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El sello de Luis Suárez

El ariete resuelve para el Barcelona un partido muy competido y accidentado. Los azulgrana, muy fiables defensivamente, no concedieron ocasiones a un derrengado Athletic

Athletic de Bilbao - FC Barcelona
Messi disputa el balón con Balenziaga. EFE

El Barça fichó a Luis Suárez para ganar partidos como el de ayer en San Mamés. Acostumbran a ser encuentros pesarosos, muy peleados, accidentados, sin muy buenos augurios para el favorito, sobre todo por los antecedentes, una pesadilla en definitiva para equipos como el Barcelona. Ausente Neymar, se supo de la presencia de Messi por un sombrero a Balenciaga y un penalti que le paró Gorka. La cita era más propicia para futbolistas meritorios, ninguno como Sergi Roberto; defensas de tallo largo, mejor Vermaelen que Bartra; y porteros serios que defienden el área y el marco: jugó Bravo. Las ocasiones acostumbran a ser escasas y se impone ganar la espalda de los centrales y afinar la puntería, cosa de arietes, de nueve clásico, de delanteros como Luis Suárez, decisivo en San Mamés sin necesidad de ser un coloso, remendado como estaba el Athletic después de tanta Supercopa, Liga Europa y Liga.

Athletic, 0-Barcelona, 1

Athletic: Iraizoz; De Marcos, Laporte, Elustondo, Balenziaga (Bóveda, m. 49); Beñat, Mikel Rico (Gurpegui, m. 62); Susaeta, Eraso, Sabin Merino (Ibai Gómez, m. 62); y Aduriz. No utilizados: Herrerín; Viguera, Aketxe y Lekue.

Barcelona: Bravo; Alves (Sergi Roberto, m. 18), Mascherano, Vermaelen, Alba; Rakitic, Busquets (Bartra, m. 66), Iniesta; Messi, Luis Suárez y Rafinha (Sandro, m. 82). No utilizados: Ter Stegen; Bartra, Gumbau, Cámara y Munir.

Gol: 0-1. M. 53. Luis Suárez.

Árbitro: Del Cerro. Amonestó a Elustondo, Eraso, Rakitic, Vermaelen, Ibai y Suárez.

53.000 espectadores en San Mamés.

Apenas tiró a portería el Athletic. Aduriz solo sobresalió ayer por un puntapié a Busquets y a Gorka no le quedó más remedio que rendirse a Luis Suárez. Lesionado también Balenciaga, el héroe no fue rojiblanco por un día en una serie de tres partidos que ha tenido diferentes protagonistas, pasajes opuestos y los tres resultados posibles, el último favorable al Barcelona.

Al Barça le ha costado mucho sacarse de encima al Athletic. Ha jugado con una gran incomodidad y un cierto temor, espantado por la goleada de la Supercopa en San Mamés, sometido también a menudo en su cancha por la presión alta rojiblanca, sin apenas líneas de pase ni profundidad, demasiado chato y alejado del marco de Iraizoz. El recelo azulgrana contrastó durante mucho tiempo con la seguridad del Athletic, que rebosaba confianza, sabedor de que había dado con la fórmula de negar el fútbol del plantel de Luis Enrique. Intensos y ordenados, los rojiblancos se batieron de nuevo estupendamente en lo grueso del partido de Liga. No tuvieron, sin embargo, la continuidad de la Supercopa, derrengados por tanto encuentro, menos verticales y fiables, más vulnerables, sobre todo porque Elustondo parece más un centrocampista que un central, circunstancia que penaliza cuando el ariete es un especialista como Luis Suárez.

Sin concesiones

Igualado en competitividad, el partido quedó a expensas de detalles como el de Elustondo y de los posibles errores de la zaga azulgrana, habitualmente castigados por Aduriz. No hubo concesiones por parte del plantel barcelonista, especialmente serio, y en cambio flojeó Elustondo. No atinó en un rechazo en el área, forcejeó con Suárez y el árbitro pitó penalti ante el asombro de San Mamés. No pareció falta del medio del Athletic. Messi, sin embargo, falló ante Gorka Iraizoz. El meta se anticipó a la intención del delantero, se estiró a su derecha, sacó el brazo y la pelota y evitó el gol del 10, que ha fallado una cuarta parte de los tiros desde los 11 metros: 14 sobre un total de 63 (22%). Ya no sabe a qué lado tirar el argentino, ayer al costado contrario al que es habitual, como si no se fiara de sí mismo y del que se considera su rincón de seguridad: a la izquierda del guardameta, fuerte y a media altura.

