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El paciente Messi

Leo vive lesionado, aburrido y resignado desde el 26 de septiembre, cuando se rompió el ligamento colateral de la rodilla izquierda

Messi, en el Camp Nou en el partido ante el Rayo el sábado. Ampliar foto
Messi, en el Camp Nou en el partido ante el Rayo el sábado.

Por Barcelona circula una cantinela. “I Messi, ¿què fa?” [qué hace]. La pregunta suena a desconsuelo porque sin Leo nada es lo mismo en el Barça. Se le echa tanto de menos que el Camp Nou corea su nombre, aunque no juegue. Como pasó el sábado contra el Rayo cuando siguió el partido sentado en el palco al lado de Iniesta. “Nosotros le vemos cada día, hace sus cosas en el vestuario”, explica Sergi Roberto. La afición le ha visto en el campo, en día de partido, pero la gente ha sabido de él a través de fotos colgadas en las redes sociales. También se le vio en la platea del Teatro Tívoli en una representación de la obra Escenas de la vida conyugal que interpreta su amigo Ricardo Darín, comiendo en el restaurante Nueve Reinas o por Castelldefels, hasta el lunes con muletas, siempre acompañado de algún familiar o de Luis Suárez o Mascherano. Messi ha empezado la segunda fase de su recuperación y todavía no tiene fecha para reaparecer, pero espera estar listo para el clásico del día 21. En esas, aprendió a ser paciente.

A la espera de iniciar la tercera fase de recuperación,  confía reaparecer en el clásico, sin metas concretas

Leo supo que se había roto tan pronto su pierna chocó con la de Bigas, defensa de Las Palmas, el 26 de septiembre. Camino del hospital no abrió la boca. “Temía lo peor”, cuentan quienes le acompañaron, hasta que conoció el diagnóstico: rotura del ligamento colateral de la rodilla izquierda. A pesar de que continuó sin decir ni pío de regreso al Camp Nou, echó cuentas: llegaba para el Bernabéu. Lo saben todos sus compañeros, de manera que no quieren agobiarle sino hacerle cómodo el tránsito, Luis Suárez el primero.

Zubizarreta convenció a la directiva de Bartomeu de que el charrúa y el argentino cuajarían en el campo, pero no imaginó que sería cuestión de piel. De mate en mate y de asado en asado, han forjado una amistad repleta de risas. “Leo se siente muy a gusto con Luis y hay un añadido: Antonella y Sofía, sus esposas, se llevan de maravilla, así que todo es más fácil”, cuentan quienes les conocen. Resulta fácil ver a las dos parejas por Gavà, pues son vecinos y acostumbran a hacer cola para comprar pollos a l’ast en La Pava o toman café en la terraza del Salta Violeta, con los Mascherano. También se ha visto a Leo frecuentar la puerta del parvulario de su hijo Thiago. “Suele ir a buscarle, y ahora se le ve más”, explican las mamás en la puerta de la escuela.

"Está aburrido, pero nada que ver con sus lesiones anteriores. Está mucho más relajado, más tranquilo, distinto", dicen sus amigos

“Aburrido, Leo está aburrido”, avisan cuando preguntas por La Pulga. “Pero nada que ver con sus lesiones anteriores. Está mucho más relajado, más tranquilo, distinto. Simple cuestión de edad [tiene 28 años]; ha cambiado, ha madurado. La vida le ha llenado de razones para ver las cosas diferentes”. Al igual que entonces, no puede tocar el balón y eso le lleva a maltraer, pero hay una gran diferencia: “Antes miraba a su alrededor y no veía nada, le podía la ansiedad. Ahora, ve a Thiago, a Mateo, a Antonella y sabe que en el salón de la parte inferior de su casa, acumula 35 balones firmados por sus compañeros”. Es el fruto de los partidos en los que ha marcado tres, cuatro o hasta cinco goles de una tacada. También tiene tres réplicas de la Copa de Europa, las Botas y Balones de Oro que ha ganado. “Las buenas las guarda en el banco, claro”, tercia un amigo a modo de espantaladrones. También sabe que es cuestión de tiempo volver al Bernabéu. Nunca lo ha negado: “Después del Camp Nou, no hay otro campo donde me guste más jugar que el del Madrid”. Pero no se ha puesto fecha de vuelta.

