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Entre Wembley y Eusebio, Rulli

El portero argentino de la Real, nacido el mismo día que el Barça conquistó su primera Champions y formado en Estudiantes, destaca por su colocación y serenidad

Neymar enfrenta a Rulli, la temporada pasada en el Camp Nou.
Neymar enfrenta a Rulli, la temporada pasada en el Camp Nou.

“Mami, vos sos hincha del Lobo, ¿no?, porque el que era arquero del Pincha regaló juegos nuevos para la guardería”. El Lobo es Gimnasia de La Plata; el Pincha es Estudiantes, el derbi platense. Y el benefactor es Gerónimo Rulli. El ahora portero de la Real Sociedad visitó recientemente la que alguna vez fue su guardería y cuando vio el estado de los columpios y toboganes pensó: “Los chicos se merecen algo mejor”. Eso hizo. “Es un pibe muy bueno, con una influencia familiar muy importante, que lo ayudó como persona y que le dio tranquilidad como jugador de fútbol”, explica el paraguayo Justo Villar, compañero de Rulli en Estudiantes. “Es un orgullo que los chicos de Estudiantes, como Gerónimo, estén transmitiendo lo que nosotros les transmitimos alguna vez a ellos. Representan a un equipo, a una ciudad, y llevan bien alto a nuestros colores”, opina Juan Sebastián Verón, máximo ídolo del club platense

Alejandro Sabella estaba al mando de Estudiantes cuando pusó sus ojos en Rulli. “En cada pretemporada nos llevábamos a cuatro o cinco chicos de las inferiores. Y en el 2010 uno de esos chicos era Gero”, cuenta Julián Camino, segundo del exentrenador de la Albiceleste; “y ese año sufrimos bajas en la portería y lo llamamos”. Pero para Rulli su mayor sorpresa no fue su primera concentración, sino su compañero de habitación: Verón. La Bruja dormía solo, pero cuando se enteró de que el joven portero estaba en la lista, le hizo un lugar. “Gero había sido recogepelotas en el Estudiantes campeón de 2006 y la Brujita era su ídolo. Esa noche tenía miedo hasta de respirar”, cuentan desde el entorno del jugador.

Sin embargo, su estreno en el primer equipo de Estudiantes se hizo esperar hasta el 8 de abril 2013, en un partido de Liga frente a Arsenal. El debut fue con derrota (1-0), pero a partir de entonces se aferró bajo el larguero pincharrata. Batió el récord de imbatilidad (588 minutos) en la historia del club platense. En el Pincha jugó 40 partidos (encajó 28 goles) hasta que en junio de 2014 un grupo inversor adquirió el 80% de su ficha por cerca de 3,8 millones de euros. El 20% restante lo mantiene Estudiantes. Ese mismo verano aterrizó cedido en San Sebastián.

“Tiene un gran presente, pero mejor futuro. Posee unas condiciones físicas y técnicas muy aptas para el puesto”, opina Pablo Cavallero, guardameta de la selección argentina en los Mundiales de 1998 y 2002. “Cuando llegamos a Estudiantes con el Flaco Pellegrino dijimos que este chico era el próximo arquero de Argentina y nos trataron de locos”, añade el exguardameta del Espanyol. La temporada pasada, Rulli disputó 22 encuentros en la Real, uno de ellos en el Camp Nou, donde recibió dos goles. Este curso acumula 11. Se perdió uno por expulsión. “Tiene muy buena elasticidad, se coloca bien y es rápido. El otro día estaba viendo el partido de la Real frente al Sevilla y lo vi muy sereno”, tercia Justo Villar, portero de Paraguay en tres mundiales (2002, 2006 y 2010).

Tiene un gran presente, pero mejor futuro. Posee unas condiciones físicas y técnicas muy aptas para el puesto”

Pablo Cavallero, exportero de Argentina

Contra el Sevilla, Rulli se estrenó bajo las órdenes de Eusebio. “El míster vino con una idea clara de lo que quiere de nosotros”, asegura el meta argentino, que nació el 20 de mayo de 1992. Ese mismo día a su nuevo técnico, en el estadio de Wembley, le hicieron una falta que cambiaría la historia del Barça. Koeman se encargó del resto al transformar esa falta con un zapatazo que le dio la primera Copa de Europa al club blaugrana.

Hoy Rulli, Eusebio y la Real visitan el Camp Nou (16.00 C+ Liga) en busca de frenar a Messi, Neymar y Suárez. “A mí me encanta Busquets”, afirma Gero. “Se nota que siente la posición de portero. Cuando juega, se divierte”, cierra Villar. Como los niños de su guardería.

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