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Balas de fogueo en el clásico vasco

Real Sociedad y Athletic malgastan su dominio en cada tiempo por falta de puntería y exceso de tensión

Vela controla el balón ante Laporte.
Vela controla el balón ante Laporte. EFE

En los partidos tensos (y todos los clásicos lo son) hay valores que se suponen: el músculo, la actitud, la voluntad, el derroche, llegado el caso. Pero en realidad, el asunto se libra en el centro del campo, la zona más grande del campo, el campo de minas. Si te asaltan el centro del campo es como si te asaltan el jardín, significa que los ladrones están más cerca de tu casa. Y el Athletic accedió al jardín sin forzar verja alguna. La presencia de Beñat, Raúl García y San José, escalonados, con guante blanco y con guante de hierro, se adueñaron de la parcela sin que ni Illarramendi ni Rubén Pardo supieran por donde venían, por donde entraban. Illarramendi se vio condenado a ser el mejor defensa de la Real y Rubén Pardo a perseguir sombras, ahora la de Beñat, ahora la de Raúl García. Jugaba al contragolpe la Real, no por voluntad sino por necesidad, descosido el equipo, desmadejando el partido más que hilándolo, en busca de la genialidad de Carlos Vela o de que Zurutuza, varado en la banda izquierda, cogiera alguna vez la espalda del ofensivo De Marcos. No había más alternativas, mientras el Athletic tejía y tejía sin llegar a poner la etiqueta del gol. Lo intentó Raúl García al comienzo con un disparo violento, pero alto, al que respondió Zurutuza con otro de la misma factura.

R. SOCIEDAD, 0 - ATHLETIC, 0

Real Sociedad: Rulli; Aritz Elustondo, Diego Reyes, Íñigo Martínez, De la Bella; Illarra, Rubén Pardo; Carlos Vela, Canales (Bruma, m. 72), Zurutuza (Xabi Prieto, m. 72); y Agirretxe (Jonathas, m. 86). No utilizados; Olazabal, Mikel González, Chory Castro y Yuri.

Athletic: Iraizoz; De Marcos, Etxeita, Laporte, Balenziaga; Beñat, San José, Beñat (Iturraspe, m. 81); Susaeta (Lekue, m. 90), Raúl García, Sabin Merino (Williams, m. 72); y Aduriz. No utilizados: Herrerín, Eraso, Rico y Gurpegui.

Árbitro:Velasco Carballo. Amonestó a Illarramendi, Beñat, Raúl García, Íñigo Martínez, Williams y Etxeita

26.310 espectadores en Anoeta.

No era un partido de ocasiones, sino de sensaciones. Y la del Athletic era la de la fe y la de Real, la de la duda. Fue un axioma que se tradujo en absoluto dominio rojiblanco, bien concebido y mal ejecutado por la impericia de De Marcos y Sabin Merino en los centros plácidos. Clamaba Aduriz por balones templados y todos le llegaban ardiendo, envenenados para él, no para el contrario. Así que Aduriz, pura voz de la experiencia, envenenó a la defensa de la Real con sus recursos físicos y psicológicos en busca de un flaqueo, de más dudas. Llevaba el partido a su terreno: a falta de balón, buena es la psicología.

La Real dudaba del 1 al 11, porque Rulli hizo cosas insospechadas, no peligrosas, pero de las que incitan a la duda y Agirretxe paseaba por el área como un anima en retirada. Pero nadie mordía, arañaba el Athletic porque su oleaje era intenso, bien guiado por Beñat, zurcido por Raúl García y peleado a trancas y barrancas por Aduriz. Y la ocasión llegó en un disparo desde dentro del área que golpeó en el brazo de Illarramendi justo en el momento que el árbitro parpadeaba y, por eso, al parecer no lo pudo ver. Anoeta enmudeció, pro el árbitro gritó córner. Cosas de la tensión.

La Real se maquilló en el descanso y se quitó las arrugas que le impedían ver y correr: al Athletic se le escurrió y afeó su buena cara. Beñat comenzó a confundirse en cada elección de jugada, Raúl García y Aduriz se ofuscaron en la pendencia y en la protesta y las bandas siguieron siendo un surtidor de agua no potable. La Real, en cambio, creció con los minutos, recuperó el terreno perdido, impulsada por un Rubén Pardo renacido y en el tramo final por la entrada de Bruma, que sometió al Athletic a veinte minutos de pesadillas cada vez que el balón caía en sus pies. Y en uno de sus centros se armó un remolino en el área que Iriazoz salvó moviendo los brazos como un pulpo. El Athletic se quedó cin gasolina y la Real sin cerillas. O sea, que cada cual malgastó su dominio. Un tiempo para cada uno y ningún gol para ninguno. Misión incumplida. Balas de fogueo.

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