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Estos han sido los momentos de Luis Enrique al frente del Barcelona

Desde Anoeta a París, ocho títulos y dos crisis para un técnico que quiere más

Luis Enrique, en el banquillo del Camp Nou. Ampliar foto
Luis Enrique, en el banquillo del Camp Nou. REUTERS

En su anuncio de despedida, que fue breve y sin preguntas, la noche de un miércoles atípico, con partido de Liga, Luis Enrique, quiso agradecer al club la confianza que había depositado en él a lo largo de su carrera. Han sido tres las ocasiones en la que el asturiano se ha presentado a las puertas del Camp Nou. La primera, como jugador. La segunda, como técnico del filial del Barcelona (de 2008 a 2011). La tercera, como entrenador del primer equipo, tras irse a Italia para dirigir a la Roma y recalar en el Celta después. Un año antes Zubizarreta ya había intentado traérselo de vuelta a la ciudad condal. Pero tuvo que pasar una temporada más, un curso no demasiado brillante con Tata Martino. Era la temporada 2014-2015. Y el club azulgrana pareció tener clara su apuesta: querían recuperar la esencia del equipo; Lucho, que conocía el club, tenía lo que en La Masia llaman “cultura Barça”, garantizaba la continuidad del modelo de juego y sabía a qué querían jugar.

Sigue sabiéndolo ahora, pero, dice el técnico, no juegan contra cero, juegan contra 11. Y los rivales cada vez les presionan más arriba, lo que ha modificado el estilo de los azulgrana, que se dejan llevar cada día más por su arrebatador tridente y menos por su gloriosa medular. Agotado, cansado de idear soluciones, el asturiano ha querido poner fin a su etapa en el Barça, a “tres años inolvidables”. Estos han sido los momentos más significativos desde su llegada:

Luis Enrique, durante el entrenamiento del Barça. ampliar foto
Luis Enrique, durante el entrenamiento del Barça. EFE

La noche negra de Anoeta. A la vuelta de las vacaciones de Navidad, tras medio año dirigiendo al equipo y dejando su sello, la Real se le atragantó al Barcelona. En la visita a Anoeta Luis Enrique decidió dejar en el banquillo a Messi. Aunque el argentino salió en el segundo tiempo, como Neymar y Alves, también suplentes aquel día, nada pudo hacer para evitar la derrota (1-0). Piqué y Rakitic tampoco estuvieron en el once inicial. Después de aquel partido se produjo un cisma entre el técnico y la estrella del equipo, que no se presentó al entrenamiento del día siguiente, a puerta abierta por ser vísperas de Reyes. Dijo que tenía gastroenteritis. Mathieu desveló en una entrevista que días antes el 10 había perdido las formas con el entrenador. A la derrota en Anoeta le había precedido el anuncio del Tribunal de Arbitraje del Deporte (TAS), que confirmaba la sanción de la FIFA que prohibía al club fichar hasta 2016. Y el director deportivo, Andoni Zubizarreta, fue destituido tras ser consultado por el asunto en televisión; el presidente, Josep Maria Bartomeu, decidió convocar (las ganaría) elecciones anticipadas.

El triplete y el abrazo con Messi. De la debacle de Anoeta, el equipo se fortaleció con el paso del tiempo. Xavi, entonces capitán, encabezó a un grupo de jugadores que le leyó la cartilla a Messi. Había que recuperar la armonía en el vestuario como fuera. “Desde Anoeta cambió todo”, llegó a decir el rosarino, que habla poco, pero hila fino, al cabo de unas semanas. Y se demostró. En mayo eran los líderes de la Liga, por delante del Madrid. Y a primeros de junio llegaron a Berlín para ganar ante la Juve (3-1) su quinta Champions con los títulos de Copa y de Liga en el bolsillo. Lograron el triplete y se convirtieron así en el único equipo de fútbol de la historia que lo ha ganado en dos ocasiones. Messi lo celebró brindándole un sincero abrazo al entrenador con el que se había enfadado a primeros de año. La paz estaba sellada. El Barça ya no tenía que preocuparse por su futuro.

