Para la selección de Brasil no hay término medio

El equipo dirigido por Rogério Micale y liderado por Neymar se fija como único objetivo la conquista de un oro olímpico que siempre les fue esquivo

Neymar, en un entrenamiento de la selección Sub-23.
Neymar, en un entrenamiento de la selección Sub-23.Fernando Bizerra Jr. (EFE)

Para Neymar era una prioridad y por eso se decantó por los Juegos Olímpicos y no por la Copa América cuando el Barcelona le negó participar hace unos meses en las dos competiciones veraniegas. “Eso era demasiado, venía de una temporada muy exigente y con bastante desgaste”, aclaran desde el club azulgrana. Y, aunque la Confederación Brasileña presionó de lo lindo al enviar un comunicado donde afirmaba que llegaría hasta el final para contar con el delantero en los dos eventos, el jugador acató la resolución del club sin lamentos. “Prefería los Juegos, le hacía especial ilusión por ser en su casa y por luchar por una medalla de oro que su selección nunca consiguió. Por lo que acordamos que participara en ese torneo, por más que fuera a contrapié con la pretemporada”, explican desde el Barça; “y lo entendió perfectamente como profesional que es”. Así, Neymar será la bandera del fútbol brasileño en los Juegos de Río; de él depende cambiar una historia que siempre les fue esquiva.

Hace cuatro años, sin ir más lejos, Oribe Peralta y la selección mexicana apearon a Brasil y también a Neymar en el duelo definitivo, dejándoles con una medalla de plata que les supo a poco por su condición de favorito y por su fútbol, torpe en ocasiones y delicioso a ratos. Supuso, además, el posterior despido del seleccionador Mano Menezes. “Lo que pasó, pasó. Y debemos quitarnos el chip de las derrotas”, conviene el líder de Brasil desde la Granja Comary de Teresópolis, donde se concentra la selección del anónimo Rogério Micale, que dirigió a la Sub-20 en el último Mundial —conquistó el subcampeonato— y asumió las riendas del equipo tras la destitución de Dunga y la debacle en la fase de grupos de la Copa América ante rivales menores como Haití, Ecuador y Perú.

Alemania y Argentina también juegan

No solo Brasil aspira al cetro olímpico, sino que hay selecciones de lo más potentes que ponen en discusión el favoritismo del equipo de Neymar. Como principal escollo estará Alemania, que tiene un equipo de muchos kilates con futbolistas sensacionales como Ginter y Sven Bender (Dortmund), Lars Bender y Brandt (Leverkusen), y los prometedores Goretzka (Schalke) y Gnabry (Arsenal).

La selección Argentina también cuenta con jugadores notables como Rulli (Real Sociedad), Correa (Atlético), Calleri (São Paulo) y Lo Celso (Rosario Central). Portugal y la vigente campeona, México, además de Nigeria, completan el elenco de favoritos.

Brasil, clasificada de partida porque es la anfitriona, cuenta con jugadores de relumbrón como el mediapunta Renato Augusto —que sustituyó a Douglas Costa por lesión y que obtuvo por los pelos el permiso del Beijing Guoan, chino—, Marquinhos (PSG), Rafinha (Barça), Felipe Anderson (Lazio) y los delanteros Gabriel Jesús (Palmeiras), Gabigol (Santos) y Luan (Vasco da Gama). Pero nadie como Neymar para dar brillo a un torneo siempre deslucido porque es el único deporte rebajado en los Juegos al no participar las selecciones absolutas, sino que son las Sub-23 con la permisividad de tres jugadores sin restricciones de edad. Así lo exigen los directivos de la FIFA, que no quieren estropear el magnetismo ni los beneficios económicos de los Mundiales, y así lo aprueba el COI, que reglamenta todos los derechos comerciales de los Juegos. Pero eso poco le importa a Neymar, que aspira a concentrar en un deporte de equipo una atención particular similar a la que absorben Michael Phelps en la natación y Usain Bolt en el atletismo, que en estos días incluso habló sobre el 10 de Brasil. “Me encantaría verle porque me gusta mucho cómo juega”, apuntó el corredor hipersónico; “no lo conozco personalmente, pero soy un gran fan suyo”.

Las gradas tendrán color

No parece que en Brasil, donde el balompié es el deporte rey, se dé la laguna de aficionados en las gradas que golpeó a Londres, hasta el punto de que se redujo el aforo de los estadios —unas 500.000 entradas— por la escasa demanda. Y más con la deficiencia histórica de la medalla de oro de la Canarinha, aunque sea la selección con más metales en el torneo: dos de bronce (Atlanta 1996 y Pekín 2008) y otros tres de plata (Los Ángeles 1984, Seúl 1988 y Londres).

Emparejada con Sudáfrica, Irak y Dinamarca, Brasil se fija en la cita del día 20 en Maracaná, donde se celebrará la final. No ganarla será una decepción para el país, que se fía a los pies de Neymar. “Espero igualarme a los grandes campeones olímpicos y que el equipo haga historia al ganar este oro tan difícil”, señala Neymar, que se hará el tatuaje número 36 de conseguirlo porque así lo acordó con su compañero del Barça Rafinha. Antes, fallaron equipos brasileños liderados por Vavá, Gerson, Falcão, Dirceu, Rivaldo, Bebeto, Romario, Ronaldo y Ronaldinho, víctima de Messi en Pekín 2008. Pero es su oportunidad en un deporte donde apenas tendrá competencia de su nivel, donde la exigencia es relativa y donde la audiencia tiene un impacto mundial. Por todo ello, para Brasil y Neymar no hay término medio que valga.

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