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Vidal salva a Chile y condena a Bolivia

El jugador del Bayern Múnich marca los dos goles ante la selección de Baldivieso, que se despide de la Copa América

Vidal celebra uno de sus goles.
Vidal celebra uno de sus goles. AFP
Copa América Grupo D Jornada 2

FINALIZADO

A la afición estadounidense, a la que todavía le cuesta engancharse con el fútbol, Chile y Bolivia no le hicieron ningún favor. El partido resultó un bodrio para la hinchada, una condena para Bolivia y un interrogante para Chile. El cuadro de Pizzi se encontró, literalmente, con la victoria en el descuento. Arturo Vidal selló la victoria de la Roja gracias a un penalti que solo vio el asistente y que solo el árbitro estadounidense se animó a cobrar. Demasiado castigo para la selección de Baldivieso, que había defendido con fuerza el empate y se quedó sin nada en el último segundo. Ya está fuera Bolivia de la Copa América, mientras que Chile coge un poco (solo un poco) de aire.

Chile

4-3-3

Juan Antonio Pizzi

1

Bravo

17

Medel

18

Jara

15

Beausejour

8

2 goles Gol Gol (p)

Vidal

10

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Pablo Hernández

20

Aránguiz

7

Alexis

4

Cambio Sale Fuenzalida

Isla

9

Cambio Sale Vargas

Pinilla

19

Cambio Sale Edson Puch

Orellana

1

Carlos Lampe

2

Erwin Saavedra

21

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Ronald Eguino

22

Edward Zenteno

3

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Luis Gutiérrez

17

Marvin Bejarano

13

Meleán

8

Smedberg-Dalence

7

Cambio Sale Rodrigo Ramallo

Juan Carlos Arce

14

Cambio Sale Jhasmani Campos

Raúl Castro

9

Cambio Sale Wálter Veizaga

Yasmani Duk

Bolivia

5-4-1

Julio César Baldivieso

Anda sin brújula la selección de Pizzi, irreconocible respecto del equipo que un año atrás levantó en su casa la primera Copa América de su historia. El técnico santafesino todavía no le puede dar su sello a la Roja, un conjunto sin identidad, un híbrido entre un equipo que atesora la pelota y otro que juega con vértigo. Ausente de ideas cuando tiene el balón, Chile extraña a un jugador como Valdivia, que rompa líneas y encuentre a la velocidad de Alexis u Orellana, extraviados este viernes ante Bolivia.

Para el cuadro de Baldivieso la falta de ritmo de Chile fue un caramelo. Arrinconado cerca de su portero, el técnico de Bolivia plantó una defensa de cinco, arropada por una línea de cuatro volantes. Una muralla de camisetas verdes que a la Roja, que a pesar de tener el balón en el campo de Bolivia, le costaba demasiado derribar. En el primer acto, Chile solo asustó en dos ocasiones al guardameta boliviano. Centeno salvó a en la línea, después de un fuerte derechazo de Alexis que se había aprovechado de una salida en falso del portero boliviano. Antes el Tucu Hernández había intentado apaciguar el aburrimiento con un disparo desde el balcón del área. Pero la nada gobernó el primer acto en el Gillette Stadium.

Ocurrió, sin embargo, que tras el paso por vestidores Chile encontró la luz. El problema para el conjunto de Pizzi fue que le duró solo 40 segundos. Todavía la hinchada no se había terminado de acomodar en sus butacas cuando Arce se durmió con el balón y Arturo Vidal no lo desaprovechó. El jugador del Bayern le birló el cuero y tocó para Pinilla, que no tardó volver a buscar a Vidal para que firmara el 1-0. Robar la pelota y jugar en velocidad, una vieja fórmula de la Roja. Sin embargo, después de la alegría del gol, Chile volvió a la melancolía.

Ni los gritos desesperados de Pizzi desde la banda, ni los tres cambios que dispuso el preparador argentino despertaron a Chile. Y Bolivia, ese equipo que se había defendido con el alma pero que no se había atrevido a visitar la casa de Claudio Bravo, se encontró con un premio grande. En la antesala al regreso de Messi, Campos se vistió de la Pulga. Un zapatazo para la historia el 10 de Bolivia, que lanzó un tiro libre tan precioso como imposible de parar para Claudio Bravo. Pero cuando el 1-1 parecía anclado en el marcador, en el minuto 99 Arturo Vidal firmó el 2-1, que mantiene la ilusión de Chile de reencontrarse con su mejor versión, desaparecida desde que Pizzi se sentó en el banquillo.

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