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Anna Tarrés: “La ambición de Ona Carbonell está reñida con el equipo”

La fundadora de los grandes equipos españoles de natación sincronizada y actual asesora de Francia analiza los Mundiales con ojo crítico

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Anna Tarrés, con el equipo de natación sincronizada de Francia. EL PAÍS

La saludan las chinas, la abrazan las rusas, la celebran las japonesas, y las francesas la han contratado como asesora. La exseleccionadora española Ana Tarrés (Barcelona, 1967) es un mito viviente de la natación sincronizada mundial que se pasea por las piscinas de Kazán como por el jardín de su casa.

Pregunta. A usted la despidió el presidente de la federación, Fernando Carpena. El despido fue declarado improcedente. ¿Ya la indemnizaron?

Respuesta. Todavía no. Y el despido fue más que improcedente. El juez lo declaró nulo y el Tribunal Supremo lo mantuvo así. Eso significa que la causa del despido no solo no estuvo justificada sino que fue una causa perversa porque atentó contra mi honor y contra mi derecho a la tutela judicial.

P. ¿Qué le parece la gestión de Carpena?

R. Creo que se cargó la federación madrileña y ahora se está cargando la natación española.

P. Él dijo después de los Juegos de Londres, donde usted ganó un bronce y una plata, que la sincro tenía que ir a por el oro. ¿Cree que ganarán el oro en Río?

R. No.

P. ¿Algún bronce?

R. Difícil. Japón está en plena proyección. No descarto que supere a China y que el podio olímpico sea Rusia, Japón y China. Las japonesas vinieron a Kazán con un plan de cinco medallas. Y están en camino. Y las únicas noticias que teníamos hasta ahora eran que llegaban con muchos problemas, que las nadadoras se marchaban porque no soportaban a Masayo Imura, y no sé cuántas cosas...

P. ¿Quién es Masayo Imura?

Japón está en plena proyección. No descarto que supere a China y que el podio olímpico sea Rusia, Japón y China”

R. La seleccionadora que consiguió la excelencia continua de Japón entre los ochenta y los noventa. Cuando ya no le interesó se fue a China y en menos de dos años hizo medalla en los Juegos tanto en Pekín como en Londres. Desterrada de Japón y sin que la puedan ver, porque irse a China fue darle una bofetada a Japón, volvió a Japón con 64 años y en un año y medio ha vuelto a meter a su equipo en el podio del Mundial.

P. ¿Cuál es su método?

R. Disciplina y trabajo.

P. ¿Y sus nadadoras cómo lo llevan?

R. Cuatro nadadoras de su equipo lo dejaron.

P. ¿Por qué?

R. Hay gente con un gran talento pero con una capacidad psicológica limitada para atravesar por situaciones de máxima dificultad. Si no tienes esa capacidad no puedes hacer frente a las chinas, a las rusas o a las ucranianas.

P. ¿Una entrenadora debe maltratar a sus nadadoras para comprobar que tienen esa capacidad psicológica?

Anna Tarrés, en los Mundiales de Kazán. ampliar foto
Anna Tarrés, en los Mundiales de Kazán. EFE

R. Confundimos maltratar con exigir. La exigencia y la disciplina son deberes del alto rendimiento. Es el único camino para ir un poco más lejos cada día y llegar a las medallas olímpicas. Lo decía la bailaora Flora Albaicín: “esto es una jungla y solo el más fuerte sobrevive”. Es una selección natural. Esto no es un grupo de amigas que se juntan para ganar una medalla.

P. ¿Con qué derecho una entrenadora limita los mejores años de la vida de una niña sometiéndola a tareas antinaturales? ¿De dónde le viene a usted la autoridad, o a Imura? ¿Es por el mandato público, porque trabajan con subvenciones del Gobierno?

R. No. La entrega al deporte no tiene nada que ver con la Administración del Estado. ¿A mí quién me mandaba a trabajar los sábados?

P. ¿No tiene sentido de servicio público? Usted sirve a una bandera.

R. Mi responsabilidad solo la sentía ante un equipo que podía romper estereotipos. Las niñas de sincro eran sirenitas y lo que hacían era levantar piernas. ¡No señores! ¡La sincronizada es un deporte como cualquier otro! Con las mismas exigencias o más. ¿Acaso los entrenadores de natación en línea maltratan a sus nadadores por hacer dos o tres sesiones diarias, la primera a las seis de la mañana?

P. ¿Usted no es un poco grosera?

R. No. Quizás un poco bruta. Lo único que intentas hacer es despertar inquietudes que están dentro de los propios deportistas. ¿Y cómo las despiertas? Cuando trabajo tengo un carácter poco maternal. Tampoco me parece que Mourinho o Guardiola sean paternalistas con sus jugadores. Tratan con profesionales. En la piscina es igual.

P. ¿Cómo son las rusas con sus nadadoras?

Cuando trabajo tengo un carácter poco maternal. Tampoco me parece que Mourinho o Guardiola sean paternalistas con sus jugadores. Tratan con profesionales. En la piscina es igual”

R. Manda la entrenadora, Tatiana Prokovskaya, que es dura. Cuando Tatiana desaparezca probablemente desaparecerá el estilo ruso. Es una tía hiperdisciplinada que tiene unas normas y debes seguirlas. Viene de la gimnasia rítmica. Pasó por España y no supimos detectar su talento. Trabajó en Palma de Mallorca en un club y nadie se enteró. ¡Y mírala ahora!

