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Un desafío de altura

Japón convierte su déficit de estatura en velocidad y asombra a cuatro años de su Mundial

Japón celebra la victoria contra Sudáfrica.
Japón celebra la victoria contra Sudáfrica. AFP

En su último desfile internacional antes de organizar en 2019 el primer Mundial de rugby de Asia, Japón anhelaba el respeto de los resultados. Ese paso de equipo exótico a sujeto temible tenía un lastre, el de los 24 años que llevaba sin ganar un encuentro en la gran cita internacional. "Para que el Mundial 2019 sea un éxito, Japón necesita ganar partidos y unir a toda la sociedad detrás. Lo que queremos es competir al más alto nivel, desafiar a los grandes equipos y demostrar lo mucho que hemos mejorado, aunque sea más fácil decirlo que hacerlo", subraya Luke Thompson, neozelandés de nacimiento y testigo de la evolución del rugby nipón desde 2004. La victoria del sábado contra Sudáfrica, el gran golpe al poder establecido en la historia del rugby, mereció la espera.

"Cuando llegué, el rugby aquí era muy rápido talentoso, pero también con muchos errores. El gran cambio de los últimos años ha sido la mejora física. El rugby japonés ha logrado las condiciones y el espíritu competitivo necesario", explica el segunda línea o flanker, de 34 años. El triunfo contra los Springboks validó ambos, tanto la fuerza para encerrar a una delantera portentosa como la ambición de buscar el ensayo del triunfo, rechazando asegurar un golpe de castigo asequible que habría valido el empate.

Como esa mejora física no puede traducirse en centímetros, la fortaleza nipona reside en su acelerador. "El rugby es un deporte que pueden jugar personas de cualquier estatura. No importa si eres alto o bajo, lo que importa es la posición. La población japonesa es generalmente más baja y delgada, pero contamos con una velocidad que no tienen otros equipos", analiza Thompson, que incide en transformar una presunta debilidad en fortaleza. "La clave es jugar un estilo que se adapte a nosotros. Queremos jugar rápido, con un tempo muy alto, sin grandes pausas. Hacer que el resto de equipos juegue a nuestra velocidad en lugar de competir nosotros físicamente. Es algo decisivo para el rugby japonés, nunca podremos jugar como Inglaterra".

La evolución del rugby nipón es una mezcla de recursos, conocimiento y competición. "Lo primero son buenos entrenadores. Puedes tener al mejor jugador del mundo que sin una buena dirección no servirá de nada", analiza Thompson, que recalca el esfuerzo económico como un pilar tan importante como el cambio en la cultura en la base "Los clubes japoneses han invertido mucho dinero en conseguir buenos técnicos y una mejor preparación física. Eso ha hecho que sean más profesionales y salgan jugadores". El esfuerzo se suma a la importante inversión de la Unión Japonesa de Rugby en instalaciones.

La convocatoria para el Mundial limitó el peso de jugadores nacionalizados por la disponibilidad creciente del producto nacional. La experiencia de sus referentes, forjados en el Super Rugby con las mejores franquicias del mundo, es una herencia incalculable. Michael Leitch, el capitán milita en los Chiefs de Nueva Zelanda, territorio que también conoce Fumiaki Tanaka (Highlanders). Mientras, Hendrik Tui ha firmado por los Queensland Reds, australianos. "Es muy importante porque eleva tanto su nivel como el del resto de los chicos que quieren competir con ellos".

Japón tardó apenas 80 minutos en cumplir la aspiración de su técnico, Eddie Jones, en las semanas previas: "Ser recordados como el equipo del torneo. En los tres años con Jones, recuperado de un infarto cerebral sufrido en 2013, Japón tenía un currículo reseñable, con victorias ante Italia o Gales y buenos datos contra sus vecinos en el grupo B. Derrotaron a Samoa el año pasado (33-14) y han vencido a Estados Unidos en cinco de sus seis últimos enfrentamientos. Encomiable, pero nada como vencer a un doble campeón del mundo, un triunfo que ha hecho saltar por los aires los cálculos del Mundial. Japón podría jugarse el miércoles el primer puesto ante Escocia, obligada ahora a lidiar con el hambre nipón y la necesidad sudafricana.

"Clasificarnos para cuartos de final sería increíble. Sabemos que debemos ganar tres partidos, pero tenemos el potencial para hacerlo", recalca Thompson con un tono soñador pero consciente. Adaptado plenamente a un país tan respetuoso como el propio rugby, ignora si regresará a Oceanía cuando termine su carrera. Tras años trabajando en el anonimato, los Cerezos valientes desafían el velocímetro del rugby.

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