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Rins, el aspirante de la mala fortuna, acecha a Zarco en Motegi

El español, piloto oficial de Suzuki en 2017, llega al gran premio de Japón a un punto del líder de Moto2, tras un año repleto de contratiempos y remontadas épicas

Alex Rins, en acción en el circuito de Motegi. Ampliar foto
Alex Rins, en acción en el circuito de Motegi. EFE

Alex Rins no empezó el campeonato como imaginaba. Aunque difícilmente hubiera soñado tampoco con este dramático final. Para bien o para mal tendrá poco que reprocharse al final del año. Este jueves por la mañana llegó al circuito de Motegi dispuesto a dar guerra. Pero, como ha ocurrido en los últimos grandes premios, el infortunio y los problemas físicos le persiguen. Debía presentarse triunfante en la pista, ante su rival, Johan Zarco, ese al que acecha desde la República Checa, cuando empezó a recortarle puntos a una velocidad inusitada –con un segundo puesto en Brno, un séptimo en Silverstone, otro segundo en Misano y un sexto en Aragón le recortó 35 puntos y ha llegado a Japón a solo un punto del francés, el campeón y el líder de Moto2–. Pero, de nuevo, empezó el fin de semana de manera desastrosa. Esta vez, con una caída.

El día en que debía sacar pecho, jugar con la psicología para empezar por derrotar a Zarco fuera de la pista, Rins acabó dando con sus huesos sobre el asfalto. Mal asunto. Porque, aunque no fue más que un golpe, llueve sobre mojado para el de Barcelona (20 años y piloto oficial de Suzuki en 2017), que se rompió la clavícula a mitad de temporada y tuvo que ser operado. Este viernes cayó sobre esa maltrecha clavícula. Apenas acertó a reconocer, después de recibir tratamiento, que tenía “mucho dolor”. Si bien, es probable que salga airoso en carrera de este contratiempo. Ya lo ha hecho antes. En los últimos grandes premios, cuando le ha dado un giro a este campeonato que Zarco parecía tener ganado, corrió primero con la clavícula recién operada –en el gran premio de Gran Bretaña– y luego con una gastroenteritis y un cuadro febril que lo dejaron atontado en Aragón.

“Empecé el Mundial con un drive trough en Qatar [fue penalizado por saltarse la salida, pero acabó octavo], luego en Mugello salí el último de la parilla [fue sancionado tras una formación de parrilla caótica; terminó séptimo]; y cuando tuve esa caída entrenando, en la que me fracturé la clavícula, lo primero que me vino a la cabeza fue: adiós mundial, ¡qué hago yo con mi vida! Cuando fui a la Dexeus y me dijeron que estaba rota se me cayó el mundo encima. Después de todo el sacrificio hecho hasta entonces, ver que se fastidiaba con una caída con una moto de 100cc… Pero intenté llegar a Silverstone animado, con ganas de rascar algún punto. Y, al final, terminé séptimo”, recuerda.

“Luego, poco a poco, he ido recortando puntos a Zarco. Que él fallara en Gran Bretaña me ayudó mucho”. Aquel fue el día en el que Rins corría casi recién salido del quirófano: “Llegar a Silverstone con la clavícula recién operada ya pone algo nervioso a tu rival”, asume con una discreta sonrisa. Parece vulnerable, pero no lo es. Y su juventud no le exime de haber sufrido lesiones duras. Aún no se ha subido a una MotoGP, lo hará el año que viene, pero supo demasiado pronto lo que era el síndrome compartimental, una dolencia que suele afectar a los pilotos de la categoría reina, que soportan frenadas más exigentes. Tuvo que operarse ya el año pasado: “Me apareció en Moto3. Tenía muchos problemas con los brazos, pero pensaba que no sería nada. Cuando di el salto a Moto2, sentí molestias en Argentina, y al cabo de cuatro o cinco carreras me bajaba de la moto llorando: tenía cero fuerza para abrir los dedos, para mover el brazo. Después de Mugello decidí operarme del brazo izquierdo, y justo después de Brno me operé el derecho; el dolor era inhumano”, confiesa.

Dicen que su estilo al manillar se asemeja al de Lorenzo: fino en la trazada, dulce en los cambios de dirección. Es atrevido. Y de los más inteligentes en la pista. Cuenta que lo que más le gusta de Moto2 es el embudo que se monta en la salida, porque si está en la tercera fila, por ejemplo, y en dos vueltas logra ir primero o segundo… “es muy satisfactorio”. Lo que más le cuesta son las sesiones de clasificación. Le gusta rodar solo. Y eso en Moto2 no se lleva. Hay casi una treintena de pilotos y todos buscan una rueda. De ahí que se haya aficionado a las remontadas. Para firmar por Suzuki le pidió consejo a Viñales, con quien se jugó (y perdió, en la última curva de la última vuelta) el título de Moto3 el año 2013. Aunque lo tenía clarísimo: “Se veía desde fuera que la moto iba perfecta. Y me enamoré del proyecto que nos presentaron”, afirma.

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