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El Valencia frena al Barça

Un gol de Santi Mina iguala el de Luis Suárez (1-1) y la ventaja del líder se reduce a dos puntos sobre el Atlético y a cuatro sobre el Madrid

Santi Mina y Alcácer celebran el gol del Valencia. Ampliar foto
Santi Mina y Alcácer celebran el gol del Valencia. EFE

El Barcelona se apiadó del Valencia. Jugó bien, hasta muy bien, con el empate a cero y se despidió de Mestalla antes de tiempo, después de un gol en fuera de juego de Luis Suárez. La respuesta del Paco Alcácer fue entonces tan volcánica como la del 9 del Barça: sentó a Mascherano y Piqué y habilitó el tiro de Santi Mina: 1-1. El partido resultó finalmente un asunto de arietes porque ningún medio ni delantero azulgrana atinó a soplar la pelota que de forma reiterada puso Neymar durante media hora sobre la raya de la meta de Doménech. Ni Suárez ni Alcácer tuvieron la piedad y la clemencia de Messi.

VALENCIA, 1; BARCELONA, 1

Valencia: Jaume Doménech; Vezo, Santos, Abdennour, Gayà; Parejo, Danilo, Enzo Pérez (Bakkali, m. 72); Santi Mina (Tropi, m. 87), Alcacer y De Paul (Piatti, m. 83). No utilizados: Ryan; Diallo, Gil y Villalba.

Barcelona: Bravo; Alves, Piqué, Mascherano, Alba; Rakitic, Busquets, Iniesta; Messi, Luis Suárez y Neymar. No utilizados: Ter Stegen; Bartra, Adriano, Vermaelen, Munir, Sandro y Samper.

Goles: 0-1. M. 58. Suárez. 1-1. M. 85. Santi Mina.

Árbitro: Jaime Latre. Mostró la cartulina amarilla a Mascherano, Parejo, Danilo y Gayà.

Mestalla. 55.000 espectadores.

El encuentro murió precisamente con un tiro del 10 a los brazos del meta del Valencia, el mejor resumen de la contienda, presidida por el carácter samaritano del mejor jugador del mundo, todavía fuera de forma, sin picante ni chispa en Mestalla. Excelente en la supervivencia, al Barcelona le castigó la opulencia, porque cuando pudo disponer de la mejor alineación posible, el once que no formaba desde mayo en Córdoba, no pasó del empate en la cancha de un contrario que se defendió con mucho carácter, como si el encuentro fuera una final, la mejor manera de redimirse a la espera de los nuevos empleados de Peter Lim.

Hay partidos que futbolísticamente se escapan al control de cualquier entrenador, incluso de técnicos como Voro, que representa a una especie en extinción en el hoy mercantilizado mundo del fútbol: el hombre de club, una figura a la que se recurre en situaciones de interinidad, o si se quiere de entretiempo, como la que pasa el Valencia. La mayoría aplican el sentido común, hacen de la necesidad virtud y plantean sus partidos como un acto de fe, y más si enfrentan a rivales como el Barcelona. Voro siempre se manejó bien en la precariedad, también ayer, cuando su adversario fue precisamente el Barça.

Los azulgrana acamparon en cancha ajena nada más pisar Mestalla. La pelota no se movía del costado izquierdo, absorbido el juego por Neymar, excelente en el control, mejor en la conducción, desequilibrante en el regate, imposible de defender para Vezo. Los cambios de ritmo del brasileño desmontaron al Valencia y exigieron una respuesta imposible para el propio Barça. No había defensa ni tampoco delantero que pudiera seguir al eléctrico Neymar. Ni siquiera Messi. El 10 marró tres tiros de gol en media hora, tampoco atinó en dos ocasiones Luis Suárez y el propio Neymar se aturulló ante Doménech.

Mestalla festejó el 0-0 del descanso como la más rotunda de las victorias después de contar nueve disparos del Barcelona por uno del Valencia. Igual de solvente en la elaboración que en la transición, al Barcelona le faltó finura para definir, le sobró exquisitez para embocar el balón al marco, sorprendentemente estéril si se atiende a su hoja de servicios en las últimas jornadas, saldadas con goleadas en la Liga y la Copa. Nadie conseguía sincronizar con el desbordante Neymar. Al Barça le costó volver a encontrar el hilo del partido en la reanudación después de que Voro corrigiera al Valencia.

Neymar, sin embargo, continuaba percutiendo por su flanco izquierdo mientras se abría por el derecho Messi. La diferencia la tuvo que marcar de nuevo el insaciable Luis Suárez. El uruguayo se apoyó en una pared con Messi para arrancar en fuera de juego, controlar el cuero, aguantar la entrada de Abdennour y rematar al primer palo de Doménech. Un gol de delantero centro, propio de los arietes que no perdonan una, más efectivos que virgueros, superlativos en los estadios más duros, como Mestalla, a veces excedidos, como en el pisotón que le dio a Abdennour. El gol, sin embargo, tuvo un efecto sedante sobre el equipo de Luis Enrique para suerte del Valencia.

Los muchachos de Voro se arrimaron hasta la divisoria y los azulgrana empezaron a controlar y a especular, dejaron de jugar bien a fútbol, convencidos de que Mestalla se había rendido por las diez bajas que contaba Voro. El Barça se equivocó gravemente y propició la reacción del Valencia, personificada en Paco Alcácer, un 9 igualmente fiero, excelso en una maniobra que dejó fuera de juego a los centrales y habilitó a Santi Mina. El golazo premió el espíritu irreductible del Valencia y castigó el juego administrativo del Barça, que además acabó con Neymar lesionado, abatido y rendido, metáfora del partido de Mestalla.

El Barça se columpió y descontó dos puntos en un momento en que las circunstancias le animaban a tirar millas por el ruido del Bernabéu y le exigían también una victoria por el sinuoso silencio del Atlético.

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