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Irlanda se sobrepone a las bajas y evita a los ‘All Blacks’

El ‘XV del Trébol’ supera las lesiones de Sexton y O’Connell y se impone a una mediocre Francia, rival de Nueva Zelanda en cuartos

Los jugadores irlandeses y franceses disputan el balón.
Los jugadores irlandeses y franceses disputan el balón. AP

En su visita a la capital galesa, Irlanda descubrió la idiosincrasia del anfitrión, la rutina de defenderse con orgullo a una lesión tras otra. Tras ver cómo su líder, el apertura Jonny Sexton, y su capitán, Paul O’Connell, se marchaban doloridos de vuelta al vestuario, los irlandeses recurrieron a su armario emocional. Pocos jugadores como Sexton tienen una presencia tan permanente en el juego; pocos capitanes llevan en la sangre un liderazgo tan cristalino. Al rescate llegó su tercera línea, y la suma de muchos pocos, para superar a una mediocre Francia, incapaz de vislumbrar opción alguna de ensayo. La penitencia de Francia se llama Nueva Zelanda, que buscará venganza a la derrota de 2007 en el mismo escenario, un Millennium Stadium de Cardiff que acogerá también la contienda entre Argentina e Irlanda.

Si el objetivo de los franceses era que los All Blacks llegaran confiados a la cita del sábado, bordaron su papel. Su solidez defensiva es el único argumento dignificante en un equipo carente de creatividad. Placaje a placaje, se mantuvieron a tiro en un diálogo brusco gracias a su zaguero, Scott Spedding. La potencia infinita de su bota igualaba los golpes de Sexton en un choque marcado por la resta de cada error. Cuando llegó el primer ensayo irlandés y la diferencia en el marcador exigía riesgos, el XV del Gallo no tuvo herramientas.

Uno de esos placajes meritorios, el de Louis Picamoles, dio la puntilla a Sexton, aquejado por un problema en la ingle que se produjo en un avant. Cuando su relevo, Ian Madigan, empezaba a asentarse, entró la camilla para llevarse a O’Connell tras un mal gesto en el muslo en la que podría haber sido su última jugada con la selección. Con una mínima ventaja al descanso (9-6), Irlanda afrontó el reto anímico desde lo colectivo; con cada ruptura del centro Robbie Henshaw, cada carga del zaguero Rob Kearney y, sobre todo, la presencia constante de su tercera línea. El partido de Sean O’Brien y Jamie Heaslip fue mayúsculo, una pesadilla para los franceses, incapaces de presentar un balón limpio, de controlar la posesión tras el contacto rival.

El ensayo de Kearney, poco después de que Henshaw quebrase la guarnición francesa, supuso un punto de no retorno para los franceses ante un rival disciplinado que no concedía alegrías en su jardín. Recortaría distancias la bota de Morgan Parra, temprano relevo de un desapercibido Frederic Michalak, pero Francia no tendría argumentos de peso para rebelarse. Y así llegaría el cierre, tras el sumar lento pero imparable del pack irlandés, desde el gigantón Toner al omnipresente Heaslip, y el oval llegó a la frontera con la zona de marca. En el terreno del último costalazo, Conor Murray se impuso a Remi Tales argumentando inteligencia y canjeó el ensayo tocando el poste.

Philippe Saint-André no sabe lo que es ganar a Irlanda en sus cuatro años como técnico francés. Pocas tardes pusieron más el acento sobre la falta de creatividad de su mandato, primando siempre el argumento defensivo, la contundencia de cada placaje. Significó más el partido para Irlanda, confiada en que la creciente Argentina, que se impuso a Namibia en su último encuentro del grupo (64-19), sea un reto posible. También lo son los All Blacks para esa Francia vestida de unidimensional, celosa de mostrar novedad alguna a su víctima de gestas pasadas, pero habituada a sorprenderse a sí misma.

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