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El último orgullo de sir Bobby Robson

Más de la mitad de los jugadores que tuvo el inglés en el Barça durante 1996-97 han terminado ejerciendo de entrenadores

Robson y Mourinho en un entrenamiento del Barça en 1997 con Ferrer, Pizzi, Luis Enrique, Abelardo y Guardiola, entre otros.
Robson y Mourinho en un entrenamiento del Barça en 1997 con Ferrer, Pizzi, Luis Enrique, Abelardo y Guardiola, entre otros.

Luis Enrique ha ganado tres títulos con el Barcelona esta temporada —Liga, Copa y Champions—, idéntica gesta conseguida por Guardiola, que ganó el triplete en el 2009 en el banquillo del Camp Nou. Guardiola ha repetido triunfo por segundo año consecutivo en la Bundesliga. Laurent Blanc ha logrado el título francés con el PSG: Julen Lopetegi, el subcampeonato portugués con el Oporto y Abelardo, el Pitu, ha subido a Primera con el Sporting. Hay más. Sergi Barjuán terminó bajando con el Almería, al que entrenará la próxima temporada; Ferrer fue destituido a media temporada en el Córdoba; Roger García trabaja en las divisiones inferiores del Barça, y Óscar, su hermano, que ganó la Liga con el Maccabi de Tel Aviv y ejerció en el Watford, no ha cerrado el acuerdo con el Salzburgo. Bakero ha pasado por banquillos de México, Polonia, Málaga y de la Real Sociedad. Juan Antonio Pizzi, que entrenó al Valencia, trabaja ahora en el Club León mexicano y Albert Celades trabaja en Las Rozas, como seleccionador sub 21.

De Blanc y de Guardiola lo esperaba” sostiene Stoichkov

Todos son entrenadores y todos tienen algo más en común: coincidieron en el Barça que entrenó sir Bobby Robson la temporada 1996-97. En esas, José Mourinho ha ganado la Premier al frente del Chelsea. El portugués ejerció aquella temporada como mano derecha del mítico entrenador inglés —y de traductor ante los jugadores— una plantilla en la que 13 de los 23 futbolistas se han sentado en un banquillo desde que colgaron las botas. Son muchos, además —Amor, Nadal, Popescu, Busquets o Arnau, por ejemplo—, los que siguen ligados, de una u otra manera, al fútbol.

Rey de Copas en el año de Ronaldo

Núñez fichó a Robson para sustituir a Cruyff. Sólo entrenó una temporada al primer equipo y ganó tres títulos: La Copa del Rey, al Betis, la Recopa, contra el PSG y la Supercopa de España, al Atlético de Madrid. Fue subcampeón de Liga, tras el Real Madrid, que sumó dos puntos más. Desde la jornada 24 a la 42 ocupó la segunda plaza, pero fue líder 8 jornadas: la 5ª y de la 7ª a la 13ª. Perdió los dos partidos de la temporada contra el Hércules (2-3 en el Camp Nou y 2-1 en el estadio Rico Pérez). Ronaldo marcó 34 goles, también en su único año como azulgrana. A Robson le reemplazó Van Gaal.

“Sinceramente, yo creo que es casualidad y que no tiene tanto que ver con la figura de Robson”, asegura desde Las Rozas Celades, que tras dejar el Barcelona jugó en el Celta y en el Real Madrid y que recuerda aquel vestuario por su ambiente “futbolero”. “Las cosas no pasan porque sí, pero yo lo relacionaría más con la cultura en la que nos criamos muchos de nosotros; y esa venía de antes, de Cruyff”. Reconoce que a Pep se le veía que sería entrenador, pero que a los demás no tanto. “Yo me lo planteé después. En aquella época solo me preocupaba jugar cada domingo”, reconoce Ferrer. “De Blanc y de Guardiola lo esperaba” sostiene Stoichkov, que antes de señalar a Robson responsabiliza a la formación de base de la mayoría de los jugadores: “Muchos salieron de La Masia; Luis Enrique y el Pitu de Mareo. Eso enseña para toda la vida. Y a mí me educó el Barça: los años que pase con Cruyff lo aprendí todo”.

