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El corazón contra la cabeza

River Plate confía en la ambición de su entrenador, Marcelo Gallardo, para combatir al tridente del Barcelona en la final del Mundial de Clubes en Yokohama

Mundial de Clubes | River Plate - Barcelona
Gallardo, en la semifinal frente al Sanfrecce Hiroshima. REUTERS

Nada más entrar en el vestuario del River Plate, asombró por su escueto y directo discurso, por un mensaje que no dejaba lugar a la interpretación. “Yo les voy a exigir más porque creo que se puede llegar más lejos”, expuso Marcelo Muñeco Gallardo ante la contrariedad de algún futbolista, todavía orgulloso por vencer recientemente el torneo final 2014 (antiguamente clausura) de la liga argentina. Pero Ramón Díaz renunció al banquillo de forma abrupta y sorpresiva, y Enzo Francescoli, director deportivo e ídolo de los Millonarios, tomó la decisión de nombrar a Gallardo. “Estaba convencido de que no me equivocaba. Es de la casa, tiene gran personalidad, serio, derecho, va siempre de frente y sabía que quería un River de presión alta y que atacara mucho”, expone. Y River conquistó la Copa Sudamericana (2104) y la Libertadores (2015), eliminando entre otros al archienemigo Boca, para plantarse en la final del Mundial de Clubes ante el Barça (11.30, Telecinco y 8TV).

Pero River ya no es lo que era, desteñido por las bajas capitales del central Funes Mori (Everton), además del delantero Teófilo Gutiérrez (Sporting de Portugal) y hasta cierto punto Cavenaghi (Apoel Nicosia). Ausencias que han resquebrajado el libreto de Gallardo porque se ha desdibujado su modelo, que pasaba por la presión avanzada y por situar la defensa sobre la medular. “River puede tomar recaudos, pensar los partidos en función del adversario, pero no meterse en situaciones desconocidas como situarnos 30 metros más atrás y jugar en nuestra área. Sería ilógico”, cuenta para el libro El pizarrón de Gallardo de Christian Leblebidjian. Algo que ya no es tan acentuado como se pudo ver ante el Sanfrecce Hiroshima en la semifinal (0-1).

“Ha cambiado jugadores, esquemas, y puede presionar o esperar. Habrá que ver”, resolvió Mascherano, canterano de River. “Le he visto hacer de todo. Puede defender alto, bajo… tiene variantes”, se sumó Luis Enrique. “Deberemos adaptarnos a lo que sea porque nosotros queremos salir jugando desde atrás”, añade Busquets, pragmático. “Bueno, una cosa es su campeonato y otra el Barça, ya veremos dónde sitúan la línea”, completa Luis Suárez.

 “Me gustaría que el equipo llegara en mejor situación colectiva, individual y futbolística. Pero debemos saber cuándo soportar defensivamente, porque vamos a sufrir y correr detrás del balón, y cuándo agredirlos ofensivamente”, conviene Gallardo, consciente también de que su equipo ya no es lo mismo, por más que no renuncie a su ambición. “Después de ganar te relajas de forma inconsciente. Lo bueno es detectarlo y hacer que el plantel se dé cuenta. Porque mientras vos queréis descansar, los rivales te quieren comer el hígado”, resume el técnico, que hace poco renovó hasta 2017. Lo curioso fue cómo transcurrieron las negociaciones. “La única condición que puso fue que nunca vamos a estar aburguesados, que siempre vamos a renovar nuestras ilusiones en busca de nuevos retos”, relata el presidente Rodolfo D'Onofrio. “Porque una buena temporada la tiene cualquiera; los mejores equipos son los que se sostienen en el tiempo. Y a eso apunto”, replica el técnico, idolatrado por una afición que le dedica canciones por su pasado como jugador millonario —también triunfó en el Mónaco y pasó por el PSG— y presente como figura del banquillo.

También le tienen un respeto reverencial los jugadores. “Nos ha dado un estilo”, señala el capitán Ponzio. “Tiene las cosas claras y así las transmite”, abunda el central Maidana. Incluso Messi convino que le parecía “un técnico muy inteligente”. Aunque o se está con Gallardo y el club o contra ellos. Bien lo sabe Teo Gutiérrez, que en la semifinal pasada de la Libertadores se fue al banquillo por más que fuera el mejor delantero. “No me sirve tener a uno que solo está pensando en irse, que manifiesta que su ciclo en River está cumplido”, señaló Gallardo ante los micros.

Lector de libros de guerra para inspirarse en las tácticas y estrategias, dice Gallardo que le gusta Wenger por insistir con su idea a pesar de si gana o pierde, pero que le gustaría tomar un café con Mourinho y sobre todo con Guardiola por lo que han hecho por el fútbol. Y explica su filosofía: “En el rol de entrenador hay que errar lo menos posible porque equivocarnos, nos vamos a equivocar siempre”. Algo que no impide remarcar su ambición: “Todo es cíclico y va cambiando, pero una vez te acostumbras a ganar, es más lindo lo que te puede pasar. Ir a por más, querer seguir ganando no es un deseo, es una forma de vivir y de sentir”. Porque ya lo dijo tras la Libertadores sobre el césped y con la copa en la mano. “¡River va a por más!”. Es la sed de Gallardo.

Messi y Neymar se recuperan y esperan jugar

En los 15 minutos abiertos a los medios de comunicación del entrenamiento del Barça previo a la final figuraron Messi y Neymar. Los dos participaron del rondo y ninguno dio síntomas de flaqueza. “Están mejorando ambos”, resumió Luis Enrique, que no quiso desvelar si partirán de inicio. “No hace falta que estén al 100%, basta con que lo hagan al 99%”. Pero atendiendo a su desequilibrio en la cancha y a sus ganas, tal y como han reflejado en las redes sociales, parece probable que sean titulares ante River, que por algo es una final. “Nuestro deseo es que puedan jugar y estar a su mejor nivel porque con ellos el Barça es muy fuerte”, agregó Iniesta.

Después de expulsar la piedra del riñón y superar el cólico nefrítico, Messi parece listo para el duelo, por más que a buen seguro no esté en plenitud de condiciones por la medicación de estos días y porque el cuerpo se resiente. Neymar también está preparado tras superar su lesión del adductor, aunque todavía no ha recibido el alta. “Nos preparamos pensando que van a jugar. Y me gustaría que jueguen los dos porque para mí es un placer enfrentarme con los mejores”, afirmó Gallardo.

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