Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Blake Griffin y el descrédito

La ligereza con la que se juzgan episodios como la pelea del pívot de los Clippers revela cómo convertimos una anécdota en una película

Blake Griffin.
Blake Griffin. USA Today Sports

Miró con desdén la televisión mientras emitían un resumen con las mejores jugadas del partido de los Clippers. “Blake Griffin es un idiota”, exclamó. Le pregunté que a qué se refería y ella me contó que había cambiado su opinión sobre Griffin después de que este le diese un puñetazo al encargado del material del equipo en enero. Le dije que, hasta donde me habían contado, Griffin parecía ser un tipo bastante decente y que, al menos, parecía gracioso en los anuncios de Kia.

Pero seguía sin estar convencida. “Bueno, –añadió– no creo que alguien capaz de desestabilizar así a su equipo pueda ser un buen tío”.

No tardamos en cambiar de tema, algo previsible teniendo en cuenta que estábamos en un bar rodeados de escritores y que los escritores no suelen prestar mucha atención a la NBA. Hicimos como el resto del planeta porque lo cierto es que aquel incidente sólo estuvo en el candelero el tiempo justo para hacer que la gente cambiase su opinión acerca de Griffin. De “pívot poderoso con un peinado raro” pasó a “pívot poderoso que te puede soltar un puñetazo en cualquier momento”. Así somos, de una anécdota nos hacemos toda la película.

Lo malo es que no sólo nos comportamos así en asuntos deportivos. ¡Los refugiados empeorarán nuestra economía! ¡Donald Trump acabará con nuestra civilización! ¡Eso si antes, claro, el virus Zika no nos ha matado a todos!

Y me incluyo. Esta misma semana estaba analizando la clasificación de la NBA mientras buscaba una explicación a la significativa diferencia (17-4) en la estadística de enfrentamientos directos entre los equipos de LeBron James y Kevin Durant. Y no pude evitar pensar que algo fallaba con Durant. ¡Ajá! ¡Puede que sea una máquina anotadora, pero le falta el gen ganador!

Lo malo es que no sólo nos comportamos así en asuntos deportivos. ¡Los refugiados empeorarán nuestra economía! ¡Donald Trump acabará con nuestra civilización! ¡Eso si antes, claro, el virus Zika no nos ha matado a todos!

Parece ser que estamos diseñados para sacar conclusiones rápidamente pero lo cierto es que la cosa ha empeorado últimamente. Como si hubiésemos perdido la paciencia para enterarnos bien de las cosas por culpa de un exceso de información y nos hubiésemos convertido en pequeños dictadores que saludan a su séquito al inicio de cada día. “Denme los titulares, no tengo tiempo para más”.

Puede que tenga su lado positivo porque nos enteramos de muchas más cosas que pasan en el mundo pero no puedo evitar pensar que, en el camino, perdemos tolerancia, humanidad y la comprensión de que somos criaturas complejas, tanto como las historias que nos rodean.

Sin ir más lejos Kevin Durant ha hecho ganar más partidos esta temporada a su equipo que LeBron James.

Así que, aunque pueda parecer que su historial de enfrentamientos nos da una pista sobre quién es mejor, también es posible que no sea así. De hecho, es muy probable que haya una innumerable cantidad de factores que deberíamos tener en cuenta (sus compañeros, el calendario, el azar) y que no deberíamos lanzarnos a extraer conclusiones apresuradas de lo que dicen un puñado de datos, un microbio o un candidato presidencial.

O un puñetazo.

Puedes seguir Deportes de EL PAÍS en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.

Más información