Los vídeos de Guardiola

“Hombre, Pizzi mandaba mucho en el campo, Pep ya se miraba vídeos de los rivales, Laurent siempre tenía algo que decir sobre el juego y yo iba tomando notas, pero sinceramente, si me dices entonces que iban a salir tantos entrenadores de aquel grupo, no me lo creo”, sostiene Sergi Barjuán, que descarta haber tenido la sensación en algún momento de que Luis Enrique acabaría siendo entrenador. “Carácter siempre tuvo, pero en aquella época ni me lo imaginaba”. “¿El Pinti entrenador? ¡Ni de coña!”, exclama el Pitu Abelardo, al hablar de Luis Enrique, con el que creció en el Sporting y se reencontraron en el Barcelona, tras compartir carrera en la selección española, con oro olímpico incluido. “De Pep sí, Pepito ya veía vídeos y yo me reía mucho de él porque ya era un enfermo”, tercia Abelardo, que descarta que la influencia de Robson tenga algo que ver. “Hombre, todos aprendimos algo de aquel hombre, que era un gran gestor de grupo, pero de ahí a pensar que hemos llegado a ser entrenadores por su influencia, la verdad...”.

“Robson era buena gente” dice Abelardo y en eso, coinciden todos. “Cuidaba mucho el aspecto defensivo y llevaba muy bien al grupo, pero el plantel era fantástico”, recuerda. “Su calidad era tremenda, pero él tenía las ideas claras y transmitía muy bien, aunque no hablara mucho castellano”, añade Barjuán. “Bobby era cercano, espontáneo. Para los que habíamos vivido con Johan fue un cambio drástico. Veníamos de una educación muy marcada y él trajo cosas muy diferentes, nos enseñó otras”, sostiene Celades. “Un sir, con eso lo digo todo. Lástima que no lo haya podido ver. Estaría orgulloso”, dice Stoichkov.

“Perdone míster, pero Bobby es usted. Yo soy Bryan”

Robert William Robson nació en Sacriston, Inglaterra, en 1933, y allí murió en julio de 2009. Jugó en el Fulham, en el West Bromwich y en Canadá, durante 17 años, pero si cobró fama fue cuando encumbró al Ipswich, que entrenó entre 1969 y 1982, como campeón de la Copa de la UEFA el curso 1980-81. Ganó dos Ligas en Holanda con el PSV y dos en Portugal con el Sporting antes de fichar por el Barcelona, donde se le recuerda por sus largas sesiones de vídeo —se quedó dormido una mañana durante la visualización de un partido—; sus charlas en los descansos, en los que usaba vasos y botellas de coca-cola tirados en el suelo para explicar lo sucedido tácticamente durante la primera parte; y, básicamente, su bondad y capacidad para equivocarse al referirse a los jugadores. Como en Inglaterra. Célebre es la anécdota durante el Mundial de Italia 90, cuando ejerció de seleccionador inglés. Una mañana se cruzó con Bryan Robson y le saludó: “Good morning, Bobby”, le dijo. “Lo siento míster, pero Bobby es usted. Yo soy Bryan”, le respondió el centrocampista. El día en que debutó Gary Lineker le mandó al campo al grito de “juegas Garthe”; se refería a Garthe Crooks, un jugador de raza negra. Robson, la octava persona nombrada caballero por su majestad para honrar sus servicios al fútbol en Reino Unido, dejó frases para la antología, entre las que se recuerdan las referidas a Bellamy —“es la única persona que conozco capaz de discutir consigo mismo”— a unos olivos — “fijaros, son de antes de Cristo, deben tener al menos 200 años”— al respeto a un equipo rival —“no les menospreciamos; eran muchísimo mejores de lo que creíamos”— o sobre Maradona, al que sufrió en México 96: “Hubiera ganado el Mundial con el Arsenal”. Pero dejo estela de hombre de palabra. La fiesta de celebración por el título de la Copa del Barça empezó con retraso; había prometido una entrevista al enviado especial del Scottish Daily News. Y cumplió.

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