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Hamilton no se aclara

Nico Rosberg logra en Bakú su quinta victoria y se distancia 24 puntos del piloto británico, que termina quinto y desquiciado

Rosberg celebra su victoria en el Gran Premio de Europa.
Rosberg celebra su victoria en el Gran Premio de Europa. Getty Images

A Nico Rosberg apenas se le vio ayer en Bakú, donde rompió la mala racha que arrastraba últimamente y volvió a ganar una carrera después de una sequía de más de un mes y medio. La incontestable victoria del alemán en el Gran Premio de Europa, el primero de la historia en Azerbaiyán, supone la quinta del curso para él y le permite coger un poco de aire al frente de la tabla de puntos: la diferencia se sitúa en 24. En solo dos pruebas, Lewis Hamilton le había recuperado 34 puntos y el chico de Wiesbaden se veía obligarlo a romper con esa tendencia. Y pudo hacerlo tanto por su impecable pilotaje como por la empanada que le sobrevino a su compañero de equipo, que rodó tres cuartas partes de las vueltas con un problema de configuración en el coche sin saber resolverlo.

El actual campeón del mundo arrancó el décimo y cruzó la meta el quinto, más colérico que enfadado, porque sus ingenieros se negaron a darle cualquier pista por la radio para evitar una sanción. A falta de ocho giros, su flecha de plata se arregló sola y pudo salvar los muebles de forma más o menos digna.

Abandonos de Fernando Alonso y Carlos Sainz

“No estábamos en los puntos, así que el abandono no sabe tan mal”, afirmó Fernando Alonso. “Tuvimos un problema con el cambio”, añadió el piloto de McLaren.

“No ha salido nada de lo que tenía que salir”, se quejó por su parte Carlos Sainz (Toro Rosso). El piloto español también tuvo que abandonar el Gran Premio de Europa, en la vuelta 33.

Con Hamilton histérico, perdido tras haberse pasado un buen rato dale que te pego toqueteando todos los dispositivos del volante, el segundo fue el alemán Sebastian Vettel, mientras que Sergio Pérez le puso la guindilla a un fin de semana para enmarcar y se encaramó del séptimo puesto al último escalón del podio —el piloto mexicano de Force India quedó tercero por segunda vez en la temporada—. Kimi Raikkonen fue el cuarto, condicionado como ya le ocurrió en Canadá, por el elevado consumo de su bólido.

Pasan los días y los más optimistas no se cansan de repetir que el Ferrari está cada vez más cerca del Mercedes. Y, sin embargo, esa teórica mejora no termina de materializarse en la pista. Carlos Sainz, que fue penalizado por la mañana por haber tenido que cambiar la caja de cambios de su Toro Rosso (salió el 18º), tuvo que retirarse cuando circulaba el 14º por culpa de un fallo en las suspensiones (33º giro), algo antes de que Fernando Alonso corriera esa misma suerte (en el 43º), pero en el caso del asturiano debido a una avería que afectó a la caja de cambios de su McLaren, trabada en la cuarta velocidad.

Vergüenzas a la intemperie

A pesar de los abandonos, ninguno de ellos se mostró tan enfurecido como Hamilton, que protagonizó los momentos más hilarantes del domingo. No se vieron, pero se escucharon. El diálogo de besugos entre el británico y sus ingenieros dejó a la intemperie las vergüenzas de la escudería de Brackely. La normativa impide que los corredores reciban desde el muro indicaciones relacionadas con cualquier parámetro de la conducción, bien sean advertencias sobre trazadas, puntos de frenada o sobre la configuración de las distintas opciones que tienen a su alcance para modificar el comportamiento del prototipo. “Lewis, tienes una incidencia relacionada con la puesta a punto. Pero no puedo decirte nada más”, le dijo por la radio Pete Bonnington, su ingeniero. “No sé a qué te refieres, no te entiendo. Voy a comenzar a tocarlo todo, aunque puede que no termine. ¿Puedo sugerir algo y me dices si es lo correcto?”, preguntó el de Tewin (Gran Bretaña). “No, eso no está permitido”, le respondió Bonnington.

En esta ocasión, la estrella más mediática del circo llamó la atención pero no de la forma en que a él le gusta. El jueves sostenía que los simuladores que emplean la mayor parte de las estructuras no sirven para nada, que son como PlayStation pero más aburridos, y resulta que unos días después quedó a la intemperie por no saber cómo funciona su volante. Toto Wolff, director de Mercedes, trató de cubrir a su buque insignia y aseguró que el responsable de aquel desaguisado había que buscarlo en el taller.

Pero según reconoció Rosberg, él también sufrió el fallo que sacó de quicio a su vecino, pero supo cómo solventarlo. “Era cuestión de aplicar una secuencia de botones adecuada”, desveló el ganador, que cerró la cita de la mejor manera: con su segundo grand chelem, pleno que combina el triunfo, la pole, la vuelta rápida y el liderato de cabo a rabo. “No siento mucha confianza de cara al futuro”, terció Hamilton.

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