Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

El Eibar arrolla al Málaga

El equipo armero apela a la solvencia para seguir soñando con metas europeas

Enrich marca el tercer gol.
Enrich marca el tercer gol. EFE
LaLiga Santander Jornada 24

FINALIZADO

Nada acredita más a un equipo sin posibles que ser un equipo solvente. Algo así como el sano ejercicio de la economía familiar, la gestión de los recursos, de la invención, el milagro, el atrevimiento y de la ropa vieja, un arte que cultivan los mejores cocineros. El Eibar tiene el don de la insistencia, la virtud de la fe y el sacrificio como homenaje a esa cruz que luce en su escudo. Todo lo contrario que el Málaga, que exhibió en Ipurua una mirada lánguida, una caída de ojos como de después de una siesta, a pesar de haberse plantado en el campo con bases sólidas.

Eibar, 3 - Málaga, 0

Eibar: Yoel; Capa, Ramis (Dos Satos, m. 78), Lejeune, Arbilla; Escalante, Dani García; Pedro León (Bebé, m. 82), Adrián, Inui; y Sergi Enrich (Rivera, m. 68). No utilizados: Areitio, Luna, Rubén Peña y Josué.

Málaga: Kameni; Rosales, Luis Hernández, Miguel Torres, Juankar; Duda (Charles, m. 57), Llorente; Keko (Ontiveros, m. 53), Fornals, Jony (Villanueva, m. 73); y Santos. No utilizados: Boyko, De Michelis, Chory Castro y Peñaranda.

Goles: 1-0. M. 43. Adrián. 2-0. M. 50. Adrián, de penalti. 3-0. M. 52. Sergi Enrich.

Árbitro: Estrada Fernández. Expulsó a Rosales (m. 70) por doble amonestación. Tarjetas amarillas a Capa, Ontiveros, Miguel Torres y Bebé.

Unos 5.000 espectadores en Ipurua

Pero el Eibar engaña. Parece que no encuentra el sitio, ni el toque, ni la asociación y, por lo tanto, ni el peligro, ni el remate. Parece que se enreda, que si Arbilla, derecho jugando por la izquierda, no llega a donde debe llegar; que si Inui, derecho jugando por la izquierda, no acaba lo que empieza; que si Adrián no encuentra ni el balón ni su sitio; que si Enrich se vacía como si al mar le hubieran quitado el tapón de la bañera. La monotonía a la que le conducía el Málaga con Llorente de medio centro impidiendo en el juego aéreo las segundas jugadas, las caídas en las que se basa una parte del juego ofensivo del Eibar. El resto parecían fantasmas arrastrando sus cadenas, o sea persiguiendo las sombras de sus oponentes.

Pero al Eibar le soltó las cadenas Capa, un lateral libre, poderoso, animoso y de buen tacto. Él era el impulso, la energía. Jony no podía con él. Y Capa, que es un portento físico, abrió el tarro de sus esencias y se marcó un pase al primer toque que dejó solo a Enrich para asistir a Adrián en el primer gol. Por milímetros era fuera de juego de Enrich, esa mínima distancia que el ojo es incapaz de juzgar a la velocidad que va el balón jugado al primer toque.

Es la chispa del Eibar, el equipo que parece convivir con la monotonía y de repente se suelta el pelo. El Málaga hizo una mueca más que de desagradado. Había defendido con orden y se encontró con un gol en cuanto hubo una jugada de cuatro toques. Y ya en pleno carnaval, en siete minutos, llegó el penalti a Pedro León, inapelable, que Adrián marcó con la precisión de un joyero. Y luego el tercero en un centro de Arbilla, con la izquierda, que Enrich cazó a la carrera, con tres jugadores del Eibar esperando el remate.

El desfile había terminado. Lo que quedaba es eso que la gente no ve porque ya solo disfruta de lo que ha visto. Se quejó con razón, el Málaga, de un fuera de juego inexistente de Santos (que aún así disparó a la cruceta), y el Eibar -antes del segundo gol- de un fuera de juego que no era de Enrich como peniteciando el primer gol. Los tres goles, unidos a la expulsión de Rosales, convirtieron el resto en una penitencia malaguista. Y el Eibar que sigue soñando con que su solvencia, primer objetivo le transporte al segundo, la permanencia, ya prácticamente asegurada, o al tercero, esa puerta de Europa que se entreabre dejando pasar la luz, por si no se pone el sol.

Puedes seguir Deportes de EL PAÍS en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.