Sierra Nevada, reducto de Mireia

La nadadora española preparó los Juegos en la estación de montaña, a 2.000 metros de altura, sometiendo a su cuerpo al estrés para fomentar la recuperación muscular

Mireia Belmonte, subiendo a Sierra Nevada.
Mireia Belmonte, subiendo a Sierra Nevada.PEPE MARIN (EL PAÍS)

Mireia Belmonte se levanta a la hora en que los rebaños de cabras montesas se amontonan en la carretera que sube del pinar al Centro de Alto Rendimiento Deportivo de Sierra Nevada. Los animales abandonan el valle por los roquedos cuando la nadadora sale de la cámara isobárica en la que duerme para emprender otra jornada a falta de un mes para los Juegos Olímpicos de Río. El sol todavía no se asoma sobre la montaña y la residencia de deportistas registra una actividad frenética. Nadadores japoneses, luchadores húngaros, atletas polacos y ciclistas españoles recorren los pasillos mientras la chica de Badalona se monta en la bicicleta estática, tira un poco de remo, activa el cuerpo durante media hora y acude al comedor a tomar su ración de cereales, leche y fruta. Se ajusta las zapatillas rosadas y se sube a la furgoneta que transporta al grupo de chicos y chicas hasta la barrera que delimita la zona protegida del Parque Nacional.

Son las 9:30 y la sensación de fatiga constante, de sueño inútil, vuelve introvertidos a los nadadores. El silencio del desayuno contrasta con las risas de la noche. A la intemperie, el aire de la montaña y la visión de los espacios profundos los aparta de la rutina del agua. Una mañana sin viento es una mañana extraña en la ladera del pico Veleta. Recién iniciado el verano el majestuoso pliegue no deslumbra por la nieve y el hielo derretidos sino por el brillo del cuarzo incrustado en la mole de roca parda, que refleja la luz desde millones de cristales. “¡Mimi! ¡Tienes 20 segundos para hacerte una foto!”, le dice Fred Vergnoux, el entrenador y el líder espiritual de la expedición.

A sus 25 años, Mireia, la mejor nadadora española de todos los tiempos, doble plata en los Juegos de 2012, Mimi para sus compañeros, no necesita órdenes que la apremien. Va disparada. El reloj dicta su ley desde que comenzó a entrenarse regularmente hace casi 20 años. “Sé los días que quedan para los Juegos porque lo veo en las redes sociales”, dice. “Pero no voy contando los días sino que parto mi día en los entrenamientos. Hoy, correr a tope y olvidar que después tengo una serie de fondo bastante dura antes de comer. Y mientras nado me debo olvidar que tengo pesas y luego trabajo con bañador de competición por la noche. Esta rutina me ayuda para cuando en Río tenga más de una prueba. Me ayuda a concentrarme en el momento. No puedo pensar en lo que vendrá”.

Javier Argüelles monitoriza la preparación física de la nadadora en Granada. "Tienes que entrenar la capacidad de recuperación del músculo", explica Argüelles, que, junto con Vergnoux, ha desarrollado un modelo de entrenamiento específico para cada nadador del grupo. "Por eso se introducen estímulos más fuertes. La mayor característica de Mireia es su facilidad de recuperar. Mireia entrena mucho porque recupera muy bien. Para recuperar muy bien hay que estresar el músculo para que ponga en funcionamiento todos los mecanismos de recuperación. Si no lo estresas y estás siempre recuperado, y entrenas algo suavito, no aprendes a recuperar. Al musculo hay que estresarlo. Con la carrera por el Veleta buscas ese plus, ese estrés, esa carga a la que no estás acostumbrado. No hay que verlo solo como un ejercicio para fortalecer las piernas. No se entrena aisladamente por compartimentos. Todo influye. El esfuerzo metabólico es muy interesante para los nadadores: tiene exigencias de potencia, exigencias aeróbicas, tienes menos oxígeno, subes más… Es una exigencia fisiológica muy dura".

