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España vence a Macedonia y evita el estrés

Los de Ribera, invictos, neutralizan el desgobierno (29-25) y ahora les vale con empatar ante Eslovenia (20.45, Tdp) para finalizar como primeros de grupo y evitar así a Francia hasta una hipotética final

Valero Rivera celebra un gol.
Valero Rivera celebra un gol. AFP

Por instantes, España cayó en la tentación. Sucumbió a la desgobernada propuesta de Macedonia, al toma y daca facilón, pero finalmente recuperó la consciencia y reaccionó otra vez a tiempo. En consecuencia, cuatro triunfos en otros tantos compromisos, invicta, luego hoy (20.45, Teledeporte) la escena se presenta mucho más amable, sin grandes urgencias: le vale con empatar frente a Eslovenia para concluir como primera de grupo y evitar una colisión con la todopoderosa Francia antes de lo deseado.

Fue una noche de claroscuros, de aciertos y errores. Una velada en la que se cumplió la teoría de la manta, porque cuando España quiso arroparse y ajustarla hasta la nariz, en estos días tan gélidos, se dejó los pies al aire y eso la enfrió. Es decir, hizo relativamente bien lo que a priori tenía que hacer, que era intentar tapar la bazuca de Kiril Lazarov y al fornido Stojanche Stoilov, pero en ese propósito defensivo se descuidaron las transiciones y se cayó en la precipitación. Poco a poco, el pulso se transformó en un correcalles que solo le podía interesar a Macedonia, mucho más productiva en el caos.

Sabía España que al preparador rival, Lino Cervar, le gusta exprimir la nueva normativa y atacar con todo jugadores de campo, sin portero, pero le costó abortar ese plan. Se generó un agujero, empezó a entrar la brisa y en consecuencia, comenzaron los estornudos y esos goles kilométricos de un lado a otro; espectaculares, sí, pero que al fin y al cabo minimizan el juego colectivo y lo simplifican en exceso, como si el marco no fuese un Mundial, sino más bien un patio escolar. Todo se reduce a una cuestión de reflejos en los relevos y se producen situaciones un tanto absurdas.

El estrés perjudicó a España, que se reenganchó al partido en cuanto hubo igualdad numérica y de verdad se podía combinar. Ahí sí, en el desarrollo clásico, sin el experimento de la Federación Internacional (IHF) —será cuestión de acostumbrarse—, no hubo comparación. Ahí sí, España activó el turbo y Valero Rivera (11 tantos) comenzó a volar. Desde el costado, por el centro; por todos lados percutía el extremo, un volcán en erupción. Se llegó al descanso con igualdad, 14-14, pero la selección de Jordi Ribera fue durante un buen rato a remolque y se lo tuvo que trabajar.

Pero a la que logró gobernar el duelo, cambió radicalmente la situación. Álex Dujshebaev, soberbio, capitalizó el tiro exterior y demostró su efervescencia, porque este jugador debe ganar peso y ser un referente a corto plazo, si no ya. Además regresó el capitán Raúl Entrerríos para añadir una dosis de orden. Y así, poco a poco, a Macedonia se le acabó el combustible por las escasas rotaciones y España se serenó. Se templó y encedió el calefactor. Selló las ventanas y cortó la ventolera para evitar un constipado. Terminó con la manta en el punto exacto, ni demasiado arriba ni demasiado abajo. Nariz y pies tapados.

ESPAÑA, 29 - MACEDONIA, 25

Macedonia: Trajkovski (1); Georgievski (3), Mirkulovski (4), Velko Markoski (-), Nikola Markoski (5), Stoilov (3) y Manaskov (2) —equipo inicial— Kolev (ps), Kiril Lazarov (6, 2p), Mitkov (-), Drogrishki (-), Taleski (-), Filip Lazarov (-), Ojleski (-), Popovski (-) y Neloski (1).

España: Pérez de Vargas; Víctor Tomás (2), Gurbindo (-), Sarmiento (3), Cañellas (1), Angel Fernández (2) y Aginagalde (-) —equipo inicial— Corrales (ps), Rivera (11, 5p), Entrerríos (-), Dujshebaev (5), Morros (1), Gedeón Guardiola (1), Goñi (1), Balaguer (1) y Figueras (1).

Marcador cada cinco minutos: 1-2, 4-4, 5-8, 8-9, 12-11 y 14-14 (Descanso). 15-14, 17-18, 19-22, 22-24, 22-28 y 25-29 (Final).

Árbitros: Gatelis y Mazeika (LTU). Excluyeron por dos minutos a Velko Markoski, Mirkulovski, Morros y Entrerríos.

Les Arenes de Metz. Unos 5.000 espectadores.

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