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Los imposibles de Contador

Al día siguiente de su caída, el de Pinto recupera la energía y ataca incansable y herido

Contador, durante la 18ª etapa.
Contador, durante la 18ª etapa. REUTERS

Tiene tal fama de imprevisible sobre la bicicleta Alberto Contador que sus ataques ya son previsibles y esperados. Se conoce su forma de entender el ciclismo: solo se retira si está muy mal; si está medio mal, prefiere morir matando que bajarse anónimo. Por eso, cuando repasa su carrera, el Tour del 11, aquel en el que todo le salió torcido, se cayó, se hundió y se levantó con un ataque magnífico el penúltimo día en el Galibier que le había matado la víspera, es aquel del que con más orgullo habla.

Terminó el miércoles herido y dolorido tras caerse en el descenso del Allos, y de mal humor. Se levantó el viernes no de mejor humor, cojeando y casi lastimoso. “No sé”, decía en la salida de Gap, donde al calor le sucedió el dolor. “Me duele mucho la pierna izquierda, la rodilla, el interior del muslo… A ver si resisto”. Mediada la etapa, ascendiendo el interminable Glandon, con las heridas al aire pues las vendas habían volado, no solo resistía, sino que pidió al equipo que Rogers y Kreuziger, que iban en la fuga, se pararan por si los necesitaba, y a Majka, que estaba a su lado, le dijo que acelerara un rato. Poco después, pasado Le Rivier de Allemont, el punto más duro, el 11%, de un puerto pleno de descansillos y falsos llanos descendentes que machacan las piernas, Contador empezó a bailar sobre la bicicleta, movió la cabeza a uno y otro lado y despegó.

A su movimiento, como a los de Gesink, Frank y Barguil, el francés joven y altivo que según Nairo Quintana podría ser el protagonista de El Idiota, no le siguió sino la indiferencia casi absoluta. Solo Quintana se movió en su bicicleta y le preguntó a Valverde si no se movía, pues Contador, quinto en la general, está a dos minutos y medio del podio del murciano. Valverde hizo gesto de que mejor no. Esta falta de respuesta la interpretó feliz Contador, quien luego vio a Valverde moverse tras Nibali y quedarse sin fuelle. “Ataqué con más corazón que cabeza”, dijo el líder del Tinkoff, quien no solo es consciente de que el doblete Giro-Tour es ya una quimera sino que proclamó “casi imposible” alcanzar el podio. “Solo quería probar a ver qué pasaba, pero ver que Valverde se descolgaba atrás me da confianza”.

Entre Contador, ganador de Vueltas, Giros y Tours, y Valverde, tres años mayor que el madrileño, y ganador de una Vuelta y varias grandes clásicas, se da una rivalidad que, según se oye en Francia de los ecos que llegan de España, divide a lo grande a la afición española. “Eso es magnífico”, dice el murciano. “Eso significa que dos españoles estamos luchando por lo mejor del mundo. Entre los dos hay un pique, pero un pique solo deportivo”.

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