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OBITUARIO

Gerhard Mayer Vorfelder, el patriarca del fútbol alemán

Fue presidente de la Federación de Fútbol y durante 25 años dirigió, con mano dura el club de sus amores, el VfB Stuttgart

El presidente del VfB Stuttgart Gerhard Mayer Vorfelder, en 1997
El presidente del VfB Stuttgart Gerhard Mayer Vorfelder, en 1997 CORDON PRESS

Desde el lunes pasado, el fútbol profesional alemán guarda un riguroso luto a causa de la muerte de Gerhard Mayer Vorfelder, un hombre que fue bautizado por la prensa alemana como el último patriarca del deporte rey, una rara especie en extinción que tuvo la genial visión, cuando ocupó el cargo de presidente de la Federación de Fútbol alemana en el año 2001, de promover a las jóvenes promesas de su país.

No fue la única idea genial de Mayer Vorfelder, que murió a los 82 años víctima de una dolencia cardiaca. El polémico presidente de la DFB, tuvo el acierto de contratar en 2004 a Jürgen Klinsmannn, uno de los mejores jugadores que ha tenido Alemania, como entrenador de la selección y a Jurgen Löw como su asistente. Fue el comienzo de una etapa deportiva que electrizó al país en 2006, cuando Alemania fue sede del Mundial de fútbol y el equipo provocó una alegría, que convirtió al país en una nación desinhibida, alegre y amistosa.

La hazaña de 2006 abrió el camino para una larga historia de éxitos y algunos fracasos, pero que culminó en Río de Janeiro, cuando el equipo alemán se coronó, por cuarta vez, campeón del mundo. “Sus ideas y esfuerzos dieron un impulso importante al fútbol del que nos beneficiamos todos actualmente”, dijo Wolfgang Niersbach, actual presidente de la DFB, al recordar la labor que realizó su antecesor. “Los éxitos actuales, con la victoria en el Mundial a la cabeza, se remontan a un cambio de agujas en el pasado, al que contribuyó Gerhard Mayer Vorfelder de manera decisiva”.

Mayer Vorfelder, es cierto, fue un visionario y un patriarca, un hombre polémico con ideas políticas conservadoras, pero que a lo largo de su vida desarrolló una rara pasión por el fútbol. En forma paralela a su carrera política como alto funcionario en el gobierno regional del Estado de Baden Würtemberg, donde llegó a ocupar el cargo de ministro de Finanzas, asumió la presidencia del club VfB Stuttgart.

El club de sus amores

Durante 25 años, Meyer Vorfelder dirigió al club de sus amores con mano dura, un generoso talonario de cheques y una rara capacidad para decidir lo que era bueno y malo para el equipo. Cuando fue nombrado presidente del club, el VfB Stuttgart había caído a la Segunda División. Dos años después, el equipo regresó a la primera Liga y logró conquistar dos campeonatos, la copa alemana y ser finalista en dos competiciones europeas bajo su gestión.

Cuando MV, como se le conocía en el mundo deportivo, dejó la presidencia del VfB Stuttgart en el año 2000, el club tenía una deuda de 30 millones de marcos (unos 15 millones de euros), había despedido a 18 entrenadores, entre ellos al propio Jürgen Löw, pero su trayectoria como máximo dirigente del equipo él mismo la calificó como un “golpe de suerte” para el club.

Su estilo de gestión autocrático lo desarrolló casi a la perfección, y pronto recibió el apodo de Dictador. MV era incapaz de trabajar en equipo; un superdotado que jamás leía los informes que llegaban a su escritorio pero que todo lo sabía. Mayer Vorfelder tuvo, sin embargo, la visión de fomentar la creación de centros de formación para jóvenes talentos que ahora son copiados en casi todo el mundo. Creó, durante los años en la presidencia de la DFB, una red de centros y fomentó la creación de canteras en los clubes de la Primera División.

“Sin su trabajo no se habrían descubierto talentos como Mezut Özil, Mario Götze o Mats Hummels”, recordó Theo Zwanziger, quien compartió la presidencia de la DFB con MV desde 2002 hasta 2006. “La construcción de centros de rendimiento es mérito suyo y, por ello, para mí, él es el verdadero padre del éxito de Alemania en el Mundial de fútbol de Brasil de 2014”.

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