a descontar al final los alemanes por mediación del nipón Kagawa. Nadie debería atreverse a dar por zanjada la eliminatoria.

Normas

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS