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Nadal alcanza la libertad

El número cinco, que logró ante Murray su victoria de mayor caché este año, zanja su debate mental: "Ahora disfruto en la pista. Soy feliz por cómo van últimamente las cosas"

Nadal, durante el partido contra Murray. Ampliar foto
Nadal, durante el partido contra Murray. Getty

Los fantasmas, dice Rafael Nadal, se han ido. Por fin. “Hoy me siento libre, hoy disfruto jugando en la pista. Eso no significa que vaya a jugar bien todos los partidos, pero ahora soy feliz. Soy feliz por cómo van últimamente las cosas; es tarde este año, pero intentaré terminar con este sentimiento positivo y comenzar el próximo en buena forma”, explicaba el de Manacor, que después de batir a Andy Murray (6-4 y 6-1, en una hora y 31 minutos) vislumbra las semifinales de la Copa de Maestros, a falta de un último choque frente a David Ferrer, el viernes.

Más allá de sus palabras, Nadal regaló durante el turno de atención de a los periodistas un par de gestos significativos. Sonrió, y no una, sino un par de veces, algo inimaginable hace pocos meses. Sonrió el de Manacor porque le van mucho mejor las cosas, porque acababa de firmar su victoria más lustrosa del año, contra el número dos del mundo, dos días después de haber tumbado también a Stanislas Wawrinka, el cuatro. Es decir, a dos miembros del top-5 en menos de 48 horas.

“Este año he estado preocupado por cómo debía golpear la bola para no fallar que por dónde debía dirigirla para hacer daño al rival o intentar ser competitivo. Este año he pensado demasiado en mí mismo, así que ya es suficiente, ¿no?”, explicó el de Manacor, de nuevo a un nivel sensacional, de nuevo incisivo sobre la pista, al resto y a la hora de atacar la red para enviar un mensaje a sus adversarios. Si ante Wawrinka ya había dejado muchos destellos, el triunfo contra Murray —el sexto ante un top-10 este curso— confirma su renacimiento.

“¿Se puede decir que has vuelto, Rafa?”, le preguntaron. Y la respuesta, en la línea contenida y prudente que mantiene el protagonista, devolvió los pies al suelo a todo el mundo. “No se trata ni de volver, ni de mirar el pasado. Al final soy lo que soy a día de hoy. Soy mejor que hace cinco meses, hace tres era mejor que hace seis, y ahora creo que soy mejor que hace dos. A partir de ahí, solo espero estar dentro de tres meses mejor que hoy. Trabajo cada día para ser mejor y hay que olvidar ya el pasado...”, precisó Nadal, que anuló por completo al hombre que este año había conseguido desfigurarle sobre la arena de la Caja Mágica, en Madrid.

¿Ganarle a Djokovic? Él juega su liga y yo he estado en otras ligas"

El interrogante, más allá de lo que ocurra en el O2 de Greenwich, está ahora en saber si la competitividad del español en las altas esferas perdurará y en si será capaz de dar un último salto y tutear a Roger Federer o Novak Djokovic. “He seguido creciendo, pero eso no significa que esté preparado para ganarle a Djokovic. Él juega su liga y yo he estado en otras ligas; he intentando ganar en mis ligas para llegar a esa liga siguiente. En estos últimos torneos he jugado en una liga distinta a la que he jugado en todo el año. No sé qué pasará el día de mañana, pero confío en jugar en la liga que quiero jugar”, concluyó Nadal, que no batía a un rival con un ránking tan alto desde que derribase al serbio en la final de Roland Garros de 2014.

Murray, mientras, subrayó la progresión del español. "Los medios tenías muchas dudas sobre él, pero mucho jugadores sentíamos que, si no sufría lesiones, él recuperaría su juego otra vez y competiría en lo más alto", afirmó el escocés. "Él golpeó hoy la bola desde el fondo de la pista extremadamente bien", subrayó, antes de ser cuestionado sobre la anécdota del día, sobre por qué se había cortado un mechón de pelo en mitad del partido. "Se me metía en el ojo y quería estar cómodo. Eso es todo. Me llevó un par de segundos", señaló Andy.

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