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La muerte de los nichos del Barça

El fallido negocio de los columbarios destapa las comisiones a un exdirectivo, la estafa millonaria de un empresario, y arrastra al club a un nuevo frente judicial

El cementerio de Les Corts y, al fondo, el Camp Nou.
El cementerio de Les Corts y, al fondo, el Camp Nou.

Iba a ser el gran salto adelante. La instalación de nichos para aficionados al fútbol había cuajado en estadios de clubes de Primera —Betis, Espanyol, Atlético—, pero el Barça era algo más: un negocio de 90 millones y la llave para internacionalizar los columbarios. El empresario Santi Bach, muñidor de esa comunión de fútbol y muerte, intentó vender la idea al Manchester City, al Corinthians… Pero mientras vaciaba (presuntamente) los fondos de la empresa, el proyecto del Camp Nou embarrancó, dejando en la estacada a socios e inversores y arrastrando al Barça a un nuevo conflicto judicial.

La historia del nonato Espacio Memorial FC Barcelona es una sucesión de despropósitos que está en manos de dos jueces de instrucción. Bach, administrador y tótem de Giem Sports, tenía tratos con Enric Alavedra, que es cuñado de Antoni Freixa, a la sazón secretario de la junta directiva y portavoz el Barça. Freixa trasladó al club la idea de negocio de Bach: habilitar un espacio para miles de urnas en un lateral del Camp Nou.

El exdirectivo dice que se limitó a hacer de puente. Pero la investigación en marcha —promovida por los inversores, que no han recuperado su dinero— ha revelado un supuesto conflicto de intereses. Entre 2011 (cuando la idea ronda los pasillos del club) y mayo de 2015 (cuando Bach, acosado por los socios, se ve obligado a dejar Giem Sports), Freixa cobró de la empresa 200.000 euros. En facturas genéricas y de importe idéntico. El exdirectivo sostiene que son pagos por “asesoramiento jurídico”. Pero una testigo, la exdirectora financiera de la compañía, le desmintió y dijo que eran “comisiones por haber dado el contrato del Barça”.

El proyecto nació, pues, envenenado aunque casi nadie conociera esas relaciones cuando Freixa lo presentó ante la prensa, en 2012. El estadio albergaría 30.000 urnas funerarias para satisfacer una “demanda histórica” —Freixa dixit— de socios y familiares de jugadores, que querían descansar eternamente en azul y grana. Por contrato, el club cedió a una filial creada expresamente (Espai Memorial Barcelonista) la construcción, explotación y gestión del espacio. A cambio, se embolsaría seis millones. Todos contentos. Y con una bala en la recámara: una comisión del 5% para el club por ventas internacionales. El City estuvo a punto de picar, pero abandonó cuando Bach le pidió, de entrada, tres millones de libras.

El empresario necesitaba dinero para el memorial del Barça. Lo halló entre los socios capitalistas de Giem Sports y en una veintena de inversores de Terrassa. “Tenía una labia increíble. Podía convencerte de cualquier cosa”, cuenta uno de los que le confió sus ahorros. Los inversores sabían que la iniciativa tenía el respaldo del club —el escudo del Barça estaba siempre presente— y compraban “paquetes” de columbarios con la idea de venderlos, más tarde, a los “usuarios finales”: los finados o sus familias. “Se vendieron unos 1.000”, explica un socio.

Pero el proyecto se encasquilló. El contrato se renovó varias veces, hasta que Barça y Giem Sports decidieron instalar un “espacio provisional” para las cenizas (en el cementerio de Les Corts) y dejar el columbario definitivo para la reforma del estadio: grandes murales que serán como “un viaje por la historia sentimental del Barça”, anunció el club en enero de 2014. La empresa, entre tanto, se fue a pique. Socios e inversores no vieron el dinero de vuelta y, en 2015, llevaron a Bach a los tribunales.

Los sentimientos

La documentación revela que Bach desvió, presuntamente, un millón de euros a su cuenta. Y que gastó dinero de la empresa en un coche y un chalé. El juez le ha citado dos veces a declarar como imputado. No ha acudido. Con Bach fuera de juego, los inversores dirigieron sus miradas al Barça para exigirle responsabilidades por su gestión.

José H., exsocio de Bach, abrió el melón. Ha logrado que un juez cite como investigado al Barça; a su presidente, Josep Maria Bartomeu (porque firmó la última renovación del contrato, en 2014) y a Freixa. Les acusa de estafa. Su argumento es fácil de entender: el club sabía que el proyecto no podía hacerse realidad y, aun así, mantuvo el contrato vigente e incluso cobró un millón como depósito. Su querella se apoya en un escrito del Ayuntamiento de Barcelona de marzo de 2013, en el que responde al club que el Camp Nou tiene la calificación de equipamiento deportivo y, por tanto, es “incompatible” su uso como espacio funerario.

El club afirma que se siente “perjudicado” en el caso por verse envuelto en un conflicto y judicial por el “uso indebido de la marca” Barça. También, porque se han visto defraudadas sus expectativas de negocio, de cuya gestión "era responsable la empresa", defienden fuentes de la entidad azulgrana.

Cuando la imputación de Bach salió a la luz, el club dio por finiquitado el proyecto. La web del Espacio Memorial no existe. El teléfono para contratar nichos “no corresponde a ningún usuario”. Un socio lamenta el final de la historia: “Aquí no hemos vendido jamones, sino nichos. Hay en juego sentimientos”. Y advierte de que el club deberá buscar un lugar en el nuevo estadio para depositar las cenizas de los que ya han muerto. Se refiere a Nicolás, Àngel, Romà y Misael. Sus restos reposan en el cementorio de Les Corts. Solitarios y provisionales. Pero junto al escudo del Barça.