El Barça pierde la Supercopa. Apenas tres días después de conquistar la Supercopa de Europa contra el Sevilla, en Tbilisi, en un partido que se decidió en la prórroga (5-4), el Barcelona se plantó en San Mamés con la aspiración de llevarse los seis títulos posibles en un año natural. Pero el Athletic de Valverde le pasó por encima. Triplete de Aduriz y un 4-0 con el que el partido de vuelta se ponía muy difícil para un equipo poco dado a las remontadas épicas. Perdió en el Camp Nou (1-1). Era el primer título que se le escapaba al Barça de Luis Enrique que, hasta la fecha, ha logrado ocho de diez.

Messi celebra su gol en la final ante River.
Messi celebra su gol en la final ante River. AP

Campeón del mundo. Pero, mejor ir por partes. El quinto título sí llegó. Lo consiguió en Japón el equipo de Messi, que tuvo al barcelonismo pendiente de sus piedras en el riñón y de sus visitas al baño en los días previos. Se perdió la semifinal, pero guio a sus compañeros en la final del Mundial de Clubes (la tercera para el Barcelona) ante River Plate (0-3). Él y Suárez, que con cinco goles en total se convertían en los máximos artilleros de la competición, fueron los goleadores.

Récord de imbatibilidad. En un partido de Copa del Rey, vuelta de las semifinales contra el Valencia en Mestalla, de la temporada 2015-2016, Luis Enrique superó el récord de imbatibilidad de Pep Guardiola (2010-2011). Y terminó logrando que el equipo estuviera 39 partidos sin perder. El récord arrancó tras perder contra el Sevilla en el Pizjuán (2-1) y acabó con una derrota ante el Madrid en el Camp Nou (1-2). Dolorosa, la caída. Fue el día que se rendía homenaje a Johann Cruyff.

La mejor plantilla. Olvidada ya la prohibición de la FIFA, que sancionó al Barcelona y le alejó del mercado de fichajes desde septiembre de 2014 hasta enero de 2016, incorporados al juego en invierno futbolistas como Arda y Aleix Vidal, el equipo se reforzó en verano a golpe de talonario. Llegaron Gomes, Alcácer, Umtiti, Digne, Cillessen, Denis Suárez, unos 123 millones invertidos en total, el mayor dispendio de los últimos años. A primeros de agosto, Luis Enrique arrancó el curso con optimismo: “Es la mejor plantilla que he tenido en el Barcelona. Es maravillosa”. Claro que, lo dijo antes de reconocer que seguía insistiendo en la necesidad de fichar un 9. El club negociaba con el Valencia por Alcácer, que llegó. Por 30 millones. Y ha jugado mucho menos, incluso, de lo que imaginaba, que ya era poco.

Los jugadores del Barça se lamentan en París.
Los jugadores del Barça se lamentan en París. REUTERS

La debacle de París. Puede que no fuera la peor crisis, a tenor de lo vivido en Anoeta y en los días posteriores, pero seguramente fue la derrota más dolorosa: el Barça recibió un correctivo en el Parque de los Príncipes, ante el PSG, encajó cuatro goles, apenas encontró la portería y anduvo perdido durante todo el partido, como si hubiera olvidado cómo se juega. El 4-0 de la ida no solo puso muy difícil pasar a cuartos de final de la Champions (la vuelta se juega en el Camp Nou el próximo miércoles día 8), sino que sacudió a la entidad de arriba abajo. Aquella noche Luis Enrique recibió críticas por su planteamiento táctico de dos de los pesos pesados del equipo (Iniesta y Busquets) y, en Messi salvó in extremis y de penalti el siguiente partido de Liga (2-1 ante el Leganés). Ni siquiera celebró el gol.

El adiós. Como ya ocurriera tras aquel fatídico encuentro contra la Real, el Barça pudo resarcirse gracias a una victoria contra el Atlético de Simeone (1-2), partido, además, en el que el técnico experimentó nuevas variantes tácticas con un 3-4-3 que volvió a utilizar para golear al Sporting (6-1) con más eficiencia que fútbol. Recuperada la calma tras la tormenta, anunció su renuncia a renovar el contrato con el Barcelona. “Quedan tres meses apasionantes”, sentenció. No lo sabía cuando hablaba, pero el empate del Madrid les situaba líderes de la Liga. La pelearán hasta el último momento. Ahora se sienten más capaces de ganarla. Y su técnico les ha espoleado con un abrupto excepcional. Habrá que empezar este sábado por el Celta. La Copa está a tiro. Y para la Champions tendrán que alinearse los astros, claro. Ya avisó Luis Enrique.

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