Hay cosas que no cambian, para bien o para mal, incluso en Messi, por más que la rueda del fútbol no siempre gira en la misma dirección. La fortuna va y viene, también en el Barça, ahora mismo un equipo castigado por las lesiones, las sanciones y las circunstancias, después de una temporada de vino y rosas. Ayer se rompió Alves, cayó Busquets y los futbolistas se volvieron a quejar del árbitro, errático para unos y otros, como quedó claro en una sola jugada: Sergi Roberto centró desde fuera del campo, Elustondo puso la mano y Del Cerro Grande cerró los ojos.

Al Barça le ha costado mucho sacarse de encima al Athletic. Ha jugado con una gran incomodidad y un cierto temor, espantado por la goleada de la Supercopa en San Mamés

A los azulgrana les faltaba virtuosismo y jerarquía, precisión y atrevimiento, pero no cedían un metro en la cancha, fieros en el cuerpo a cuerpo, cada vez más inteligentes en la lectura del encuentro. Ante la dificultad para elaborar el juego por dentro, los barcelonistas se esforzaron en las transiciones y los cambios de orientación después de activar a los laterales, como se apreció en el gol de Luis Suárez.

La jugada del gol

Rakitic habilitó por la izquierda al recuperado Jordi Alba y su centro lo enganchó a la red el uruguayo, convertido definitivamente en el jugador del partido, una pesadilla para los centrales del Athletic. Apenas hubo noticias en cambio de Messi, con y sin Balenciaga, aturdido desde el fallo del penalti detenido por Gorka. El Athletic acusó especialmente la lesión de su lateral amuleto por la marca al 10. Perdió fuerza y orientación para suerte del Barcelona. Los azulgrana pudieron cerrar entonces el partido, sobre todo en un tiro de Sergi Roberto, excelente como sustituto de Alves, fiable en defensa e incisivo en ataque, un alivio ante la maldición que sufre Luis Enrique con el lateral derecho. No atinaron los barcelonistas y permitieron el arrebato del Athletic. No fue una carga futbolística propiamente sino que más pareció un acto de fe y de rebeldía rojiblanca, de no admitir la derrota de ninguna de las maneras, de reafirmación del Athletic.

Aunque Valverde se la jugó con un despliegue temerario que permitía situaciones de uno contra uno, el Athletic no consiguió apuntar a Bravo ni Messi cantar por fin gol frente a Gorka. Los rojiblancos no tuvieron llegada al área ni consiguieron dominar el partido a pesar de la dificultad azulgrana para tener la pelota después de la lesión de Busquets. Hubo un momento de alboroto que para nada interesaba al Barcelona. No duró mucho porque los azulgrana cerraban bien el área de Bravo. Ya escarmentado después de la goleada de la Supercopa, el Barça achicó bien los espacios y encontró argumentos convencionales para defender el gol de Suárez.

Aunque Valverde se la jugó con un despliegue temerario que permitía situaciones de uno contra uno, el Athletic no consiguió apuntar a Bravo ni Messi cantar por fin gol frente a Gorka

Hubo incluso un punto de épica barcelonista, maltrecho como se había quedado el equipo, expuesto a la bravura de San Mamés. El fin justificaba los medios en el Barça. Había que ser contundente al menos en el área propia después del 0-1. Ofensivamente, en cambio, el equipo extraña el absentismo de Messi, cansado, responsabilizado, necesitado de aire después de un exigente 2015. No parece en su mejor forma el argentino y extraña a Neymar. La recuperación del brasileño, decisivo para las diagonales de Messi, favorecerá seguramente el juego del 10 y servirá también de alivio a Luis Suárez. Ante la falta de explosividad y de fluidez, no queda más remedio que encomendarse a lo clásico, a una buena defensa y un ariete que marque el gol del triunfo: Luis Suárez.

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