En 40 minutos Mireia sube corriendo por la pista que conduce al observatorio y baja. Ocho kilómetros de carrera solitaria, arriba por rampas empinadas a más de 2.000 metros de altura, con menos oxígeno del habitual, y abajo, frenando, para estimular todas las fibras de las piernas, los músculos excéntricos y los concéntricos. Unas 130 pulsaciones mientras se escapa sola del pelotón femenino para seguir de cerca a Antonio Arroyo, el mejor fondista del equipo olímpico español.

En 2012 tenía la edad perfecta para ganar la plata y ahora tengo la edad perfecta para ganar el oro”

“Cuando subes te olvidas de la subida”, dice. “Vienes aquí para entrenar. No tienes distracciones. No hay centros comerciales. Por la noche el rollo es zen. Ves el atardecer. Todo en silencio. ¡Es una pasada! Estamos un mes así. Decimos que bajamos a Granda y bajamos a la civilización. Si no es por el móvil no sabes lo que pasa en el mundo exterior”.

A las 11:00 todos están en la piscina para una sesión que combina la resistencia con la velocidad. Primero, un calentamiento de un par de kilómetros. Después, ocho series de 800 metros de nado libre en “progresivo”, como dice Vergnoux, esto es, aumentando el ritmo y descansando un minuto únicamente entre cada 800. Mireia sale diez segundos después que Antonio, que ejerce de ‘liebre’ en la misma calle. A una velocidad que va de los 37 a los 33 segundos cada 50 metros. Durante algo menos de hora y media.

Antonio se descuida y Mireia es tan obstinada que acaba recuperando los diez segundos que los separan. Quince metros. Contra un hombre. Es una pequeña hazaña. “¿Se nota mucho?”, dice, con una risa pícara, al salir de la batidora, cuando le preguntan si necesita ser siempre la primera, incluso en las prácticas más rutinarias. Su instinto competitivo resulta indisimulable. Al punto que, cuando era una niña, medio en broma, medio en serio, le llamaban ‘La Leona de Badalona’.

“Cada uno nace donde toca, no puedes elegirlo”, afirma, sobre su origen suburbial. “Yo estoy encantada de haber nacido en Badalona, en un barrio humilde y trabajador. Mi familia es así. Y creo que a lo mejor por eso el carácter lo fijas de otra manera que si tienes una vida más acomodada”.

“Para ganar una medalla olímpica tienes que tener ese deseo de querer más”, dice, “ser inconformista, buscar la perfección, y quedarte día a día, semana a semana, en lugares como Sierra Nevada. Eso te hace plantearte nuevos retos”.

Los desafíos son descomunales. Como hizo en Londres 2012, en Río Mireia nadará uno de los programas más cargados; los 200 y los 400 metros estilos; los 800 y el 400 metros libre; y los 200 metros mariposa. Con el agravante de que solo una vez en la historia olímpica una nadadora ganó alguna de estas pruebas con 25 años o más. Se llamaba Michelle Smith, fue campeona en 1996 y luego la sancionaron tras dar positivo por androstenediona.

El 10 de noviembre Mireia cumplirá 26 años y sabe que la edad amenaza su capacidad de recuperación y su resistencia. Ella, sin embargo, lo afronta con optimismo: “El oro de los 200 mariposa de Londres se me escapó en los últimos metros y es una motivación...”, explica la catalana. “En 2012 tenía la edad perfecta para ganar la plata y ahora tengo la edad perfecta para el oro”.

Mimi salió de la piscina a las 11 de la noche. Exhausta, echó unas risas con sus compañeros mientras se comía un plato de pasta (y tres flanes de postre), y se fue derecho a la cámara isobárica.

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Sobre la firma

Diego Torres

Es licenciado en Derecho, máster en Periodismo por la UAM, especializado en información de Deportes desde que comenzó a trabajar para El País en el verano de 1997. Ha cubierto cinco Juegos Olímpicos, cinco Mundiales de Fútbol y seis Eurocopas.

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