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Bélgica, más allá del ránking

El técnico Marc Wilmots acapara las críticas a un equipo incapaz de mostrar la capacidad que se le supone y honrar su clasificación en el escalafón de la FIFA

Bélgica vs Irlanda
Wilmots se dirige a su plantilla durante un entrenamiento. AFP

A Bélgica se le espera, pero no acaba de llegar. Perdió en el estreno ante Italia y ahora está en el diván. “Ha sido un buen resultado para que todos regresemos a la realidad”, confió el delantero Lukaku tras esa decepción. El equipo había llegado a Francia sin poder contener la euforia, líder en el ránking FIFA entre las selecciones europeas, segundo clasificado en el global tras Argentina. “Nunca dijimos que fuéramos la mejor selección del mundo, siempre hemos pensado que Alemania, Francia y España están un punto por encima de nosotros”, se defiende el centrocampista Axel Witsel. Pero en las semanas previas al torneo se emitió un mensaje de grandilocuente suficiencia que ahora se vuelve en contra. “Queremos llegar a la final, llegamos en nuestro mejor momento”, pregonó Eden Hazard. “Dembelé es, ahora mismo, el mejor jugador del mundo en su puesto”, apuntó Kevin de Bruyne sobre un futbolista que se pasó en el banquillo todo el partido contra los trasalpinos. Incluso el técnico, Marc Wilmots, se sumó a la ola de optimismo. “Si no sufrimos grandes desgracias podemos llegar a semifinales y a partir de ahí quién sabe lo que puede suceder”, había apuntado un mes antes del debut en una entrevista a La Gazzetta dello Sport.

Wilmots está en la picota tras el repaso que le propinó Italia. “Nos superaron tácticamente”, resumió Thibaut Courtois tras el partido. Ahora matiza el meta del Chelsea: "Estaba muy frustrado, pero fue un comentario constructivo". “Esas entrevistas son peligrosas. Hablé con él en el avión de vuelta a la concentración y me aclaró que no iba por mí”, templa el técnico, una gloria futbolística del país si se atiende a que ha disputado cuatro Mundiales y ningún belga marcó más goles que él (cinco) a ese nivel. Era un jugador tan poco estético como efectivo, el “jabalí guerrero”, le apodó la afición del Schalke 04, el equipo donde ofreció sus mejores días de corto y en el que pasó sin solución de continuidad desde el campo a la pizarra durante apenas ocho partidos de los que ganó uno. Una nueva experiencia, también fallida en el Sint-Truiden, precedió un retiro hasta que en 2009 se integró en la federación para trabajar como auxiliar primero de Advocaat y después de Leekens. Atrás había dejado también una fugaz experiencia política como senador. Bélgica le votó por los valores que destilaba, el esforzado hijo de un granjero que triunfó en el fútbol sin un gran talento a base de casta y laboriosidad.

De cara al partido contra Irlanda se barruntan cambios tanto en defensa como en la mediapunta

Ahora le llegan las críticas. Los 18.000 aficionados belgas presentes el pasado lunes en Lyon le censuraron en los cambios. En el país crece el clamor. Se alude a su escasa experiencia como técnico. “No voy a cambiar mi filosofía. Vamos a jugar al ataque y defender alto”, advierte. Y pide a sus hombres un plus: “Tenemos que ser más agresivos, el talento no es suficiente”. Con todo, lo probable es que este sábado ante Irlanda prescinda de Fellaini o Nainggolan y recurra a los más sutiles Mertens o Carrasco o incluso a los dos si Kevin de Bruyne no supera unas molestias físicas.

Bélgica se estimula con el arsenal que atesora, con las posibilidades que se abren para que el segundo del grupo E tenga un cuadro más amable que el campeón, que podría cruzarse a las primeras de cambio con España o Croacia; se anima con el potencial de un equipo que se intuye más que se plasma y que invita a reflexionar sobre la verdad que lleva tras si el ránking FIFA porque Bélgica lo lideró entre octubre y marzo después de que en los últimos cuatro años los partidos oficiales más duros que disputó fueron, además del de los italianos, contra Argentina, contra quienes cayó en el pasado Mundial, y Croacia. Argelia, Rusia, Corea del Sur, Estados Unidos, Macedonia, Serbia, Escocia y Gales fueron los demás oponentes, un elenco que invita a pensar si, quizás, el globo belga no estaba demasiado inflado. Wilmots confía en desmentir esas sospechas: “Italia fue solo una batalla, no una guerra en un proyecto de cuatro años”.

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