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La magia de Hernández es inmutable

La habilidad del ahora centro de los Pumas es una de las pocas cosas que no ha cambiado respecto a 2007

Juan Martín Hernández en el partido frente a Irlanda
Juan Martín Hernández en el partido frente a Irlanda. REUTERS

Los Pumas semifinalistas en 2015 han cambiado mucho con respecto al equipo argentino que primeras semifinales de la historia en 2007, pero algo sigue intacto, la mano de Juan Martín Hernández (Buenos Aires; 1982). Es uno de los cinco supervivientes de la selección de hace ocho años y puede actuar en varias posiciones, de apertura, donde brilló en 2007, de zaguero, donde enamoró a la afición francesa, o ahora de centro, especializándose en dar el último pase y acelerar el alabado juego ofensivo de Argentina, como el domingo ante Irlanda. Frente a Australia el próximo domingo intentará resarcirse de la semifinal perdida contra Sudáfrica en París.

Hernández es un ejemplo claro del jugador formado en las canchas amateurs de Argentina y que aterrizó en Francia y se ganó la vitola de estrella. Aterrizó en París en 2003, tras jugar su primer Mundial, en Australia. En 2009, se mudó a Sudáfrica, pese a que ya jugaba de 10, como él quería, aseguró necesitar un cambio de aires y conocer nuevas culturas. La aventura en los Natal Sharks duró un año, en el que sufrió una lesión de espalda y solo jugó 9 partidos, aunque le dio tiempo a marcar 60 puntos. En 2010, volvió a París aunque esta vez al Racing 92 donde militó hasta la temporada pasada, en la que defendió los colores de Toulon, campeón de Europa. De nuevo una lesión le impidió jugar el Mundial 2011, una baja lamentada por los Pumas, que perdían a una de sus principales bazas ofensivas.

En todos estos años, este sobrino del futbolista Patricio Hernández y hermano de la subcampeona olímpica de hockey hierba en 2004 Maripi Hernández ha cambiado mucho de posición. Fue nombrado mejor 15 de Francia en 2006, después desplazó al centro a Felipe Contempomi en el Mundial 2007, y ahora ya se ha convencido de que en como centro también puede desplegar su magia y dar esas endiabladas patadas al fondo de la cancha. Ya no tira a palos, dada la seguridad que está mostrando Nicolás Sánchez, pero ha anotado un ensayo y fue crucial al abrir rápido a la banda en el tercer ensayo de Argentina en cuartos, cuando Irlanda más apretaba.

Unos meses después del torneo de 2007, Hernández analizaba las claves del mismo y apuntaba algunas cosas que se debían hacer para subir el nivel de los Pumas. Afirmó que en semifinales debieron seguir haciendo el juego que venían haciendo hasta entonces y que les faltó ritmo y pagaron muy caros sus propios errores. Además aseguró que los Pumas debían buscar una competición anual para seguir mejorando y creciendo al ritmo de sus rivales y, por último, apuntó que pese a que parte del espíritu de los Pumas era la base amateur, y que eso debía conservarse, habría que buscar una competición profesional para ayudar el desarrollo de los jugadores. Todo eso lo ha conseguido Argentina en los últimos ocho años, pero algo que permanece es que la magia sigue saliendo de la mano de Hernández.

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