P. ¿Cuál es su estilo en el agua?

R. La búsqueda constante de la perfección mediante la competencia interna. Ahí las chicas saben que como tengan muchos fallos, se pongan enfermas o les duela mucho el hombro, habrá otra que cogerá su lugar. Así la que está adentro cuida mucho su sitio. Rusia tiene tantas nadadoras buenas de base que si llevasen tres dúos a cualquier competición quedarían los tres primeros. Desde el año 1998 no pierden una final de equipo.

P. ¿Qué opina de las coreografías de España?

R. La coreografía del equipo es mejor que la de 2013. La del combo está bien pero te emborracha la cantidad de elementos y no llegas a percibir nada. Noto una forma de ejecutar acelerada, histérica. Se ha ido a un estilo un poco agresivo que es una copia de Rusia y se aleja mucho de la plasticidad que habían conseguido.

P. ¿Cómo ve a Ona?

R. Fantástica. Aunque me atrevería a decir que aun no ha encontrado un estilo propio. Con 25 años es difícil conseguirlo. Ona, con esa ambición de grandeza personal y de resultados se ha olvidado de que sus habilidades la podrían llevar a otra dimensión. Con Gemma Mengual te emocionabas, con Andrea Fuentes te sorprendías y con Ona ves a una gran nadadora de sincro con muchas habilidades pero que no consigue emocionar. Ella ha aprendido del estilo de Virginie Dedieu: su ejercicio libre tiene gestos muy bonitos, esa mezcla de movimientos estáticos con velocidad y movimientos circulares. Es capaz de cambiar los ejes de actuación muy rápidamente. Esto no es nada fácil. Pero le falta esa facilidad para desplazarse más por encima del agua. Sigue nadando entre dos aguas. Y le falta ese contacto emocional con los jueces y con el público que aun no ha sido capaz de desarrollar. Gemma alcanzó su madurez máxima con 28 años. Para eso tienes que conocerte muy bien a ti misma.

P. Pero a Ona el talento le ha servido para ganar una plata en el solo técnico. ¿No le parece grandioso?

No comprendo que por una plata en el solo se postergue la búsqueda de la medalla olímpica del equipo en Río”

R. Me parece justo. Hizo un buen ejercicio y se lo recompensaron.

P. ¿Qué opina de que no participe en las pruebas de equipo?

R. No me parece normal desaprovechar a una deportista de su calidad y no incluirla en el equipo cuando tienes deficiencias técnicas y de ejecución. Me consta que a la dirección técnica le sugirieron que Ona como mínimo debería participar en el equipo para ayudar a mejorar la ejecución.

P. ¿Qué habría podido hacer Ona para evitar que el equipo cayera al quinto puesto? ¿No es excesivo atribuirle tanta responsabilidad cuando es una más de ocho nadadoras?

R. No. Ona es la estrella. El líder. Y como tal, debería estar a lado de su equipo. Si aquí lo que se está haciendo es copiar una estrategia como la de Francia a partir de 2000 apaga y vámonos. Hasta los Juegos de Sydney, Francia competía por las medallas. Pero en 2000 hubo un cambio generacional y Virginie Dedieu, la estrella, dijo que ella únicamente nadaría el solo y el dúo. Desde entonces Francia no ha salido del octavo puesto.

P. Pero si Ona no es una líder natural, ¿de qué le sirve tener a una nadadora en el equipo si no va a liderar a las demás?

R. Ona es una líder natural. Yo he conocido una persona entregada al deporte y al equipo que es capaz de levantar pasiones, pero en estos momentos parece ser que su ambición está directamente reñida con su compromiso con el equipo. La imagen que da es que no le interesa remar con gente que tiene más dificultades. No comprendo que por una plata en el solo se postergue la búsqueda de la medalla olímpica del equipo en Río.

P. ¿Se puede cuantificar la evolución de la sincro en España?

R. En el último campeonato de España casi hubo una inundación cuando entraron al agua casi 300 chicas de edad alevín. Antes éramos cuatro gatos. Me sorprende además la agresividad que hay en la competición en edades tan tempranas. Esa agresividad que se ha definido en el fútbol donde los padres parecen que matan porque sus hijos sean los mejores. En la sincro veo desde abucheos en las gradas a los rivales hasta entrenadoras histéricas y una tensión dentro del agua en momentos de entrenamiento conjunto que me parece totalmente antideportivo. Eso mata la progresión educativa de las nadadoras.

P. ¿En España hay más talento ahora que hace diez años?

R. Muchísimo más. Nosotras tuvimos que tirar de chicas muy jóvenes porque no había nadie más. El éxito de España fue que con un 20% de talento ganamos medallas de equipo. Es verdad que los dúos Paola-Gemma, Gemma-Andrea, y Andrea-Ona fueron ese 20% que contribuyó a crear un equipo. Pero el 80% restante fue trabajo. Sacamos agua de las piedras.

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