Messi desgrana los días pensando en que lo que le queda, a fin de cuentas, es una cuenta atrás. Así que, obendiente, hace lo que le dicen. “Poco ha podido hacer, la lesión es la que es”, apuntan desde los servicios médicos del club, donde el protocolo es evidente. Se trata de descargar la pierna, evitar cualquier tipo de posibilidad que le genere estrés a la fractura del ligamento colateral, cuidar que el flujo sanguíneo no genere hematomas, algo que se consigue a base de mucho descanso, de que la inmovilización de la articulación regenere la fractura.

Hasta ahora ha basado la recuperación en reposo, inmovilización  y la ayuda de una máquina surgida de la tecnología de la NASA

Para ello ha contado con la ayuda de un sistema integrador de compresión y crioterapia, basado en tecnología creada por la NASA, muy común en la recuperación de atletas, que ayuda a impedir la formación de edemas, reduce la actividad celular de oxígeno y el daño tisular, aumentando el flujo sanguíneo y estimulando la regeneración de tejidos, que es de lo que se trata en su caso. Eso y básicamente el reposo ha ayudado a soldar el menisco. "La pierna", según los servicios médicos del Barcelona, “va bien”. Hasta ahora, las corrientes se las han aplicado los fisioterapeutas en la ciudad deportiva. El jueves llegó García Paolina, fisio de la AFA. Messi ya ha empezado a doblar la rodilla. Esta semana se espera la llegada de Dady D’Andrea, kinesiólogo de la selección argentina y amigo personal de Leo que le ayudará en la fase decisiva de la recuperación. Leo piensa en el Bernabéu pero no está nada claro que sea esa la fecha de su recuperación. “Lo que queremos es que vuelva al ciento por ciento. Cuándo, ya veremos. Y en eso estamos de acuerdo el Tata, yo y todos”, aseguró Luis Enrique.

No es la primera vez que Leo se lesiona y como siempre, ha vuelto a escuchar: “Paciencia”. La primera remite a febrero de 2001, al poco de llegar y solucionar su traspaso. Siendo un niño, se rompió el peroné con el infantil B. “Se le veía triste, pero era tan tímido... Estaba roto, pero nunca tuvimos que animarle”, recuerda Xavi Llorens, hoy técnico del femenino, ayer el primer entrenador de Leo Messi en el Barça. “Sabíamos que lo pasaba mal, pero era muy reservado, acababa de llegar”, recuerda Piqué. “Si superó aquello, siempre pensé que podría con todo” dice Cesc.

“Leo nunca se hunde. La única vez que lo vi jodido de verdad fue cuando se perdió la final de París (en 2006)”, vuelve Llorens. “Se subía por las paredes”, recuerdan los que vivieron a su lado aquellos días. Acostumbrado a las zancadillas, los moratones más duros se los llevó en la calle de Rosario. “Las patadas más bravas no son las de hoy”, recuerda su hermano Matías. “¡Cómo le pegábamos! Lo sacudíamos de impotencia y mi viejo siempre nos regañaba”.

Messi añora al balón y la playa, donde acude por las tardes a tomar un mate mientras Thiago juega en la arena. Y cuando se aburre, gruñe. Y hay que dejarle en paz a la espera de que un ángel de la guarda como Suárez, compañero, amigo y vecino, acuda. A veces con un regalo como un pijama con la imagen de uno de los siete enanitos de Blancanieves, el gruñón, por supuesto. Y Messi se ríe, se lo pone, se hace una foto, la sube a Instagram y pregunta por qué lo de gruñón.

También apareció vestido con una camiseta con un enigmático mensaje: “Y así estoy yo. H...”. La frase provocó muchas interpretaciones pues el día anterior se le había pedido una pena de 22 meses de cárcel por delito fiscal. La familia y el club están que trinan. Sospechan de Marta Silva, abogada general del Estado, exdirectiva del Madrid y ex secretaria general de Sacyr Vallermoso. Hay quien ha instado a Messi a irse de España tras pagar 54 millones y ser el mayor contribuyente español. Leo, sin embargo, sonríe, más ahora que ya no necesita de Suárez como chófer, dobla un 40 % su pierna izquierda y sabe que en breve, correrá otra vez. Se aburre, pero ha aprendido a ser paciente.

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