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El deporte olímpico de opinar

Durante los Juegos todos sabemos de todo y nos arrogámos el título de entrenador en cada disciplina

Djokovic, tras caer eliminado
Djokovic, tras caer eliminado REUTERS

Los Juegos avanzan y ya hemos podido comprobar como el deporte provoca sonrisas y también lágrimas porque no perdona a nadie, ni siquiera a los más grandes. Una de las imágenes que dejará Río será la de Novak Djokovic abandonando la pista entre sollozos, seguramente buscando explicaciones a por qué se le escapó lo que más quería. Domina el circuito ATP con una superioridad tremenda desde hace cinco años y buscaba igualar a Agassi y Nadal como jugadores que atesoran los cuatro torneos del Grand Slam y el oro olímpico, pero a la primera Del Potro, reeditando lo ocurrido en Londres, se cruzó en su camino. Los grandes también tropiezan.

El Olimpo abre las puertas a unos y se las cierra a otros y por ese camino va la Brasil de fútbol, si no los remedian los dioses; o la gimnasta estadounidense Gabriele Douglas, que ha visto como una compañera de selección le ha arrebatado antes de lo previsto la gloria en un deporte en el que el relevo avanza siempre a pasos agigantados.

Simone Biles surgió hace un par de años para agigantar su figura de 1,45m y tiene enamorado a todo su país por su simpatía, por una historia personal tremenda que le ha llevado a ser criada por sus abuelos, a los que llama papá y mamá ante los problemas con las drogas de sus progenitores y, sobre todo, por su gran capacidad deportiva. Esto último y la devoción de sus compatriotas lo comparte con la nadadora Katie Ledecky aunque, en su caso, su entorno es bien distinto porque viene de una familia más que acomodada. Nadie le hace sombra y ni sus entrenadores son capaces de explicar cómo es capaz de dominar el agua de esa manera. Dos mujeres, dos caminos para llegar al triunfo.

En los Juegos todos sabemos de todo y nos arrogámos el título de entrenador en cada disciplina

Ellas se llevan los elogios y otros aguantan las críticas; porque si algo provocan las citas olímpicas es que todos sepamos de todo, arrogándonos el título de entrenador de cada disciplina, máxime si ejercemos la opinión desde el anonimato que, en muchos casos, tienen las redes sociales.

Soy amante de esta forma de comunicación e información pero quizás porque lo he sufrido o, simplemente, porque me gusta hablar y que me hablen a la cara, no soporto al que se esconde para opinar haciendo daño. Valorar y ejercer la crítica constructiva es bueno, perder el respeto a los deportistas que están haciendo su trabajo o descalificar sus actuaciones, no. Leer ciertas cosas, por ejemplo, tras la primera derrota de la selección de baloncesto ha sido tremendo.

¿Se puede descalificar a Djokovic por haber perdido ante Del Potro? ¿Sigue siendo o no sigue siendo el mejor? Biles o Ledecky son las más grandes pero un día, por cualquier motivo, también pueden tropezar. ¿Alguien dirá en ese caso ‘qué malas son’? El que sepa y ame el deporte, seguro que no.

Que nadie olvide que son personas que suman años de trabajo para poder estar en unos Juegos, porque llegar hasta aquí no se regala. Por eso disfrutemos, admiremos a los que luchan y sintámonos decepcionados si se cae. Riamos y lloremos como nuestros ídolos, pero desde el respeto y aparcando ese deporte tan nacional que es la crítica maliciosa.

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